Un 1 de octubre descafeinado y con ataques de cuernos

La semana pasada se cumplieron cuatro años del referéndum del 1 de octubre, hito que el independentismo ha convertido en casi sagrada. Lejos de las conmemoraciones pomposas y multitudinarias de los primeros años, este 1-O el Gobierno apenas celebró un acto de diez minutos con la lectura de un manifiesto cargado de los tópicos de siempre. Pero, encima, la dinámica de permanente competición entre los partidos independentistas hizo que acabara en una jornada llena de reproches, ridículos y ataques de cuernos.

De entrada, al acto del Govern, el presidente Pere Aragonès tuvo que ceder la lectura de la mitad del manifiesto al vicepresidente Jordi Puigneró. Como de costumbre, un partido no puede permitir que el otro tenga más liderazgo, más protagonismo o más cuota de pantalla. Además, fuentes del Govern aseguran que los servicios de protocolo tuvieron que intervenir porque algún consejero quería aparecer en un lugar con más protagonismo del que le tocaba.

No contentos con esto, la presidenta del Parlamento, Laura Borràs, se agendó su propio acto rodeada de “represaliados” para poder tener su ratito de televisión hablando del 1-O. “No fuera caso que pasara algún día donde Aragonès salga más que ella en la tele”, se quejaba un cargo de Presidencia. Y es que aquello de la unidad del 1-O ha quedado ya para el recuerdo.

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