¿Por qué a la junta de Laporta se le cae el Camp Nou encima?

El Camp Nou
El Camp Nou

Joan Laporta ha conseguido, gracias a una prensa servil y anestesiada, que cualquier filtración interesada y perversa pueda convertirse en una noticia capaz de provocar terror y preocupación, hasta el punto de hacer temer por la vida de los socios. Así sucedió con la alarmante noticia de la reparación urgente de 190 puntos de degradación del hormigón del Camp Nou, con un coste de 1,8 millones de euros. Afirma la nueva junta que gracias a su intervención se evitó una tragedia de innumerables e irremediables consecuencias.

La realidad es que el análisis de patologías de la estructura del Camp Nou, que en ningún caso está en peligro, se realizó en 2019 por iniciativa de Jordi Moix, responsable de patrimonio de la junta, con resultado de la necesidad de varios cientos de reparaciones, algunas más urgentes que otras. El análisis formaba parte del plan regular de mantenimiento de las instalaciones y de un nuevo argumento para iniciar, cuanto antes, las obras del Espacio Barça, aún pendientes en ese momento de las impugnaciones de la CUP y de algún vecino de las Corts.

Las reparaciones se programaron para las temporadas 2019-2020 y 2020-2021, de acuerdo con un plan de recursos aprobado por la junta. Fue en este momento, al decaer los ingresos por la pandemia y tener que cerrar el estadio, cuando se suspendieron las reparaciones. Se retrasaron en base a dos cuestiones: la falta de tesorería provisional y la posibilidad de hacerlo porque el público no podía entrar en el estadio. Cuando la junta de Bartomeu dimitió en octubre de 2020, la programación, prevista para el retorno de público en el Camp Nou en febrero de 2021, quedó en manos de la Comisión Gestora y después de la nueva junta directiva. Ni la Gestora ni la nueva Junta se pusieron al trabajo hasta que se les permitió abrir el Camp Nou para el primer partido de Liga.

Para los recién llegados, algunos con la experiencia del primer mandato, ha sido un descubrimiento esta necesidad de hacer trabajos de acondicionamiento por la sencilla razón de que, a partir de 2005, cuando la junta de Laporta se quedó sin la presión del equipo directivo de Rosell, nunca más se ejecutaron las obras de mantenimiento mínimas.

Laporta anuló en ese momento las obras de la nueva Masía de jugadores y las obras pendientes de la Ciudad Deportiva. No puso ni un ladrillo ni reparó el deterioro y el desgaste del Camp Nou. No era prioritario. Mejor comprar terrenos en Viladecans, eso lo tuvo claro. Tanto que, cuando Guardiola se llevó al primer equipo a la Ciudad Deportiva, se tuvo que correr para acondicionar los vestuarios deprisa.

En cambio, cuando la nueva junta de Rosell fue elegida en 2010, rápidamente se terminaron las obras de la Ciudad Deportiva y pudo inaugurarse el edificio de la nueva Masia. Con vistas al Espacio Barça, se adquirieron terrenos para el nuevo Miniestadi, se aceleró una Modificación del Plan General Metropolitano (MGPM) de la zona y se promovió el gran proyecto. La MGPM de Barcelona que finalmente ha visto la luz ha costado cinco largos años de trámites urbanísticos hasta conseguir el pleno acuerdo con el Ayuntamiento de la ciudad.

Además, en esta etapa Rosell-Bartomeu se acondicionaron aseos y accesos; se corrigió la circulación interna del estadio; se levantó el Auditorio 1899 y la nueva Oficina de Atención Personalizada (OAP), además de acometer las obras del acceso 14 y la mejora de la estética del edificio de Travessera de las Corts con Arístides Mallol, hoy finalmente expropiado para derribarlo como elemento a desaparecer clave en la concepción del Espacio Barça. Todo ello sin contar con la construcción del Miniestadi Johan Cruyff, en Sant Joan Despí, y la habilitación de un anillo interno del Camp Nou, que permitirá la ejecución de las obras del Espacio Barça. También se han ampliado las dimensiones de la entrada del túnel de Travessera de las Corts.

Este compendio de actuaciones convierten en mezquina y vergonzosa la manipulación sobre las reparaciones pendientes, precisamente detectadas gracias a un informe de 2019 del equipo de Jordi Moix con la previsión de tener el estadio al día. Pretender hacerla pasar por una junta despreocupada en materia patrimonial sólo está al alcance de personas desaprensivas, rencorosas y en cierto modo muy desorientadas.

Los nuevos responsables directivos, estos que del Barça saben lo justo o menos que la mayoría, han demostrado nuevamente este bajo nivel de conocimientos y, sobre todo, esta compulsiva reacción de atacar a la junta anterior como su única estrategia al frente del club. Y es realmente así, un recital continuo de ignorancia y mala fe. Es el sello inequívoco de la actual directiva de Joan Laporta.

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