¿Por qué empresarios israelíes hacen negocios con Laporta?

Joan Laporta, con Ronaldinho
Joan Laporta, con Ronaldinho

Las relaciones del actual presidente del FC Barcelona, ​​Joan Laporta, con empresarios israelíes no se reducen a las recientes informaciones que lo han relacionado con el agente de futbolistas -entre otras actividades- Pini Zahavi, que participó en la fuga de Neymar al PSG en 2017 y fue socio de Laporta antes de consumarse esta operación extraordinariamente lucrativa en forma de comisión.

El perdón de los pleitos abiertos con Neymar, que probablemente perjudican económicamente el FC Barcelona, ​​ha puesto de actualidad esta amistad de Laporta con empresarios israelíes, reforzada con la visita oficial del presidente azulgrana a Israel días atrás, acompañado del equipo Legends del Barça para disputar un partido contra las estrellas veteranas del Real Madrid. De ahí que la memoria informativa haya sacado a la luz otro episodio que sitúa a Laporta, el fútbol y los negocios, en este caso inmobiliarios, en el foco de otros empresarios de ese país.

El protagonista en cuestión es Jacky Ben-Zaken, propietario de los fondos que movilizó la sociedad Nadlan BCN, cuyo administrador es un testaferro de Ben-Zaken, Morris Moshe, ganador por sorpresa de una subasta de los dos últimos inmuebles que intentó vender la Generalitat hace seis años. Tanto Moshe como Ben-Zaken visitaron el palco del Camp Nou como invitados en aquella época.

Ben-Zaken optó en 2015 por invertir en España de la mano de Laporta, coincidiendo entonces con sus pretensiones de recuperar la presidencia del FC Barcelona en las elecciones de 2015. Fuentes inmobiliarias aseguraron que Laporta le aconsejó concurrir a la subasta de unos inmuebles de la Generalitat, una operación que luego salió rematadamente mal por lo que se ve.

Aunque inicialmente le fueron adjudicados a Jacky Ben-Zaken, el final de la historia fue la presentación de un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) contra la decisión de la Generalitat del 3 de noviembre de 2015, de dejar sin efecto la adjudicación de los edificios de Torre Muñoz -sede de Industria- y Sepúlveda -sede de Trabajo-, como una manera de recuperar los 15,8 millones que se habían dado como paga y señal por la compra los inmuebles.

Al parecer, Jacky Ben-Zaken perdió ese dinero porque no aportó el resto de los fondos hasta llegar a los 63,5 millones del precio total cuando correspondía. La Generalitat amplió el plazo hasta el 1 de octubre a petición del comprador. Pero cuando Ben-Zaken, a través de Laporta, pidió una segunda prórroga después de hacer esperar dos meses a la Generalitat, la Consejería de Economía se la denegó, y el inversor israelí perdió los 15,8 millones aportados.

Fuentes del sector inmobiliario atribuyen el cambio de postura del inversor, que preveía construir un hotel en la Torre Muñoz, situado en el Paseo de Gracia y junto a la Diagonal, porque la victoria de Ada Colau a las municipales y la aplicación de una moratoria hotelera generaban una incertidumbre que el comprador inicial prefirió no afrontar, de manera que perdió el dinero entregado inicialmente. No fue, por lo visto, un gran negocio ni una oportuna ni satisfactoria asesoría, la de Joan Laporta, aunque no ha trascendido si de aquel negocio quedaron deudas o promesas pendientes.

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