Messi se va, Laporta se queda

El documental ‘Messi, el décimo arte’, que emitió recientemente TV3 se preguntaba: ¿Se puede poner al mismo nivel un réquiem de Mozart, la Gioconda de Leonardo da Vinci, la Sagrada Familia de Antoni Gaudí, el Guernica de Pablo Picasso o cualquiera de las sinfonías de Beethoven con un gol de Leo Messi? No me siento capacitado en ninguna de las materias que dominaban con pericia dichos genios para llegar a una conclusión justa. El documental venía a concluir afirmativamente. Mis conocimientos futbolísticos dejan mucho que desear. Todavía recuerdo las suplencias en el banquillo de cuando era niño, Dmitri Txigrinki era un crack a mi lado. Sin embargo, confieso que el juego del argentino me deja embobado. Aunque como todos los astros, la figura de Messi tiene claros y oscuros, admiro el personaje por tres razones: por cómo juega al fútbol, porque es un referente suficientemente sólido para las nuevas generaciones, y por su participación en el centro oncológico del Hospital Sant Joan de Déu.

Su abrupta ruptura con el Barça nos coge a todos con el paso cambiado. Al parecer, ya había decidido continuar, pero la precaria situación económica del Barça, entre otras razones, no lo ha hecho posible. Así, tras una longeva y fructífera trayectoria con el Barça, en las postrimerías de su carrera, debe mudarse a otro equipo. Lejos queda el asadito con el que el presidente Joan Laporta debía resolver la continuidad del jugador. No olvidemos que en gran parte Laporta ganó con holgura las últimas y recientes elecciones porque hizo creer al socio que él y sólo él estaba capacitado para garantizar la continuidad del jugador. Pues, ni él.

Con todos los matices que hagan falta, yo soy de los que piensan que la gestión de Josep Maria Bartomeu fue pésima, Laporta ha vuelto a engañar al socio. Recuerdo brevemente su reincidencia. El abogado ganó por primera vez la presidencia del Barça afirmando que tenía atado el fichaje de David Beckham, que en realidad ya había fichado por el Real Madrid. No sé cómo reaccionará ahora, pero es cierto que entonces improvisó con éxito, en gran parte gracias a Sandro Rosell, fichando a Ronaldinho. Así, el asunto Beckham no hizo fortuna y Laporta presidió una de las mejores etapas vividas por el FC Barcelona, y algún mérito debe tener. De todos modos, cuesta intuir ahora como resolverá esta vez Laporta, ya sin Rosell, la delicada situación en que queda el Barça. Un club empequeñecido por la covid y por la desacertada gestión de Bartomeu, que tenía a Messi como anzuelo publicitario. Sin Messi el Barça pierde prestigio. Y Laporta, prometiendo lo que no consigue, pierde crédito. Su suerte es que el Camp Nou aún no se puede llenar de gente, con sus respectivos pañuelos.

Laporta se quedó con Ronald Koeman sin quererlo; fichó a Kun Agüero para contentar a Messi, de quien finalmente ha prescindido; ha señalado como transferibles un grupo de jugadores que no se van ni con agua caliente; de Erling Haaland ya nadie se acuerda; ha fichado jugadores básicamente comprometidos por Bartomeu… Con estas credenciales, Laporta se sentará en el palco del Camp Nou. Todo ello, sin el maestro Johan Cruyff … En fin, Messi, ojalá que te vaya bonito. Gracias por todo y tanto.

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