Hay esperanza porque hay alternativas

Porque ahora sabemos que otro mundo es necesario, urgente y es posible. Desde las primeras luchas globales contra la llamada globalización y el capitalismo depredador, el conocimiento, sensibilización de la ciudadanía y la lucha por ese otro mundo se nutre de los Foros sociales mundiales, iniciados en Porto Alegre en 2001, que han ido creciendo cada año por todos los países. En nuestro país salen en 2011 los herederos del movimiento con los «indignados» del 15-M y más tarde se organizan variadas plataformas y partidos políticos herederos de esta ideología.

Ahora, la pandemia ha hecho ver con claridad a mucha gente que hay que defender y mejorar los bienes y derechos que son comunes (de todas y todos, no sólo de la casta). El primero, la salud y la vida, los cuidados, el sistema sanitario, educativo, la cultura, la diversidad (de género, de raza, de cultura), la biodiversidad y la sostenibilidad del planeta, la calidad del agua, del aire y de los alimentos, las ciudades habitables, viviendas dignas y para todos, los trabajos dignos.

Las y los que han sido expropiadas y marginadas de este derechos y bienes, cada día son más conscientes, y son los que con sus reivindicaciones y luchas sectoriales están confluyendo en la evidencia de que el problema es global, es del modelo del mundo en que vivimos que ha sido fomentado por los que tienen el poder económico y político y su ideología

Los sin trabajo, parados de larga duración y precarios, los que son expulsados ​​de su vivienda, los que tienen hambre, los movimientos feministas, los que defienden el planeta, los jóvenes sin futuro, los que tienen sed de justicia, los que son perseguidos por que son diferentes… todas estas claman indignadas, a su manera y por sus problemas, por un cambio radical del mundo, porque creen que sí que hay alternativas y son necesarias, urgentes y posibles.

Lo primero es estar convencido y defender unos valores comunes, que son muy diferentes de los «valores» que nos han hecho creer interesadamente que son importantes, estos «valores» todavía muy hegemónicos en las sociedades desarrolladas, son los de los intereses de la casta dominante en los poderes: «lo importante es el crecimiento económico» (¿debe ser el de ellos?) aunque comporte depredar la naturaleza, desigualdades crecientes entre los humanos e injusticias, aumento de los determinantes negativos de la salud, hambre y miseria, violencia y guerras…

Como ejemplo de riesgos crecientes para la salud y la vida en el planeta tierra son bien evidentes este verano los episodios de catástrofes debidas al cambio climático: Inundaciones tormentas extremas, incendios forestales y otros episodios que considerábamos naturales en países lejanos del Pacífico, hoy se hacen presentes sorpresivamente en países del norte: en junio, en Canadá y Estados Unidos, incendios forestales debidos al calor extremo con daños nunca vistos; en julio, inundaciones debidas a tormentas torrenciales en Alemania, Bélgica, Países Bajos y Suiza, con 170 muertos y cientos de desaparecidos; y en agosto incendios forestales extensísimos, con calores extremos en el Mediterráneo (sobre todo oriental) Grecia, Turquía, Kosovo.

Todo esto por si no teníamos bastante con la pandemia multivirus del 2020-21… probablemente también con causas ambientales desencadenantes. Gaia se queja, nos avisa, hemos hecho daño a la naturaleza y a la vida y ahora toca pagarlo. Pero, atención, aquí también hay esperanza, porque sí que hay alternativas. Este mal lo hemos provocado la especie humana con nuestro modelo de «crecimiento» y de «vida», liderado por los intereses de unos cuantos. Por ello, si la mayoría quiere podemos revertirlo.

Nuestros valores tienen que ser muy diferentes: no creemos en el PIB para medir la calidad de vida, creemos en el crecimiento con conocimientos y saber de la mayoría, con igualdad, libertad y fraternidad (solidaridad), valores republicanos por cierto. Nos habían hecho olvidar la república. Considerando la naturaleza y su diversidad como intrínseca y necesaria para la supervivencia de la vida y la salud…

Debemos analizar todas las decisiones y acciones personales y de la sociedad en que vivimos bajo estos valores y criterios, (por ejemplo también el del aeropuerto del Prat) con la nueva ética del mundo que queremos reconstruir. Nos intentarán engañar con discursos interesados y cuanto esto no sea efectivo y peligren demasiado sus intereses recorrerán, de nuevo, a la violencia, incluso a la muerte si es preciso. La lucha por el nuevo mundo será larga y difícil, pero ya han empezado los primeros pasos y vendrán otros que seguirán el viaje, para que hay esperanza y además es posible.

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