Laporta protagoniza la asamblea del desastre con homenaje a Gaspart

Bartomeu volvió a ser juzgado y condenado pero los socios reclaman un referéndum para el Espai Barça que la junta quiere evitar como sea

La realidad sobre la “asamblea interrupta” del Barça, cuando la financiación del Espai Barça pintaba un referéndum como una casa, vuelve a dejar en evidencia hasta qué punto la psicosis y el ruido mediático pueden más que la propia realidad. Gracias a que, de nuevo, se impone y se rescata a cada minuto la figura de Josep Maria Bartomeu como el origen y causa de todos los males del club, los socios compromisarios se vieron conducidos a esa necesidad de vengarse, prejudiciar y condenar al ex-presidente, de hacer seguidismo de ese clamor avivado por diferentes socios que reclaman ‘justicia’ y por el propio Joan Laporta, que se sumó a esa corriente aunque de nuevo sin pruebas ni argumentos legales.

 De eso se encarará el “forensic”, como si en siete meses de rebuscar en todos los papeles no hubiera tenido tiempo para encontrar ni los indicios ni las pruebas suficientes. Sólo cabe concluir que o son inútiles o no han encontrado papeles ni gestiones, pagos o facturas comprometedoras.

No importa, el aparato laportista lleva controlando ese juego desde mucho antes de las elecciones, el mismo periodo a lo largo del cual acumula cada vez más incumplimientos. Prometió a Messi, un entrenador ilusionante, fichajes, patrocinadores y recuperación económica. También la cabeza de Bartomeu que, como todos sus embustes, no ha sido rebanada ni por los jueces ni por la auditoria ni por la “due diligence” ni parece que por la legión de auditores contratados por Laporta.

Pero lo llamativo de la asamblea fue comprobar cómo, 18 años después, Joan Gaspart se daba un baño de masas y de respeto, hasta de aplausos, después de haber batido el récord mundial de pérdidas del club en el ejercicio 2002-03 con 59 millones de pérdidas sobre123 millones de ingresos, es decir un 47,9% de números rojos sobre la facturación. Le sigue Joan Laporta, gracias a sus no menos colosales pérdidas de la temporada 2009-10 con 79 millones sobre una facturación de 371 millones, es decir con un porcentaje relativo de 21,2 %. Nada mal. Porcentaje al que no llega Bartomeu equiparando las cifras de cálculo, es decir sin provisiones y sin esa afectación por Covid que según Ferran Reverter sólo es de 90 millones. El resultado es de 631 millones de ingresos por 118 de pérdidas, lo que equivale al 20,2 %. 

En pureza se debería imputar a Bartomeu un declive de los ingresos excepcional y una afectación por la Covid realmente superior. Pero incluso así sigue ostentando, por decirlo así, el tercer puesto en ese ranking de presidentes con el peor bagaje económico de la historia moderna, por detrás de Gaspart y Laporta, ambos en circunstancias no Covid.

Eso, sin tener en cuenta, tampoco, la relación de resultados económicos y los títulos, frente en el que Bartomeu es imbatible por encima de Joan Laporta y a mil galaxias de distancia de un presidente como Joan Gaspart, que nunca ganó nada.

Así, en un esperpéntico retrato asambleario, el único presidente con justificados problemas ajenos para cumplir con el presupuesto, esa pandemia que LaLiga cuantifica en 324 millones de ingresos menos la temporada última, siendo además el presidente con una ratio de pérdidas menor, fue quien acaparó las críticas y la ira del socio. 

No es posible imaginar cómo estaría de caliente esa atmósfera si, además, Josep Maria Bartomeu hubiera engañado a Messi para llevarlo a una renovación tramposa y sin ningún futuro. En el colmo de los escenarios reales, a Bartomeu le llovieron críticas por retenerlo cuando Leo quería dejar el Camp Nou y a Laporta, que empeñó su palabra electoral en convencerlo para que siguiera, aún consiguió hacerse aplaudir por echarlo. 

Curiosamente, Joan Gaspart fue quien fichó a Messi, Iniesta, Puyol, Piqué, Cesc, Xavi, Valdés, etc. Mérito que como enorme usurpador y aprovechado quiso hacer suyo Laporta, lo mismo que trata ahora de hacer con Pedri y Ansu Fati, un delantero aplaudido a rabiar anoche después de la asamblea, por su golazo contra el Valencia, un futbolista cuya única paternidad es la de Bartomeu por el trabajo acertado y brillante del fútbol base, ya desmantelado por Laporta.

Con todo, será imposible revertir esa imagen que hoy rodea a Bartomeu bajo el implacable acoso mediático de una prensa que si cobraba de Bartomeu no se nota y que si sigue cobrando de Laporta podría explicar muchos de los artículos y opiniones esperpénticos.

Por lo demás, la asamblea fue otro gran despropósito, insuperable en falta de previsión y respeto hacia un orden del día que la mayoría de los compromisarios ya había juzgado imposible de cumplir con los tiempos previstos. Otro desastre que anotar en el debe de un presidente que no supo explicar el Espai Barça, el primero de los puntos semi-conflictivos, obteniendo de los socios una respuesta bastante precisa y contraria a sus argumentos,  pues no quieren que se apruebe en asamblea un crédito de 1.500 millones sino con otro referéndum. Cara de pánico en la mesa presidencial y excusa oportuna para dar por acabada la asamblea y llevarla el próximo sábado lo más lejos posible del Camp Nou.

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