El Barça puede haber perdido más de 17 millones con Neymar

La paz judicial propuesta por Laporta encierra una letra pequeña que sólo beneficia al jugador y a quienes le ayudaron en su fuga al PSG

La decisión de cerrar los casos judiciales entre Neymar y el FC Barcelona pasará a la historia como uno de esos escándalos propios del talante y de los intereses personales del presidente Joan Laporta. Igual que en su día le dio por pagar 18’5 millones por unos terrenos en Viladecans, inservibles, o evitarse el aval de 2005 a base de una venta irresponsable y chapucera de los terrenos de Can Rigalt, en este verano de descontrol y nepotismo la liberación de los procesos de Neymar alimentarán esa galería de los horrores y de su negra historia de operaciones ruinosas para el FC Barcelona. Un sello de Laporta, inconfundible.

Se calcula que el FC Barcelona dejará de ingresar unos 17 millones de euros que, en opinión de los juristas, el ex-jugador debía abonar al club como resultado de su fuga y de la ruptura de un acuerdo de renovación firmado un año antes.

Las cuentas salen porque los tres litigios en el juzgado de lo social pintaban de cara para los intereses del club azulgrana, pues había sido relativamente fácil demostrar ante los tribunales que Neymar había sido, unilateralmente, el responsable de su decisión de abandonar el club habiendo cobrado parte de las prestaciones económicas de la temporada en curso, 2017-18. Con el agravante de haber ocupado una ficha y un puesto en el equipo dentro de las 25 posibles hasta prácticamente dos semanas antes de iniciar la Liga. Los responsables legales consideraban, en sus informes, que las razonables peticiones del club serían atendidas.

Por otro lado, la cuestión sobre los 47 millones reclamados al FC Barcelona por el jugador por el bonus de renovación que le tocaba cobrar ya fue objeto de una sentencia favorable al club en la primera instancia de la demanda civil planteada. Neymar había incluido en su renovación una prima-bonus de unos 60 millones como parte del acuerdo de continuidad. Cuando lo firmó, un verano antes de marchar, su interés y deseo eran cumplir un largo contrato y seguir muchos años en el Camp Nou junto a Messi y Luis Suárez.

Sin embargo, el Barça le dejó de pagar ese bonus en cuanto el jugador pagó la cláusula de libertad para irse al PSG, motivo y razón que los abogados del Barça esgrimieron para convencer al juez de primera instancia de que esa interrupción del pago por continuar en el club se sostenía desde el momento en que el propio firmante dejaba plantado al Barça.

Es por ese motivo, porque la primera sentencia desestimó la demanda del jugador, por la que los auditores no obligaron a la junta de Bartomeu a provisionar el riesgo de una sentencia condenatoria. Ese el criterio contable comúnmente adoptado, aceptado y aplicado en estas situaciones.

Las poderosas fuerzas mediáticas del laportismo, por el contrario, ya se lanzaron ayer a escribir que el presidente debía protegerse ante el riesgo de una sentencia contraria apuntando incluso que se había cometido una imprudencia al no provisionar esos 47 millones de la demanda.

Los especialistas no dejan de sorprenderse de la capacidad del periodismo afín a la actual junta directiva en convertir en una amenaza la sentencia favorable al club y en un amigo del Barça al enemigo que no sólo los dejó en la cuneta en la pretemporada, sino que encima demandó al Barça para que le pagaran por esa traición.

Una situación en la que, de pronto, sin venir a cuento, sin ninguna necesidad y sin argumentos legales, toca aplaudir a Laporta por evitar que el Barça pueda salir beneficiado de un contencioso con todo a su favor.

Ya se ha explicado que Laporta es amigo de Pini Zahavi, el intermediario israelí que participó en la marcha de Neymar, con el que tenía negocios hasta justo antes de esa operación. Y también que la paz con su amigo se ha hecho realidad a los pocos días de un viaje a Israel, en teoría para buscar patrocinadores. Nadie duda en el entorno de Laporta que los favores a sus amigos suelen ser la prioridad, como ya lo eran en su primera etapa de presidente a favor de agentes como él, Jorge Mendes o e productor Jaume Roures.

Como en otros casos, el Barça es el que sale perdiendo, más de 15 millones por Viladecans o 42 millones por Can Rigalt, eso sin contar por ejemplo con un caso parecido pero al revés como fue el de Sogecable que, con una sentencia adversa en primera instancia, su equipo de ejecutivos y asesores, Joan Oliver y Xavier Sala-i-Martín, lo contabilizaron como un ingreso a cobrar argumentando que ganarían el caso en segunda instancia. Lo perdieron, claro.

La osadía y la irresponsabilidad no parecen tener límite. Como siempre, además, en la letra pequeña del caso puede que el Barça le haya perdonado a Neymar, o cargado al club, como se prefiera, otros 10 millones. Ya lo sabremos.

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