Joan Laporta cierra unos extraños fichajes millonarios de 10 jugadores para el Barça B

Estas operaciones se relacionan con los favores que recibió para la financiación de su campaña electoral

El presidente del Barça, Joan Laporta
El presidente del Barça, Joan Laporta

El Barça B suele pasar muy desapercibido. Ni siquiera cuando jugaban Messi, Iniesta, Xavi o Puyol en el Miniestadi eran capaces de llamar mucho la atención. Una ventaja a la hora de hacer operaciones de mercado que, a menudo, no son espectaculares, pero pueden llegar a mover, acumuladamente, millones de euros. Hasta un total de 10 fichajes ha cerrado desde el mes de julio Joan Laporta, la mayoría de los cuales no están siendo titulares en el filial.

De estas operaciones solo muy ocasionalmente se ofrecen cifras o detalles, más allá de la duración del contrato y de la cláusula de rescisión. Hay, en este tema, numerosas dudas sobre la verdadera necesidad y sentido de fichar determinados futbolistas que a la hora de la verdad no solo no responden, sino que impiden el paso a otros futbolistas del plantel. A menudo se ha sospechado que con este tráfico de futbolistas menores se paga alguna deuda pendiente.

Por ejemplo, en la gestión de la llegada de Quique Setién, su mismo agente llevó al filial un futbolista, un presunto goleador de nacionalidad albanesa, Rey Manaj, de dudosa proyección para el Barça. Esta temporada, en relación con el enorme volumen de fichajes, se han avivado estos rumores e informaciones relacionadas con el entorno electoral de Joan Laporta que apuntaban, durante la campaña, a la sospecha que algunos agentes de futbolistas de su círculo y de su confianza estaban muy interesados en su victoria. Hasta el extremo de haber facilitado y conseguido financiación directa o de terceros. Aunque Laporta no ha rendido cuentas ni nadie se lo ha exigido, se calcula que el coste de su campaña electoral no bajó de 5 millones de euros.

Paradójicamente, en contraste con esta opulencia, después de la victoria no aparecieron los avales, una odisea que acabó permitiendo la entrada a terceros que finalmente frenaron la renovación de Messi, por inalcanzable, alineados con Florentino Pérez y su negativa a aceptar los fondos de la LFP después de haber sido el cómplice necesario de Laporta en la instalación de la lona electoral en la zona donde está el Bernabéu.

La llegada de este alud de nuevos futbolistas al filial ha sido sigilosa a partir del momento que, de la noche a la mañana, el entrenador del Barça B, Francisco García Pimienta, que parecía confirmado, fue relevado dolorosamente por Sergi Barjuan. Fue el remate de una operación relámpago de la desmantelamiento total del staff del fútbol base, responsable de la exitosa última hornada de futbolistas: Ansu, Araujo, Riqui, Gavi

Ahora, con estas extrañas operaciones de Laporta, son futbolistas de 20, 22 e incluso de 24 años los que han recalado en el Barça B para llenar los vacíos dejados por Yusuf Demir o Gavi, que ya se entrenan con el primer equipo. Koeman, en este sentido, ha sido una bendición para justificar los extraños refuerzos de un equipo por el cual ya han pasado, en apenas seis partidos, más de 30 jugadores con un balance regular, por ahora.

El filial acaba de anunciar para el año que viene el fichaje del turco de 17 años Emre Demir por 2 millones, un delantero que, como la mayoría de los fichados, acredita más bombo mediático que goles, con una valoración en el mercado de 1 millón de euros.

También se están firmando inesperadas renovaciones de largo alcance, hasta el 2024 y el 2026, a futbolistas que probablemente no llegarán al primer equipo, con el riesgo efectivo de una devaluación y de convertirse en un lastre.

Sobre el filial siempre ha habido un argumento recurrente: la necesidad, la urgencia y la oportunidad de subir y permanecer en Segunda División A, bajo dos pretextos. Uno es el formativo, basado en la presunción que cuanto más alta es la categoría más fácil resulta el salto al Camp Nou, que no se sostiene en la mayoría de los casos de éxito. Y el otro, el factor que más se utiliza para justificar la ansiedad y la prisa para subir, basado en el atractivo de los derechos de televisión de la categoría de plata, sustanciosos y suficientes para la autofinanciación del filial y de parte de la estructura formativa. Al final se invierte demasiado en intentos frustrados de ascenso y se acaba gastando de más si se consigue.

*Puede leer el reportaje completo en la edición de EL TRIANGLE de esta semana

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