¡Abre los ojos!

La evolución tecnológica que nos lleva a una vida frente a pantallas y más pantallas determina que, ya en el mismo ámbito educativo, tengamos que hacer frente a cambios profundos, en la manera de enseñar, en la forma y en el fondo. La inaudita explosión tecnológica digital que modifica radicalmente nuestra forma de estar en el mundo empieza por la enseñanza, pero no la mejora. El temor más grande hoy: el futuro de nuestros hijos y nietos.

Nos inquieta leer que, mientras, ni nosotros mismos sabemos cómo evitar tanta pantalla, los gurús digitales de Silicon Waley (https://elpais.com/especiales/2019/crecer-conectados/gurus-digitales/) educan a sus hijos prohibiéndoles móviles, tablets y ordenadores. Seguimos acuciados por la rapidez, “todo se hace desde la prisa”. El joven “estudiante” perdió la costumbre de leer y se encuentra hipnotizado y seducido por visualizar las 100+1 imágenes, los esquemas o con suerte, los tutoriales del “rey Google”. Tiene prisa por sacarse de encima la asignatura de marras y su portátil le distrae de una clase que le parece aburrida. Su sentido del esfuerzo ha desaparecido; “lo quiero fácil y ya”, y para muchos jóvenes la nueva fiebre del oro digital (las criptomonedas) supone un maná automático. Reconociendo y lamentando que los jóvenes se encuentren en un entorno, que transita entre la precariedad y la magia digital, la dinámica de pressing social de esta paradójica dicotomía hurta y empobrece al ser humano de su humanidad.

A pesar del impacto y ventajas, si alguien no lo remedia, los “ingenieros online” pudieran acabar poniendo enchufes en el “fondo” del fregadero y el vecino o el amigo desaparecer, encerrados en sus hogares bunkerizados. Junto al multi teletrabajo, por mor de la pandemia y ante los nuevos entornos digitales que nos deslumbran, no podemos prever las nuevas finalidades de los terrenos urbanos carísimos. Miles de hectáreas de sedes multinacionales, universidades, parques temáticos, hípers o malls centers, quedaran abandonados, (en BCN dos edificios locomotora del Corte Ingles se han vendido), siendo reconstruidos como micro despachos o pluri viviendas baratas herméticas, video acondicionadas de ocio y trabajo, abastecidos por Siris o Alexias y los drones de Amazon.

El sistema, incapaz de compaginar progreso con un auténtico bienestar sostenible, sigue animando la supervivencia del obsoleto modelo de crecimiento infinito, que nos trae una crisis, tras otra; la última, devastadora. Los avisos siguen cayendo en saco roto, y a pesar de estar ya en plena cuenta atrás, los atemporales desastres climáticos, se siguen considerando normales y por ello de origen natural. Abandonen cualquier proyecto de compra inmobiliaria en primera línea de playa, el nivel del mar subirá y quedará bajo las aguas. Poco se ha hablado de las islas desérticas, otrora habitadas, hoy abandonadas al quedar semi cubiertas de agua. Tampoco hacemos nada ante el multi crecimiento arbitrario de ciudades en territorios volcánicos. Tenemos un ejemplo terrible en nuestra tierra.

Se relativizan las humanidades, se aprecia como poco rentable la aproximación cualitativa y mucho menos la reflexión filosófica. Como mucho nos quedamos, “gracias” a Moncloa, con la asignatura de Urbanidad, que sustituye a la ya aprobada de “Valores y Ética”. Mientras, nos invade un peligroso nuevo concepto de género sin pies ni cabeza, que escandaliza hasta las más históricas feministas. Nuestro joven rey, tragador de guiones, en manos del sistema que representa, nos dice que “por fin hemos entrado en una época de crecimiento sostenible”. Error: el sesgo de los algoritmos, los bots maliciosos y hasta los robots de atención psicológica, dominan planificaciones (https://latam.kaspersky.com/resource-center/definitions/what-are-bots), datos que, al estar basados en esta “nueva evidencia”, no se pueden cuestionar. La falacia de que los números todo lo aguantan ha pasado a ser dogma de fe y solo con decir que “esto es científico” podemos validar cualquier estupidez.

Se admira y se da por buenos a políticos engolados y a la vez enlodados, personajes sin historial laboral, medradores sin oficio, pero (avida $) con beneficio. Nos hemos dejado engañar por una transición centrada en “que hay de lo mío”. Hemos llegado al extremo de dar el mando más poderoso del mundo a un peligroso tipo, tan rico como abyecto, mal educado, machista y destructor, al que le ha seguido otro de parecido molde. Una izquierda errática y antinatura se pone al servicio de los nocivos nacionalismos populistas, venerándolos.

