La mesa de Babel

Superada la travesía de agosto, que se inició con el adiós de Messi y terminó con la crisis de Afganistán -Mientras, el precio de la luz se subía por las paredes …-, encaramos el mes de los coleccionables con todas las miradas depositadas encima de la mesa de diálogo. Dicen que la mesa más ufana de todas las mesas que se hacen y se deshacen se celebrará este mes. Como cuando te hablan muy bien de un libro o de una película, veremos si con tantas expectativas al final nos decepcionará o no. Desde que los ‘peras’ acordaron que una mesa ayudaría a resolver el lío catalán, ha llovido y granizado mucho. Queda claro que a Junts le incomoda la mesa y, supongo que por eso, se ha pasado agosto ninguneándola. Otros han destinado este tiempo a ponerle puertas a la mesa: ERC pidiendo la Luna y los socialistas ofreciendo el cesto, y la CUP reclamando los «dos huevos fritos» de los hermanos Marx.

El sainete me recuerda a la bíblica torre de Babel. Después del diluvio universal, los humanos pretendían llegar al cielo por la vía rápida de construir una ciudad vertical en Babel. Por lo que sea, el proyecto no gustó a Dios, que frustró la idea de los descendientes de Noé multiplicando el número de lenguas de los constructores, haciendo imposible que se pudieran entender entre ellos, lo que detuvo la construcción y dispersó la humanidad por todo del mundo. El castigo divino de la torre de Babel parece haber caído también sobre la mesa de diálogo. Como la torre, en la mesa de Babel se hablan muchos (¿demasiados?) idiomas y la comprensión es absolutamente imposible. Lo que unos ven blanco, es negro como el carbón para los demás y así deshaciendo.

Creo que la mesa, las mesas de diálogo, es y son necesarias sean cuales sean las circunstancias, en este caso del todo adversas. Tiramos de tópico, pero es cierto que el ‘no’ a las diversas y dispersas demandas ya lo tenemos. A partir de aquí, ya se verá. En las mesas de diálogo se tiene que ir, pero, con la voluntad de ceder, es la única manera posible de llegar a acuerdos. Así, si se busca el éxito, que cada vez lo dudo más, las distintas partes de la mesa deberán o deberían ceder en algún precepto, todo con idea de llegar a buen puerto, y eso no siempre y casi nunca es bien recibido por las respectivas parroquias. Pero, señores, esto es la política. Con posicionamientos inmovilistas es muy difícil o imposible cerrar una buena negociación. Sabemos que a la mesa de negociación le bailan algunas patas. Veremos si nuestros políticos son capaces de calzarlas bien.

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