«La administración pública catalana ha creado un ‘mandarinato’»

Entrevista a Cristian Segura

Cristian Segura

Periodista apasionado, formó parte del equipo fundador del Ara, y fue corresponsal en Alemania y Pekín del Avui. Desde 2014, trabaja en El País. Es autor de varios libros, entre ellos dos novelas. La obra La Madriguera (Destino) ganó el Premio Josep Pla de narrativa de 2011. Ahora publica “Gent d’ordre” (Galàxia Gutenberg).

 

Hace ya tiempo, Marina Subirach, en su estudio sobre la evolución de las clases sociales en la Barcelona metropolitana, apuntaba que prácticamente los datos no detectaban la existencia de una clase, digamos, alta ¿En tal sentido, cabe preguntarse si alguna vez ha existido lo que se ha llamado “burguesía catalana”?

Creo que sí ha existido, y se puede visualizar su ascendente en la década de la Mancomunidad de Cataluña, cuando la Liga Regionalista, una fuerza política formada totalmente por estamentos burgueses, crea un poder administrativo, prácticamente de la nada, desde 1914 hasta 1924. Este momento es muy importante, como expresión del poderío burgués. Sin embargo, anteriormente, desde el siglo XIX, la burguesía barcelonesa fue determinante a la hora de obstaculizar el cambio liberal en España, como consecuencia de sus querencias proteccionistas. El proteccionismo se diseñó para defender los intereses de burgueses catalanes, y terratenientes de toda España. En ese momento, el poder transformador de la burguesía catalana no existió ni se visualizó. Luego, sobre todo a partir de la transformación económica que se produce con Franco, también se puede observar otro momento de auge, e influencia burguesa.

¿Por qué, en todo caso, esta burguesía catalana no se suma al carro de la oligarquía, como lo hizo la vasca?

Quien ha escrito más y mejor sobre esta cuestión es Enric Ucelay Da Cal. No pudo haber un liderazgo burgués en la transformación de España, entre otras cosas, porque el peso de la Ilustración fue muy reducido respecto a países como Francia. Siempre ha habido muchos catalanes en Madrid, pero no en la judicatura, en los aparatos del Estado, en sectores económicos potentes… En vísperas de la votación del Estatuto de Cataluña, en 1932, textualmente, Manuel Hazaña decía que “la diferencia política más notable que yo encuentro entre catalanes y castellanos está en que nosotros, los castellanos, lo vemos todo en el Estado, y donde se nos acaba el Estado se nos acaba todo. En tanto que los catalanes son más sentimentales, o sentimentales, y nosotros no, ponen entre el Estado y su persona una porción de cosas blandas, amorosas, amables e inexorables que les alejan poco a poco de la presencia severa, abstracta e impersonal del Estado. No sé si está bien o mal. Lo que sé es que el genio político se revela por la facilidad de acceso al orden del Estado. Y no solo los pueblos o los hombres, que por herencia naturalmente o por haberlo adquirido con su esfuerzo, son capaces de subir fácilmente al orden del Estado puede ser algún día cabeza de una política de valor universal”. En cualquier caso, yo creo mucho en lo del “narcisismo de las pequeñas diferencias”, de Freud (idea de que reservamos nuestras emociones de agresión, odio y envidia para aquellos que se parecen más a nosotros). Entre castellanos y catalanes, vascos y catalanes…, hay pocas diferencias culturales.

¿Quizás por esto, el nacionalismo catalán habla tanto de crear un Estado? 

Los condados catalanes fueron poderosos, como lo fue el reino de Aragón del que formaban parte. Pero el nuevo poder español, los franceses…, fueron limitando su expansión e influencia. La identidad nacional, la voluntad de ser diferentes, se ha subrayado, agudizado, mucho. Esto parece que, entre otras cosas, parece consecuencia de asociar Nación a Estado. Pero lo que ha sucedido en la última década en Cataluña ha sido muy poco catalán. No en lo emocional, sentimental, como decía Hazaña (que se ha cumplido al pie de la letra), sino a escala de lo racional, de la lógica. La consolidación del independentismo es inevitable si has estado los últimos 40 años trabajando mucho lo de “tenemos una particularidad nacional muy aguda”, y que España es una mierda.

