La directiva hace el ridículo reservando 4.500 invitaciones para el debut en casa

Los socios sólo han confirmado 15.000 asientos, la mitad de la oferta, en un plan de 'ticketing' que ya pertenece al pasado

El Camp Nou
El Camp Nou

La nueva junta directiva del FC Barcelona ya ha comenzado, en el ámbito del ‘ticketing’, a actuar como en los viejos tiempos de su primer mandato en el club. Como primera medida, se ha reservado para compromisos propios el 15% del total de las entradas -según el aforo autorizado- para el primer partido de Liga de este domingo, ante la Real Sociedad, en el Camp Nou.

El total de las entradas disponibles es de 29.803 espectadores, lo que significa que casi 4.500 irán destinadas a invitaciones de uso personal de la directiva; a esa legión de amigos, conocidos y ‘parásitos’ del barcelonismo que, sin ser socios, se benefician del abuso de autoridad y los excesos del conjunto de directivos a favor de sus chanchullos y beneficio personal.

Nunca se había producido una reserva de esta dimensión, la cual, si se hace extensiva a la totalidad del aforo, sería de 15.000 entradas. Está claro que, llegado el momento, no se podría producir esta situación, sería ir contra la posibilidad de estos ingresos que tanta falta hacen en el club. La medida, en cambio, sirve para evaluar la dimensión de esta rémora de ‘paniaguados’ de la directiva de Laporta, los mismos que cuando el Barça jugaba una final disponían de entrada, desplazamiento y hotel si fuera necesario.

En su mayoría, no son socios ni realmente barcelonistas quienes se benefician de esta hegemonía directiva, y de su necesidad de transformar su influencia dentro del club en favores que, después, tienen una correspondencia en la vida real. Este 15% se suele reservar para los compromisos comerciales del club en las finales o partidos fuera del Camp Nou de trascendencia extrema y, en efecto, para compromisos de protocolo institucional. En el anterior mandato de Joan Laporta este contingente era del 20% -en la práctica podía llegar a la mitad-, un límite que durante el siguiente mandato, con Sandro Rosell, se estableció en el 15%.

Sin embargo, no hay que descartar, como ha hecho con el código ético del club, cambios que permitan a Laporta repartir entradas por miles para continuar siendo, como a él le gusta, un personaje popular y aclamado por la calle. Llegó a repartir entradas con viaje y estancia pagados a personas que simplemente pasaban un rato con él, y también las repartieron sus propios hijos en la escuela, mientras miles de socios se quedaban sin entradas.

Otra cosa es que esta reserva inmensa, sorprendente y propia de quien no sabe lo que se lleva entre manos, esté en sintonía con la verdadera expectación que ha provocado en el barcelonismo abonado en el Camp Nou, ya que finalmente sólo se han solicitado 15.280 entradas para el debut del equipo de Ronald Koeman esta temporada. Guardarse 4.500 entradas se ha revelado inútil, ridículo y desproporcionado.

Por otra parte, existe la reventa oficial del club, en manos de agencias que adquieren entradas para todos los partidos del Camp Nou y las empaquetan, o al menos lo simulan, para su distribución y venta por internet como ‘agente oficial’. En este caso, también se ha comenzado el filtrado de aquellas que son serias, responsables y que garantizan una correcta actuación y servicio. El departamento de ‘ticketing’ ya ha despedido algunas agencias y ha reanudado el servicio con aquellas que, sospechosamente, revenden y revenden prácticamente sin ningún servicio añadido al máximo precio que pueden, es decir, que se dedican sin ningún rubor a la reventa con el permiso de los ejecutivos correspondientes.

Vuelve el mercadeo desnudo y crudo, el amiguismo y la opacidad a esta área del club con la diferencia de que no hay turismo, o muy poco; no hay entradas, o limitadas; y no está Messi para ‘venderlas’. Otra muestra de que la directiva de Laporta se refugia y hace una mala copia de su pasado para gestionar un tesoro que, en su tiempo, era una mina de oro, y que ahora exigirá profesionalidad, experiencia y crédito en la imagen y calidad del servicio.

Sin Messi, con las secuelas de la pandemia y la desafección del barcelonismo, se demostrará que aún sigue haciendo daño esta herida que dejó en su momento abrir el club a cualquiera que quiera darse de alta de socio; el ‘Gran Reto’ de 2004 que ya cambió a peor la tipología para un abonado que, en un 50%, no va nunca al Camp Nou y revende su localidad. Este mercado ya no existe, aunque el equipo ejecutivo de Joan Laporta se empeñe en trabajar como si todavía funcionara.

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