La realidad virtual y la generación Covid de Bartomeu

Doble operación, mediática y a favor de Mendes, para que Ansu Fati parezca un ‘fichaje’ de Laporta

Ansu Fati

En el momento del subidón, tras la victoria sobre el Levante rematada por el gol de Ansu Fati, los editoriales, columnas de opinión, portadas y aparato mediático del laportismo han reaccionado en la misma línea consistente en centralizar las expectativas en la confianza y el relevo generacional con el que Joan Laporta espera devolver al Barça a la primera línea del fútbol mundial.

¿Laporta? Claro. No hay más que leer, como referencia máxima de esa esquizofrenia, al director del diario Sport, Lluís Mascaró, para poner de relieve su estado permanente de contradicción. “Nadie renuncia a los títulos. Ni siquiera -escribe- Laporta. Bueno, Laporta menos que nadie. Sin embargo, todo el barcelonismo ha entendido que la situación es tan compleja, que la herencia recibida es tan terrorífica, que hay que tener paciencia. Y agarrarse a una realidad prometedora: esta plantilla tiene futuro. Con Ansu Fati (18 años). Con Mingueza (22). Con Araujo (22). Con Eric Garcia (20). Con Nico (19). Con Gavi (17). Con Demir (18). Hasta con Riqui Puig (22). Ocho jóvenes futbolistas que participaron en la cómoda victoria ante el Levante y que representan el espíritu de esa revolución que prometió el presidente al final de la pasada temporada”.

No se puede describir mejor ni más exactamente la herencia dejada por Josep Maria Bartomeu, entrenador incluido, Ronald Koeman, que también destapó a Ilaix Moribar -hoy transmutado en millones directos a la caja-, del mismo modo que fue Valverde quien le dio la alternativa a Ansu Fati.

Desde luego que en la herencia también estaban Messi, al que Bartomeu sí convenció para quedarse, Coutinho, Dembelé o Griezmann, y esos hoy calificados de héroes como Piqué, Jordi Alba, Busquets y Sergi Roberto.

Pero lo que no se puede poner en duda es que la nueva generación de oro de la cantera, a la que debe darse confianza, partidos, exigencia y seguridad a partes iguales, es el fruto del trabajo bien hecho del fútbol formativo azulgrana de los últimos años bajo la presidencia de Bartomeu. Suya es la responsabilidad como los fracasos en la Champions, pero también el espectacular Triplete del Femení, y el extenso e inigualable festival de títulos de las secciones profesionales, dos Champions ganadas y dos disputadas.

Lo que Laporta ha hecho al respecto, en todo caso, ha sido descabezar y echar a la calle a los responsables técnicos y de metodología del fútbol base, a todos, de haber hecho crecer a las enormes promesas del primer equipo de hoy.

Mentir y engañar con esa alevosía y premeditación, atribuyendo a Laporta ganar al Levante por su esperanza en los jóvenes, luego de “matar” al mismo entrenador por haber empatado en Cádiz no es otra cosa que manipular la opinión pública.

No debería ser ese el juego de la prensa, obsesionada, y más en vísperas de la asamblea en demonizar, mejor dicho, seguir demonizando hasta la extenuación, la figura de Bartomeu. Pero bajo el titular repetido de que “Bartomeu ha arruinado al Barcelona”, sin tener en cuenta el impacto de más de 500 millones de caída de los ingresos por la Covid, no debería ignorarse, junto con la deuda y los contratos millonarios como el de Messi (135 millones brutos) al que Laporta no se ha atrevido a hacer frente, esa otra herencia que, por lo que se ve, el periodismo afín al laportismo tiene prohibido ni siquiera nombrar.

De acuerdo, se da por hecho que el castigo reputacional contra cualquier periodista que defienda a Koeman o atribuya al club simplemente que se haya realizado un buen trabajo de cantera supone una vergüenza y un riesgo que nadie está dispuesto a afrontar. Y si no, que se lo pregunten a Lluís Canut, periodista de TV3 que por escribir dos verdades sobre el ‘pistolero’ Enric Masip, asesor del presidente, fue insultado y vejado por el propio Masip en su casa, TV3, con el indigno y vergonzoso colaboracionismo de la redacción y la complicidad del director del programa Onze, Xavi Valls.

No puede extrañar, ante ese régimen totalitario en el que la política y la propia televisión de Catalunya están dispuestas a actuar sin contemplaciones, que la realidad del FC Barcelona se haya de explicar sólo en clave de éxito de Laporta, sea cual sea la circunstancia y el momento.

Con la victoria sobre el Levante, el aparato de la realidad virtual se puso en marcha para prescindir de la figura de Koeman, prescindir del pasado y, como describe el primero de los laportistas, Lluís Mascaró, las promesas heredadas de Bartomeu “representan el espíritu de esa revolución que prometió el presidente al final de la pasada temporada”. Increíble.

También se manipula con una perversión denunciable hasta los hechos más contrastados. El equipo ganó al Levante gracias al trabajo de todos durante 75 minutos antes de que entrase Ansu Fati, objeto como ya se ha explicado de una operación de márketing orientada a presentarlo como un ‘fichaje’ de Joan Laporta. Por eso se le dio el dorsal de Messi y por eso está atada con su representante y amigo personal de Laporta, Jorge Mendes, la renovación muy al alza de un futbolista que hace un año fue blindado por Bartomeu con cuatro años de contrato y una cláusula de 400 millones de euros. La portada del Sport del martes fue “Renovación urgente de Ansu Fati” como si mañana pudiera escaparse un futbolista que ha estado más de un año sin jugar.

Lo dicho, en dos días parecerá que Fati es ‘patrimonio’ de Laporta por la sencilla razón de que le debe a Jorge Mendes una renovación donde pueda pellizcar lo suyo por los servicios prestados y porque así se entierra también la herencia de Bartomeu. El mismo medio justifica la renovación: “El club quiere mejorar la ficha del jugador, una de las más bajas de la plantilla tras su explosivo regreso ante el Levante”.

O sea, el mismo argumento con el que se le blindó el año pasado, eso sí antes de que Fati cambiara de agente. Hoy parece un héroe y mañana puede ser una víctima de lo que sólo es una doble operación de imagen y económica a favor de su agente.

Igualmente, la verdad seguirá siendo que Fati es una ‘herencia’ de Bartomeu. Se mire por donde se mire. Como tantas otras cosas, incluida esa nueva generación ilusionante, la generación Covid para que no se la atribuya nadie.

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