Dicho esto, solo hay dos caminos; seguir por la senda del crecimiento infinito hasta volver a darse de bruces con la realidad y bajar a un refugio cada vez más inseguro, o mostrarse crítico y hasta desobediente con esas inmensas ruedas de molino que el sistema logra que, sumisos, sigamos tragando. Al punto al que hemos llegado, posicionarnos equivale a rebelarnos, pero los poderes de los estados con sus recientes leyes de seguridad “anti” ciudadana, nos amedrentan, así que optamos por seguir en nuestra zona de confort, sin apreciar que ese espacio es cada vez más limitado e indigno.

El engaño se sustenta ahora en el sueño de la domótica. Con nuestro hogar automatizado y la compañía vocal inteligente de robots, -estos sí, femeninos-, que nos avituallan la nevera cuando se vacía, tendremos más tiempo para ver Telecinco, entre teletrabajar y recibir a los drones. Desde las consultorías comprobamos como los mandos intermedios se desapegan de la marca que representan, mientras los fundadores concentran sus esfuerzos en poner en valor su “startup” de turno, para venderla lo antes posible al primer ingenuo, y a otra cosa. El consumidor de hoy debe trabajarse la compra, pues el proveedor está reduciendo recursos y aplica la ley del mínimo esfuerzo. La banca residual, sanciona al cliente, si pretende darse de baja o si les importunas presencialmente. Merece otro artículo las redes de delincuencia de cuello blanco”, con empresarios, artistas, políticos y presidentes de gobierno (https://elpais.com/pandora-papers/2021-10-03/los-papeles-de-pandora-destapan-los-negocios-opacos-de-600-espanoles-y-35-mandatarios-internacionales.html).

No solo no estamos progresando adecuadamente, sino que a pesar del brutal avance científico/tecnológico, el mundo, ni mejora ni progresa ni es más feliz, y la venta de armas y los objetivos de poder y dominio crecen inexorables. China, en 2030, tendrá en el espacio estaciones orbitales eléctricas (https://blogs.elconfidencial.com/tecnologia/hasta-los-diodos/2021-08-19/china-electricidad-electricas-factura-luz_3238658/). Se cerrarán “Endesas”; eso sí, la factura de la luz bajará y mucho. La desigualdad, el sufrimiento o la pobreza no importan a las elites. Branson, Musk, o Bezos compiten en organizar viajes turísticos al espacio que pocos se pueden permitir. Una situación tan radical necesita de una revisión humanista y moral, también radical, pero que nadie “de arriba” osará proponer, ni nadie “de abajo” dispondrá de medios para implementarlo, así que seguiremos el ritmo del sistema. Las propias administraciones, con cada vez más funcionarios, vuelven de nuevo al endeudamiento, mediante ofertas financieras, créditos al consumo o préstamos personales inmediatos, único medio de vida que les queda a los banqueros. Aumentará la esclavitud y desigualdad de una mayoría desfavorecida.

Llegado el anochecer, los casinos, bingos y casas de apuestas “on line”, nos regalan un primer dinero para que nos enganchemos desde casa, al juego. Como ocurrió con la criminal subida de la luz, nuestro ministro podemita de consumo, apenas resolverá nada en su intento, de escaparate, de frenar el juego. Nuevos ladrones españoles, protegidos por la justicia -denominados “pobres okupas”-, sin hábitat, campan a sus anchas invadiendo domicilios ajenos y exigiendo dinero por devolver una propiedad que no es suya. “Algo va mal”, escribió Tony Judt. Esperando haber contribuido a que el lector -“Abra los ojos”-, título de la película de Amenábar, cuyo guion, inspirado en La Vida es sueño, de Calderón, oscila entre el compromiso y la pesadilla. Concluyo, tomando prestado un párrafo de Zygmunt Bauman,”estamos pagando el precio de 40 años de atracón, y juerga otorgados por una serie de obsesiones demoníacas interconectadas, como vivir a crédito, en una salvaje orgía consumista, que abre profunda brecha entre ganadores y derrotados, con la nacionalización de las ganancias y la individualización de las pérdidas, el encogimiento de los rangos de los ganadores frente a la multiplicación de los perdedores y una globalización para los ricos, aparejada con atar a los pobres al suelo.

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