Debate en torno al nuevo futbol base azulgrana

No se cuestiona el éxito de los últimos años sino el hecho de cambiar una estructura rentable y de gran funcionamiento

Acto de firma del nuevo entrenador del Barça B - Sergi Barjuan (Foto de Germán Parga/FC Barcelona)

La gestión del fútbol formativo, como ha ocurrido con las estructuras del balonmano, el fútbol sala, hockey patines y en parte el baloncesto, no ha pasado por lo que se ve el examen de los asesores, especialistas y colaboradores de Joan Laporta. 

La realidad, una vez más, derrota el relato, vencido por determinados criterios aplicados a la gestión que tienen que ver, sobre todo, con la necesidad de colocar a los amiguetes y evitar que haya testigos de las cosas que pueden llegar a pasar en áreas como la antesala del Barça B. El Barça, siendo presidente Josep Maria Bartomeu, rechazó una oferta de 150 millones de euros del Manchester United por Ansu Fati.

Puede considerarse y evaluarse todo desde el punto de vista del resultadismo y justificarlo todo. En el modelo formativo del FC Barcelona resulta evidente que si en el primer equipo esta temporada van a seguir Mingueza, Riqui Puig, Araujo, Ansu Fati o Pedri, y probablemente dos o tres más futbolistas en función de las bajas, el cálculo de ahorro estimado en fichajes puede alcanzar, mínimo los 100 millones de euros. Seguramente más si a alguno de ellos se les pone en valor de mercado como es el caso de Fati, que tiene gol, o el de Pedri, elegido el mejor en su puesto de la pasada Eurocopa y revelación del fútbol continental de la temporada pasada.

Medir el trabajo de García Pimienta en función de si asciende o no de categoría, o el de los juveniles por sus títulos no sólo es un error, simplemente es la excusa para cargarse a sus entrenadores y dejar espacio para cumplir con las promesas electorales. 

Resulta indiscutible que la aportación de la cantera azulgrana ha sido extraordinaria desde el único punto de vista posible que es el del aprovechamiento para la base del primer equipo, sea porque son de verdad jugadores de nivel o porque la situación de pandemia y la caída de los ingresos ha colaborado en que Ronald Koeman, un entrenador de los que cree y apuesta por los jóvenes, se haya sentido más cómodo en las decisiones adoptadas a favor de consolidar a los que vienen de abajo.

Además, el equipo gestor recién llegado ha podido culminar el trabajo realizado para que, por ejemplo, el austríaco Yusuf Demir, promesa goleadora del fútbol, haya podido llegar cedido entre otros con posibilidades. Balde es otro de los jóvenes que viene empujando imparable.

Sin entrar en el caso de Ilaix Moriba, de negociación contractual, la dirección técnica ha cerrado buenas operaciones por las ventas de jugadores como la de Konrad o Sergio Akieme entre otros, traspasos que por sí mismos ya financian buena parte del coste de la cantera y de la Masia, entendida como un proyecto integral de formación deportiva y social única en el mundo. 

Por no hablar de los casos de Collao o de Rey Manaj, el goleador del primer amistoso, dos futbolistas que se han rebelado ante los planes iniciales del cuerpo técnico y del club que, prioritariamente, los prefiere traspasados a la vista de la situación de gravedad financiera extrema.

El debate, por tanto, no se debe extender a si la gestión de la base ha sido la correcta, eso parece indiscutible. Lo que sí puede cuestionarse es si cambiar lo que funciona no es la peor de las políticas posibles sólo porque los intereses y compromisos de directivos y altos cargos pasan por delante de los criterios de una estructura formativa que debería ser, por definición, una estructura del club por encima de quien gobierna. 

Ha quedado meridianamente claro y demostrado, sobre todo a partir de la gran explosión de la cantera al final de la primera década de este siglo como una seña de identidad del FC Barcelona, no sólo futbolística, también por el conjunto de su peso esencial en el estilo, el dominio del juego y la exigencia de los socios y aficionados barcelonistas de cultivar esa identidad única a través de la cual ha dominado toda una década del fútbol mundial.

Como está sucediendo, equívocamente, desde que Joan Laporta es el nuevo presidente del FC Barcelona, las decisiones de carácter técnico en las diferentes áreas deportivas del club se están adoptando bajo criterios que no son uniformes ni están bajo los mismos parámetros. 

De la misma forma que, por el capricho de Enric Masip, ha habido un ajuste cuentas en el balonmano y se han cambiado piezas en las secciones que no responden a los mismos criterios, nadie acaba de entender que Koeman haya sido ratificado después de estar prácticamente con un pie en la calle y que las estructuras del fútbol base se hayan desmantelado de arriba abajo no obstante el éxito que supone para el FC Barcelona la llegada de nuevos jugadores al primer equipo. 

De la misma manera que García Pimienta aceptaba el juego de tener futbolistas en constante dinámica de ascensor entre el primer equipo y el filial habrá que ver si Sergi Barjuan, el nuevo responsable del Barça B, entiende esta situación. Por las primeras declaraciones no parece que esa sea su prioridad. 

Barjuan fue elegido para algunas de las aventuras en el fútbol chino de Laporta a través del CE Reus y otros inventos que no funcionaron. Había cuentas pendientes que saldar, promesas personales que se han cumplido gracias su regreso a la presidencia del club.

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