Opinar se ha convertido en un deporte de riesgo para el diario ‘Sport’

Su director, Lluís Mascaró, destaca como referente de la defensa ciega del ‘laportismo’ como única visión de la realidad del Barça

Portada del diario 'Sport' del pasado 1 de septiembre

La opinión mediática en el mundo del Barça debe ser, desde luego, libre e independiente sobre una base de valores periodísticos comúnmente compartidos, como debe ser el debido respeto a la institución. Esta podría ser una definición sobre cómo afrontar la responsabilidad de escribir una columna diaria, como director, de un medio con penetración y popularidad en el ámbito del entorno barcelonista. El director del diario Sport, Lluís Mascaró, designado para el cargo no hace tanto, este mismo verano, no parece responder, sin embargo, a ninguna línea editorial que no sea la de justificar día tras otro lo injustificable, sobre todo cuando se trata de tapar los enormes huecos y los desperfectos ocasionados por la actual junta directiva y de un presidente como Joan Laporta al que sirve con una más que incomprensible actitud de escudero, tan fiel y tan leal como insensata, desconcertante y sin coherencia alguna. Para evitar el ridículo diario de su columna bastaría, no debe de ser tan complicado, repasar simplemente lo escrito el día anterior.

Por poner sólo un par de ejemplos, el día 1 de septiembre, tras el cierre del mercado, Mascaró firmaba el siguiente texto, exultante por la inesperada noticia del traspaso de Griezmann: “El regreso de Griezmann al Atlético es la confirmación de un gran fracaso. Es el punto final a una historia de decepción absoluta. El delantero francés fichado hace dos años no ha rendido jamás al nivel que se esperaba. Comprado por un desbocado Bartomeu a precio de estrella (costó 120 millones de euros) y con el segundo mejor sueldo de la plantilla solo por detrás de Messi (50 millones brutos por temporada), Griezmann no se ha adaptado nunca al Barça”. O sea, afirmaba que el salario del francés era de 50 millones brutos por temporada lo que equivaldría a un coste, por las cinco temporadas de su contrato de 250 millones.

Tres días después, el 4 de septiembre, su diario había tenido acceso, con todo detalle, a las condiciones del contrato de Griezmann negociado por Bartomeu. Una información destacada en portada, calificada con todos los honores de exclusiva, y acompañada del correspondiente artículo del mismo director en el que podía leerse su comentario: “La realidad es que Griezmann ha percibido solo 46,5 millones de euros (siempre brutos) por dos temporadas. Unas cifras, sin duda, importantes pero que se alejan bastante de las barbaridades que se habían especulado. Con la publicación, en exclusiva, de su contrato se cierran todos los rumores y las interpretaciones interesadas. Valoren ustedes mismos, queridos lectores. Aquí tienen las pruebas…”, dejando a sus lectores con el contenido de un informe que, efectivamente, concretaba que la media del salario de Griezmann podría llegar a ser de 28 millones de euros brutos anuales en el mejor de los supuestos y variables aplicadas, incluidos los bonus por títulos colectivos e individuales.

Absurdamente, como queda constatado, el primer responsable de un periódico que se jacta de barcelonista y de pisar tierra firme cuando se trata de informar, había puesto al pie de los caballos a Bartomeu acusándole de haberle firmado un contrato disparatado e irresponsable de 250 millones. Afirmación incierta, falsa, interesada y manipulada que él mismo había utilizado para subirse a ese tren desbocado de ese laportismo sin futuro que sólo consume, como combustible, el maltrato sistemático al pasado, aunque sea también, regularmente, basado en mentiras y reproches sin base ni fundamento demasiadas veces.

La crítica a la crítica debería inspirar un cierto sentido de autoanálisis no sólo del director del diario Sport sino del colectivo que, como él, ha consolidado un discurso descontrolado sobre la real situación del club que puede ser medida y analizada con precisión sin necesidad de recurrir a creerse o inventarse cualquier rumor que circula endemoniadamente por el entorno.

Aún así, a la vista de los reales parámetros del contrato de Griezmann, hay quien sigue afirmando que el jugador francés tenía firmados 170 millones, techo que sólo podría haber alcanzado si el Barça hubiera ganado cada año la Champions y Griezmann hubiera sido Balón o Bota de Oro. Ojalá hubiera sido así. No lo es, Griezmann tenía firmados esos 28 millones brutos de media. Y punto, como reconoce finalmente el propio Lluís Mascaró, después de haber escrito y afirmado que era el segundo salario después de Messi. Falso también.

Pero para entender la toxicidad del entorno mediático del Barça vale la pena profundizar en cómo las gasta uno de sus líderes y referentes, Lluís Mascaró. A propósito de la renovación de Leo Messi, el director del diario Sport suscribía esta opinión el día 3 de agosto pasado: “Messi y Laporta han conquistado el primer título de la temporada. La renovación de Messi es la mejor noticia para los culés de todo el planeta. Más que cualquier victoria. Porque es un triunfo de lo que representa el ‘més que un club’: compromiso y amor a los colores blaugranas. Laporta hizo lo más difícil: convencer a Messi para que continuara en el Barça».

«Después llegaron las negociaciones para renovar, que se han prolongado hasta hace unas horas. Tampoco fueron sencillas, porque se trata de un contrato de enorme complejidad. Solo queda la firma oficial del acuerdo, que depende de que el presidente consiga rebajar la masa salarial para inscribir al crack argentino con su nueva ficha. El esfuerzo económico que hace Messi para seguir en el Barça (cobrará la mitad y alargará su vinculación hasta el 2026) es tan importante como el que hace Laporta para retener al mejor futbolista del mundo y de la historia. La situación financiera del club es dramática, mucho peor de lo que se piensa, y conseguir que Messi siga es, en las actuales circunstancias, un gran éxito. De hecho, la continuidad de Messi era una promesa electoral que el nuevo presidente ha cumplido. No sin dificultad. Pero que ha cumplido”.

No hace falta decir que, como le suele pasar de forma recurrente, se había creído a Laporta y a los suyos, se había tragado el cuento aún sabiendo que la lógica de la matemática de los datos de la negociación cerrada con Messi (200 millones por dos temporadas) y la normativa de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) hacían increíble e imposible su renovación.

No pasa nada. La coherencia y el rigor no forman parte del día a día periodístico de este medio y de tantos que, en materia laportista, siguen instalados en la ficción. Mascaró ha zanjado hace poco la ‘renovación’ de Messi con un artículo de hace apenas unos días, 4 de septiembre, con esta reflexión: “A Laporta nunca le ha temblado el pulso a la hora de hacer limpieza en el vestuario. Trece futbolistas salieron en el 2003 (entre ellos Riquelme y Frank de Boer), diez en el 2008 (con Ronaldinho y Deco como grandes sacrificados) y quince en el 2021 (destacando, por encima de todos, Messi y Griezmann). Grandes estrellas del Barça y del fútbol mundial han sido víctimas ilustres de estas renovaciones tan drásticas, en una clara demostración de que el presidente apuesta por el proyecto por encima de los nombres”.

Sólo cabe suponer, benévolamente, que la admiración por el presidente Joan Laporta y por su obra responde o a un sentimiento personal o a una defensa, discutible, de los intereses de su periódico. Cabe suponerlo.

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