Xavi vuelve a equivocarse en el tiempo y en los modales

Ahora anuncia que quiere venir ya a entrenar al Barça en otra falta grave de respeto y de profesionalidad

Xavi Hernández suele equivocarse en cada uno de sus movimientos, silencios y declaraciones desde que, gracias a sus éxitos en el fútbol de Qatar, juega ese papel de eterno sustituto del entrenador del Barça. Su nombre suena con insistencia y, justificadamente, a partir de que el secretario técnico azulgrana del momento, Èric Abidal, y el CEO del club, Òscar Grau, le pusieron sobre la mesa la posibilidad de relevar a Ernesto Valverde tras la derrota del equipo azulgrana en la Supercopa disputada en Arabia Saudí en invierno de 2020.

Fue un movimiento más impulsivo que otra cosa, provocado por el rechazo del propio vestuario hacia el entrenador vasco, cuyo juego y resultados habían sido censurados abierta y públicamente por Xavi, uno de los personajes con más amplio entorno periodístico y mediático. Tras la derrota ante el Liverpool en la vuelta de las semifinales de la Champions League (4-0), Xavi no se cortó a la hora de lamentar la pérdida de estilo barcelonista y la falta de una dirección técnica acertada.

Intervención inoportuna y poco profesional pues el equipo estaba pendiente de rematar el título de la Liga y de disputar la final de la Copa del Rey, sobre todo sabiendo, él más que nadie, el efecto que podrían provocar sus palabras en el propio vestuario donde seguían algunos de sus ex-compañeros. No ayudaron esos comentarios que, además, fueron una falta de respeto hacia Valverde, no sólo proveniente de un ex -jugador sino de un técnico en apuros que, como él en su carrera incipiente y como el resto de los entrenadores del mundo, siempre pasa por momentos de complicación y resultados no deseados.

Xavi le dio calabazas a la oferta de Abidal, entre otros motivos porque ya tenía muy avanzados esos contactos con el pre-candidato Víctor Font.  Aquella acabó siendo una relación desconcertante, inconcreta y ambigua, reflejo de ese carácter pusilánime del ex-jugador barcelonista, también inseguro y tan alejado del entorno del Barça que al final lo enredó todo en las elecciones.

Cuando Víctor Font parecía que lo tenía atado y bien atado, la irrupción de Laporta en el horizonte electoral dejó a Xavi con las piernas temblando. Se había equivocado de apuesta, una sensación de pánico que se tradujo en la proyección de una imagen aún peor, la de una persona sin palabra, desleal y arribista que cuando vio que el viento cambiaba de rumbo quiso saltar del barco.

Laporta no se lo ha perdonado, aseguran, hasta hace muy pocos días después de que su coro mediático haya trabajado estos meses a fondo para intentar rebajar el rechazo del presidente. También restó que en los primeros acercamientos Xavi aún no tuviera claro si se atrevía a coger las riendas de un Barça con Messi ni tampoco un Barça sin él. Las dos alternativas eran incómodas.

Así han transcurrido los días, con Laporta deshojando la margarita, o el tulipán, mejor dicho, sin saber por dónde tirar.

De pronto, cuando ya parecía que Koeman no se comía ni los ‘panellets’ -veremos- se produce otro giro, Xavi aún no le convence ni tiene claro por dónde tirar hasta que alguien le hace ver que hasta el Clásico de finales de octubre es un error relevar al entrenador holandés por otro que puede estrenarse en la semana trágica que viene, Barça-Valencia con asamblea, Barça -Dynamo Kiev y Barça-Real Madrid. En siete días el equipo puede perder dos títulos, la Liga y la Champions.

De nuevo a destiempo y sin modales ni las formas debidas, cuando las aguas parecían  calmarse, esta semana aparece Xavi para levantar el brazo y manifestar que está preparado, que si el Barça quiere él viene corriendo desde Qatar para sentarse en el banquillo aún caliente de Ronald Koeman.

 

Xavi ya lo ve defenestrado, más temprano que tarde, después de haber hecho las paces con el presidente y haber percibido su deseo de devolver a Koeman a su país, una ‘herencia’ menos de Bartomeu, pero también el último paraguas de esa revolución pendiente y anunciada desde las elecciones, con Messi, un equipazo, patrocinadores… 

El vestuario decide ahora si darlo todo por Koeman o abrirle la puerta a Xavi, un entrenador que sabrá de fútbol, pero no del debido respeto hacia los demás profesionales, pues seguro que cuando llegue al banquillo exigirá para él esa confianza, respeto y tiempo que él mismo no le concedió ni a Valverde ni a Koeman.

Y otra cosa, Xavi ya no manda en el campo ni filtra pases de gol ni tiene a Leo Messi para resolver los partidos.

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