A diferencia del capitalismo vasco que, seguramente inducido por ingleses, franceses, belgas…, se organizó desde muy temprano en sociedades anónimas, la industria catalana parece caracterizarse por su perfil familiar, por los apellidos…

La estructura, el orden social catalán, sostienen muchos historiadores, ha estado muy determinado por la “Casa pairal”. Cada familia es un pequeño Estado. Todavía perviven muchas casas solariegas que llevan siglos con los mismos integrantes. Esto, en algún momento se traslada a las empresas. La casa solariega es el precedente del poder industrial catalán de los siglos XIX y XX. La familia da nombre al negocio. Uno de los grandes éxitos de Pujol va por ahí. Alguno de los primeros carteles electorales de Pujol, en los años 80, hacía un llamamiento a la familia. La familia como concepto de unidad básica de la sociedad. Cosa muy mediterránea, en general.

¿Con el franquismo, que tan bien les vino a las élites económicas, se produce un cambio en el dinero de Barcelona y Cataluña?

Hubo gente adinerada de toda la vida que se aprovechó de la paz social del franquismo y del despegue económico de España para hacer buenos negocios, y quienes nacieron y medraron al calor del régimen. Hay nuevos linajes y antiguos que sacaron mucha tajada de lo que se dio en denominar “Cataluña, fábrica de España”. A partir de los 60, España se estabilizaba y comenzaba a crecer, en consonancia con lo que estaba ocurriendo en otras partes del mundo. Cataluña salió muy beneficiada del desarrollismo.

¿El dinero más actual, fruto de la globalización, y vía fondos de inversión, salarios altos…, se percibe, o más bien se oculta en un anonimato difícil de desvelar?

El poder industrial catalán ha menguado mucho, como en toda Europa, a consecuencia de la globalización, y por no haberse producido una reconversión hacia sectores de futuro. En el caso de Barcelona, esto se nota claramente ¿El dinero ahora? Una parte de él está vinculado a las rentas, se vive de un patrimonio heredado. Es una economía extractiva. En el sector servicios, el mundo de los directivos…, hay dinero. Hay ejecutivos de multinacionales que invierten en la creación de alguna empresa tecnológica…, pero no sé hasta qué punto puede ser relevante. En el libro, intento explicar que la base de aquello que era una burguesía laboriosa industrial, ha cambiado. Estas élites están cambiando y aparecen nuevos jugadores… Y con ello también cambia su percepción del entorno y hasta de las reglas de juego. Tradicionalmente, estas élites desconfiaban mucho del poder político y ahora se acercan a él. En Cataluña, esta connivencia entre el dinero y la política se convierte en convivencia. La Administración pública catalana genera muchos contratos, hay funcionarios, cargos de confianza con sueldos muy elevados. Y esto acaba creando un “Mandarinato” (Burocracia y aristocracia de la China imperial que buscaba en todo apropiarse de las rentas nacionales).

¿Algo que explica buena parte de las alianzas tejidas en torno al procés?

Creo que Cataluña ha mimetizado cosas propias del funcionamiento del Estado, que el nacionalismo catalán siempre había criticado: empresarios adeptos a una causa, amigos o fieles al poder político… Lo que se había cuestionado hasta la saciedad, con Aznar o Felpe González, de connivencia entre poderes económicos y políticos. Se hizo con Jordi Pujol y se ha llevado a cotas más elevadas. Personas próximas a quienes han estado gobernando en la última década, que son los mismos, son quienes se benefician. Se confunde el bien particular con el bien general. Esto es algo que tendría que estudiarse bien. A diferencia de lo ocurrido en otras comunidades autónomas y con el Gobierno de España, Cataluña adolece de alternancias políticas y es muy probable que esto continúe así durante bastante tiempo. La falta de alternancia impide la renovación. Esquerra Republicana y Junts se llevan a matar. En cualquier otro lugar, dos partidos así no serían socios, después de todas las cuchilladas que se han propinado. Si así no ocurre es porque tienen mucho que perder.

Cosa que si derivara en la creación de un Estado-nación tendería sin duda a ensancharse y cristalizar…

Hay pocas cosas tan retrógradas como crear, a estas alturas, un Estado-nación. Y si este fuera el caso en Cataluña nos encontraríamos con algo muy unilateral, cerrado, poco diverso. Otros Estados, incluido España, son muy diversos. La diversidad que tiene España no la tendría Cataluña.

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