Laporta tolera el desprecio a la prensa de su ‘peñista’ favorito

Rosendo Romero, de la Penya de Palos de la Frontera (Huelva) y directivo del club, protagonista de una escena vergonzante para el barcelonismo

Joan Laporta y Rosendo Romero

No ha podido ser más esperpéntica, surrealista y vergonzosa la visita de Joan Laporta y de parte de su camarote a Palos de la Frontera -miércoles y jueves-, invitado por el presidente de la “penya” barcelonista de esta localidad onubense, Rosendo Romero, un histórico y aislado peñista que ya fue, en sus tiempos, un fiel escudero de Núñez y luego de Laporta durante la parte final de su mandato, beneficiándose del privilegio de una relación personal, amistosa o de amistad según se mire, gracias a la cual pudo celebrar y organizar, como esta semana, actos con la presencia del presidente, en Huelva. Laporta era entonces tan capaz de acudir a esos actos de Rosendo Romero como al mes siguiente negarse a participar en el Encuentro de Penyes del Barça de Andalucía, con el consiguiente enfado y malestar del colectivo de “penyes”.

Cuando Laporta ha vuelto a ser presidente, Rosendo Romero ha sido nombrado miembro de la Comisión Social del club, otra vez, recuperando ese poder que nunca le confirió ni la Federación de “Penyes” Barcelonistas de Andalucía, Ceuta y Melilla ni tampoco la directiva de Rosell o de Bartomeu y mucho menos la Confederació Mundial, creada en 2015, precisamente para evitar este tipo de situaciones, amiguismos, trato de favor y de influencias. Ha sido, en su caso, la recompensa por haber movido firmas durante la campaña y por la tradicional ‘hospitalidad’ gastronómica, mariscadora y fiestera, legendaria, de Rosendo Romero.

En agradecimiento compulsivo y descontrolado de esos galones, pues ha sido nombrado delegado social de la junta para Andalucía, Rosendo protagonizó una de las escenas más desagradables e inaceptables, degradante para el barcelonismo, de los últimos años, cuando la prensa se acercó a Joan Laporta y él se enfrentó a los medios gritando y aleteando las manos con la intención de echar a los periodistas, a los que calificó de ‘palomos’. Por las formas y la imagen podría deducirse que no estaba en las mejores condiciones a esa hora todavía temprana de la tarde.

Las cámaras registraron el momento, deplorable, en el que incluso el presidente hace un tímido amago de calmar al excitado Rosendo, que es directivo del FC Barcelona.

En el reglamento de la Confederació Mundial de Penyes, a la que teóricamente pertenece su “penya”, esa Confereració independiente que Laporta pretende socavar y reducir a cenizas, ser directivo de comisión es incompatible con seguir ostentando un cargo de presidente de “penya”, pues se considera que no se puede ser, por decirlo de algún modo, representante del FC Barcelona y verse en la tesitura de abordar alguna problemática con las “penyes”. Rosendo Romero, evidentemente, se ha pasado por la espalda esta más que conveniente premisa y condición estatutaria y ha actuado en contra de la letra y del espíritu de ese reglamento, es decir, aprovechándose de su condición de directivo para atraer a la directiva a su propia “penya”, un disparate, una irregularidad y un ejemplo de favoritismo, sobre todo un ejemplo de lo que no cabe en la estructura de la Confederació.

Lo peor es que el acto no se correspondía, como ha querido justificar comunicación del club y algunos medios, con ninguna iniciativa de la Federación Andaluza de “Penyes”. Era, simplemente, una exigencia de Rosendo Romero, particular y a beneficio únicamente de su “penya” y de su pueblo, una invitación a la que Laporta se negó a asistir en un primer momento. La insistencia del personaje, que le recordó todo lo que había ‘trabajado’ a su favor en campaña, motivó que Laporta accediese finalmente y bajo presión a emprender el viaje.

Inoportunamente, más que nunca, el viaje coincidió con el momento más agudo de la crisis de su relación con Koeman, motivo por el cual la prensa de Barcelona viajó a Palos de la Frontera, sorprendiendo a un presidente descolocado y muy lejos de donde más se le necesitaba. La distancia y el entorno festivo en el que se encontró, pues a las tres de la madrugada la cena no había terminado aún, influyó en el mensaje de Laporta al comunicado de Koeman, de enfado y de subirse por las paredes, jaleado por su ‘camarote’. Por eso este jueves por la mañana se daba a Koeman por sentenciado, mientras que el propio Laporta al mediodía se dejaba entrevistar por el programa de Florentino Pérez, El Chiringuito, dejando un discurso más conciliador y su deseo de hablar con Koeman en el vuelo de vuelta desde Cádiz este viernes.

El viaje a Palos de la Frontera, el primero que Laporta realiza para personarse en un acto de “penyes”, ha evocado el que hizo hace once años Sandro Rosell a Extremadura, al poco de ser presidente, a un encuentro de “penyes” al que se había comprometido a asistir si resultaba elegido presidente. La decisión obtuvo de la prensa catalana una crítica agria, hiriente y generalizada por el hecho de haber escogido “penyes” fuera de Catalunya como primer destino. Es la misma prensa que ahora, en circunstancias realmente críticas, no ha levantado un dedo, ni se le ha ocurrido hacerlo porque Joan Laporta se haya estrenado en Huelva. Exactamente lo mismo.

Desde luego es una legítima y libre decisión. La diferencia estriba en la demostración de que el entorno mediático laportista lleva años operando y conspirando contra todo aquel que no representa al aparato político, económico y mediático que desde 1997 convirtió a Laporta en el anticristo de Núñez y de todo aquel, sea Rosell o Bartomeu, que impida su control del club. Las evidencias no dejan lugar a dudas.

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