Puigdemont da por amortizada la Asamblea Nacional Catalana

El presidente del Consell per la República, que ya hace tiempo que no confía en Òmnium Cultural, pretende ahora que el organismo que dirige desde Waterloo ocupe el espacio de la ANC

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) ya no sirve a los intereses políticos y partidistas de Carles Puigdemont. El ex-presidente de la Generalitat y actual presidente de JxCat y del Consell per la República Catalana (CRC) quiere que este último organismo ocupe el espacio que ahora representa la entidad que dirige Elisenda Paluzie. Por este motivo, el CRC está haciendo un esfuerzo de implantación en Cataluña creando consejos locales que pretende que se extiendan por todo el territorio. Los consejos locales que se han ido creando –unos cuarenta- están formados en buena parte por personas que militan simultáneamente en la ANC y el Consell per la República. Puigdemont pretende que su Consell acabe absorbiendo las organizaciones territoriales de la ANC y asumiendo su papel de liderazgo en la reclamación de la independencia de Cataluña. La otra pata no política de este proceso de reivindicación independentista -Òmnium Cultural- ya hace tiempo que no goza de las simpatías del ex-presidente de la Generalitat, ya que considera que está decantada a favor de ERC.

Puigdemont ve venir que la manifestación central de la Diada, convocada exclusivamente por la ANC, puede resultar un fracaso relativo, sobre todo en comparación con las de años anteriores. La del año pasado reunió apenas 60.000 manifestantes, repartidos por las concentraciones que se hicieron a varias poblaciones. Pilar Rahola, portavoz de Puigdemont a TV3, ya advirtió en el programa Tot es mou que la Diada de este año será un fracaso. De hecho, puede ser la tumba de la Asamblea Nacional Catalana, cuya presidenta dijo en la SER, este lunes, que «tenía ganas locas» de dejar el cargo. El Govern ha echado una mano de última hora para facilitar la asistencia a la manifestación anulando a partir del día 10 las normas de seguridad sanitaria que prohibían las concentraciones masivas.

En la línea de dar por terminada la aventura dela ANC hay que interpretar, también, unas declaraciones recientes de la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, alineada con Puigdemont, donde afirmaba que hace falta «una nueva vía que transite y avance hacia la independencia desde la unidad». La actual dirección de la ANC ve la mano del presidente de JxCat detrás de las bajas que se han producido en los últimos meses de secretarios nacionales y coordinadores de la Assemblea.

La ANC nunca ha dado a conocer de forma fiable su número de asociados. En 2018 el censo de afiliados con derecho a voto era de 37.396 personas. Queda lejos de los cerca de 120.000 socios que tiene Òmnium Cultural. El Consell per la República Catalana contabilizaba 98.628 miembros este jueves 10 de septiembre, lejos del millón que reclamaba Puigdemont cuando se creó este organismo. La marcha de Clara Ponsatí, que era miembro del Consejo de Gobierno de esta entidad tal como lo es Elisenda Paluzie, ha arrastrado más abandonos, que no se contabilizan, sin embargo, en su portal.

Paluzié tiene unas «ganas locas» de dejar la presidencia de la ANC y Puigdemont tiene unas «ganas locas» de cerrar su chiringuito.

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