Laporta se carga al entrenador de Bartomeu y sigue con el de Víctor Font

Aunque prefiere un entrenador alemán, que no encuentra, Xavi será el siguiente gran problema

Ronald Koeman se sabía fuera de circulación desde que Joan Laporta ganó las elecciones y se sabía destituido desde que, el mes de junio pasado, fue convocado por Joan Laporta para comunicarle su decisión, finalmente aplazada porque el presidente -aún hoy estamos en las mismas- no le encontraba sustituto. 

Todo lo demás no ha servido para nada, tiempo perdido por unos y por otros, especialmente por culpa de un presidente frágil, dubitativo e inseguro que sabe lo que quiere, un entrenador alemán como Tuchel, Klopp o Nagelsmann, y ha acabado resignado primero a dar vida al entrenador de Bartomeu y ahora al de Víctor Font.

Koeman se ha equivocado menos de lo que parece. Él vino para entrenar un equipo con Luis Suárez, Rakitic, David Vidal, Messi y Griezmman y ha acabado defendiendo el fuerte con Araujo, Mingueza, Pedri, Gavi y Nico. Ni siquiera con Ansu Fati. 

Aun así, en la temporada más agitada de la historia, la 2020-21, con tres presidentes, el burofax de Messi, la expulsión de Suárez, un voto de censura, pandemia y elecciones, Koeman ganó la Copa y cuando iba a ganar la Liga (match ball contra el Granada) el equipo dejó de correr y de querer ganar.  Enigma no resuelto. 

En la no menos delirante continuidad, sólo por falta de relevo, Koeman se queda sin Messi en el último momento, se lesiona Kun Agüero y para taparle la boca le traen a Luuk de Jong. Sin embargo, el equipo sale disparado en la Liga venciendo y convenciendo ante la Real Sociedad (hoy líder sólido y revelación de la temporada) por 4-2. En aquel partido el equipo fue un vendaval capaz de endosarle al equipo vasco 4 de los 9 nueve goles que han encajado. Tras una pretemporada ilusionante y un arranque explosivo, lo mismo: el equipo dejo de correr y de ganar. Segundo enigma no resuelto.

Las respuestas están en el vestuario y en esa relación antinatural y viciada entre Joan Laporta y su chivato, Gerard Piqué, prácticamente ausente en todos los goles encajados por el equipo e invisible en la construcción del juego, es decir desaparecido en su mejor formato.  Está claro que el equipo ha jugado tras la primera jornada en un estado de shock y paralizado por culpa de jugadores atenazados y paralizados como si verdaderamente tuvieran más miedo a ganar que a perder. 

Los mensajes desde la directiva han sido inequívocos: nadie quería a Koeman y sólo unos cuantos defendían el riesgo de cambiar de entrenador a las primeras de cambio. Los mensajes de Laporta y de Masip fueron claros mientras la claca mediática de Xavi Hernández ha ganado la batalla frente la reticencia de Laporta. 

Feo, muy feo, e irrespetuoso que Xavi dijera antes del Clásico que estaba a punto y dispuesto para llegar al banquillo del Camp Nou. Que no espere el respeto ni la paciencia que él no le ha concedido a Koeman.

Con esta situación y escenario jugar bien o ganar se descarta por sí solo. Después de ser enviado a los ‘leones’ incluso al de los “tictokeros” y “salvajetes” a la salida del parking tras perder ante el Madrid, Koeman no sólo sabía lo que iba a pasar en el palco sino también en el vestuario. “Cuando ya no me necesiten -dijo el martes- jugaré al golf cinco días a la semana en lugar de uno como ahora”.

Por fallar, el equipo desperdició hasta un penalti en el campo del Rayo. El colmo de un equipo y un entrenador condenados a no entenderse por la manifiesta intersección de un presidente sin guión.

¿Xavi? Es lo más probable, es el Guardiola que llegó después de Rijkaard en 2008. La historia se repite, pero con la diferencia, no despreciable, que aquel año iba a explotar Messi, el mejor de todos los tiempos, junto a una generación de oro y madura (Xavi e Iniesta) reforzada con futbolistas tipo Eto’o o Henry, insuperables.  

Aunque pueda parecer lo mismo no lo es cuando, además, el propio presidente no trae a quien quiere sino a quien puede, un Xavi del que desconfía porque se entregó a los brazos de Víctor Font y luego lo dejó tirado cuando vio que Laporta iba a ganar.

Los entrenadores alemanes son más de fiar. Bastante más.

Xavi viene para acabar sentando a Piqué, Busquets y Alba, si es preciso a Ter Stegen, convertido en un coladero, enviar a Coutinho a galeras y rezar para que Dest o Memphis marquen para el Barça en lugar de despejar.

A lo mejor los jugadores vuelven a correr cuando venga Xavi. La historia, sin embargo, evidencia que las dinámicas son generacionales más que dependientes de un entrenador.

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