Ronald Koeman sufre la crisis de falta de respeto promovida por Laporta

Además de la negligencia en la seguridad, el desprecio del presidente y de Enric Masip hacia el técnico ha socavado uno de los valores básicos del club

El entrenador del Barça, Ronald Koeman

Los refuerzos de Mossos d’Esquadra fichados por Joan Laporta no han servido, al contrario, para mejorar ni la organización ni las medidas de seguridad del Camp Nou, donde el domingo, al acabar el partido, los jugadores, diferentes personalidades y sobre todo el entrenador Ronald Koeman fueron expuestos al riesgo de graves incidentes al abandonar el estadio.

La negligencia manifiesta de los responsables de seguridad del club, ahora reforzados por el ex de los Mossos, el comisario Ferran López, segundo de Josep Lluís Trapero hasta hace pocos meses, y por la llegada inminente de otro ex-mosso, Lluís Venteo, se produjo como resultado de un grave fallo de organización, falta absoluta de previsión y, lo que es todavía más grave, la ausencia de un operativo de emergencia que pudiera haber evitado las imágenes vergonzosas que han dado la vuelta al mundo, como si esa turba de aficionados sin control, algunos con actitudes violentas, representaran a la afición del FC Barcelona.

Es lo que pasa cuando quien toma las decisiones en esta materia prefiere engullir el generoso catering de la Llotja, relacionarse con las autoridades y miembros del Govern asistentes, pavonearse entre los VIP y dejar en manos del personal menos capacitado y sin ningún interés el cuidado y la atención de la operación salida. Más grave aún tratándose de un partido de alto riesgo y de la evidencia de que una derrota como la sufrida ante el Real Madrid podría generar cierto nerviosismo.

Como es habitual desde que Joan Laporta ha vuelto al Camp Nou, contra las pequeñas y grandes catástrofes sólo se aplican parches mediáticos. Tras lo ocurrido con Koeman, denigrante para el entrenador, directivos y ejecutivos, rápidamente se produjo una reacción oficial en twitter de disculpas y de la inminente adopción de medidas a pesar de que los jugadores vienen denunciado y reclamando soluciones a situaciones de permanente incomodidad en la salida y entrada de las instalaciones, lo mismo en el Camp Nou que en la Ciutat Esportiva.

En el caso de Koeman está confirmado, además, que siguiendo directrices de los propios responsables de seguridad del club, salió por una salida distinta de la habitual, lo cual se ha demostrado que fue un error de calibre. No sirve, como el club ha tratado de disculpar en su aparato de medios afines, la excusa de que el FC Barcelona no posee la autoridad de actuar fuera de las instalaciones. Tan cierto como que tampoco puede actuar por su cuenta dentro del recinto.

El operativo de seguridad es uno y uno solo bajo la coordinación de un miembro de Mossos d’Esquadra tal y como prevé, regula y ordena la normativa de espectáculos públicos como el fútbol y las especificaciones del Gobierno a través de LaLiga.  

Ese operativo prevé el control interno del estadio y de los accesos incluidos los alrededores mediante la seguridad privada contratada por el club, la que determine ese jefe de seguridad, y la disponibilidad de cuerpos de policía en parte de Mossos y en parte de Guardia Urbana. Cuando el jefe de ese operativo considera la necesidad de ampliarlo en partidos de alto riesgo ese aumento de efectivos es financiado por el FC Barcelona, lo que quiere decir que no existen, para este incidente, otros culpables que no sean o los responsables de seguridad por su imprevisión o el propio club por no solicitar una ampliación de seguridad de cuerpos oficiales que, efectivamente, son quienes poseen las competencias para controlar y asegurar esa operación salida.

El ex-capitán del FC Barcelona Carles Puyol denunció haber sufrido también un ataque similar, aunque menor, del mismo modo que otros jugadores como Jordi Alba optaron por acelerar en el momento crítico para impedir que los aficionados se abalanzaran sobre su vehículo. En el caso de Koeman un aficionado llegó a subirse al capó del coche para realizar un selfi. 

Esta falta de efectivos de seguridad contrasta con la amplia y generosa asistencia puesta al servicio de los compromisarios en la continuación de la asamblea del día antes, el sábado, donde se contabilizó casi el doble de personal de control y atención que de socios participantes en el acto.

Por último, y no menos importante, lo sucedido también es consecuencia de la degradación pública de la figura de Ronald Koeman y de algunos futbolistas por parte de la directiva y del propio presidente Joan Laporta. El respeto como uno de los valores del FC Barcelona, identidad del club que se impone en el fútbol formativo y que se exige a los profesionales que visten la camiseta barcelonista, no es precisamente el atributo más destacado del presidente Joan Laporta ni de alguno de sus asesores como Enric Masip, con licencia para acudir a una televisión pública como TV3 y criticar al entrenador, rebajar su autoridad y echarle al público encima. 

Más o menos lo mismo que Joan Laporta ha hecho con el entrenador holandés, al que ha denigrado y despojado de autoridad y respeto en sus confidencias con la prensa tanto o más que cuando lo despidió, sólo a medias, mientras le buscaba sustituto, una situación que se ha ido repitiendo durante las semanas anteriores a un repentino cambio de guión, tras la derrota de Champions en Lisboa (3-0). 

Una sensación a la que ha contribuido Xavi Hernández, que ha ido cambiando de posicionamiento desde que toleró y estimuló ser utilizado en la campaña electoral hasta esta misma semana en la que, a pocas horas del Clásico, se postuló para sustituir a Koeman. No ayuda.

No es de extrañar, pues, que los aficionados, esos descontrolados que seguramente no son socios de club en su mayoría, se sintieran amparados por ese entorno directivo y mediático que desde hace meses ha convertido a Koeman en el único culpable de que el Barça ya no juegue como lo hacía con Messi. 

Es sabido que Koeman no tiene quién le proteja, que Laporta lo aguanta porque nadie quiere hoy sentarse en esa silla eléctrica y que los propios jugadores, sobre todo Piqué, no le prestan tampoco el debido respeto. No es el único valor  del club en peligro.

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