Los números del aparato laportista tampoco cuadran

Los articulistas activados para salvar y justificar al presidente por la patada a Messi siguen quitando de la ecuación los 500 millones de menos de ingresos por la pandemia

Joan Laporta
Joan Laporta

Roger Vinton, pseudónimo de un escritor catalán, ha dejado escrito en el diario digital Via Empresa un relato esperpéntico y surrealista de la actual situación del FC Barcelona en el que denota, sin complejos, esa pasión por el neolaportismo, como si su figura encarnara la fusión de la grandeza de un general napoleónico y la visión macroeconómica de un premio Nobel. 

Un acto de servicio reclamado de urgencia por ese ejército del soberanismo a favor de ‘salvar al soldado Laporta’ puesto en marcha tras el enorme fracaso de perder a Leo Messi, la principal y única “hazaña” del candidato, el único, con la capacidad de conseguirlo. Esa era, se quiera o no, su gran baza, la piedra angular de una nueva gestión que había de recuperar para el FC Barcelona la ilusión con un Messi renovado y a gusto, motivado y liderando un superpoder futbolístico a base de fichajes como Halaand o Mbappé, rendidos a la potencia financiera y económica mágicamente recuperada por el nuevo presidente.

Para alguien como Joan Laporta, en un mundo mediático sin pasado y sin memoria, amnésico de sus fechorías como presidente entre 2003 y 2010, bastaba con chascar los dedos. 

No ha pasado medio año y, sin embargo, el mismo aparato que de lo llevó a la presidencia, responsable también de promover el voto de censura y de orquestar la mayor campaña de desprestigio contra un presidente como Josep Maria Bartomeu ya se ha puesto el chaleco salvavidas y activado un plan de emergencia, entre ellos dictarles artículos a plumas como la de Roger Vinton bajo el título “Un club en ruïnes: la insofrible herència de Bartomeu”.

El autor fantasea y delira sobre el cataclismo del pasado con Rosell y Bartomeu como si la primera presidencia de Joan Laporta hubiera sido un modelo de independencia, rigor, respeto a los socios, transparencia y esplendor económico no sólo para los pocos afortunados que cerraron negocios millonarios con Uzbekistán.

Roger Vinton se cita a sí mismo para refrendar esas sospechas de conspiración encaminadas a convertir el Barça en sociedad anónima por parte de ese eje Rosell-Bartomeu. “En medio de un clima enrarecido en el país, donde algunos partidos con mucho peso parlamentario parecen extrañamente alineados con los intereses del Estado, todo puede ser posible. Por un lado, tenemos las relaciones espurias de Josep Maria Bartomeu y Sandro Rosell con determinados aparatos o pseudoaparatos del Estado, que incluyen un oscuro pacto con la Fiscalía del Estado por el caso Neymar y un inverosímil flujo de dinero entre el club y entidades vinculadas a la plataforma catalanófoba Sociedad Civil Catalana. Por otra, la aspiración rosellista de desmutualizar el club y transformarlo en una sociedad anónima, un afán que en 2010 ya parecía rondar por la cabeza de Rosell y que es patente en su entorno personal. Sobre el asunto de la eventual transformación del Barça en sociedad anónima, hablaremos más adelante en este mismo artículo porque será uno de los temas estelares de la vida azulgrana en los próximos tiempos”, escribe Roger Vinton.

Sobre esta línea de pensamiento resulta curioso comprobar que el perfil del barcelonista atormentado por esta reiterada alusión proviene de personajes claramente muy por debajo, a una distancia abismal, de los éxitos empresariales y profesionales tanto de Rosell como de Bartomeu, que no han tenido necesidad de aprovecharse del Barça ni para sus negocios ni para su prosperidad. Que Roger Vinton, como tantos otros que necesitan del poder y de la grandeza del Barça -sirva de ejemplo paradigmático la trayectoria del presidente Joan Laporta-, para el sustento personal y para mejorar un poco su nivel de vida permite diagnosticar lo que parece dibujar un cuadro de complejo de inferioridad.

El seguidismo ciego de esa línea de defensa se manifiesta también en la parte en que se refiere a la puñalada del presidente a las “penyes” -si es capaz de traicionar a Messi cómo no se va a atrever con un colectivo indefenso-, aplaudida como si esa decisión caudillista y totalitaria  también fuera el indicio de esa atribuida infalibilidad a la gestión del presidente. “La red ‘penyística’ del club también ha sido protagonista de las primeras decisiones de la nueva junta por el recorte que se ha planeado aplicarle. Tiene que quedar bien claro que cualquier medida que contribuya a limpiar rincones de corrupción en el perímetro del club tendría que ser bien vista por la masa social barcelonista”, afirma Roger Vinton.

 

El artículo, guionizado para que el conjunto del aparato funcione como una máquina perfectamente engrasada, añade las mismas cifras dadas por Laporta en su última rueda de prensa y concluye lo mismo: “Nadie puede dudar de que el único culpable de la marcha del astro argentino es el ex-presidente Bartomeu, y si tenemos que imputar alguna responsabilidad a Laporta sería la de no ser del todo consciente de que el fútbol ha cambiado mucho desde su primera etapa y que hoy en día los criterios financieros están por encima de los deportivos y de los emocionales, y también que la figura del presidente ya no es la cúspide de la pirámide”.

También es revelador que de todas las cifras y cálculos aportados sobre el estado de quiebra en el artículo no se haga referencia a los 500 millones que el FC Barcelona ha dejado de ingresar desde la pandemia. Es hacerse trampas al solitario y escribir desde un extremismo y desde una voluntaria ignorancia que quizá tenga que ver con que desde ahora los amigos del presidente vuelvan a vivir más felices y a divertirse como en los viejos tiempos.

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