¿Quo vadis, Florentino… y Laporta?

El pasado 18 de abril The New York Times adelantaba que doce clubes top del futbol europeo formaban una liga escindida de la UEFA. Lo que hasta entonces solo había sido un rumor se presentaba al fin como algo real. Pero desde el anuncio oficial en la web del Real Madrid hasta los comunicados de renuncia de nueve de los clubes fundadores, pasando por la defensa de la competición en el programa El Chiringuito por su presidente, Florentino Pérez, en menos de 24 horas parecía que todo se había ido al traste.

En cualquier caso, y pese a que últimamente se habla mucho menos de ello, lo que algunos daban por enterrado entonces continúa siendo, según su principal valedor, un proyecte vivo; tres clubes todavía lo alimentan: Real Madrid, Barça y Juventus, y a fecha de redacción de este artículo la página web oficial de The European Super League Company (www.thesuperleague.es) se mantiene en Internet incluyendo los mismos doce clubes fundadores. Tres meses después aún hay muchas incertidumbres y surge la inevitable pregunta: ¿es la famosa Superliga una vía muerta o solo un plan en stand by?

Efectivamente, según el comunicado oficial aparecido el 19 de abril en la web del Real Madrid, que en este caso ya ha desaparecido, los equipos fundadores y fijos de la competición serían quince, y cinco más saldrían de clasificarse por los méritos adquiridos la temporada anterior. La misma noche, ya madrugada del día 20, el presidente de la Superliga y a la vez del Real Madrid aparecía en el espacio presentado por Josep Pedrerol para confirmar que en el barco estaban los equipos más importantes de las ligas inglesa (Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham Hotspur), italiana (Inter, Juventus y Milan) y española (Atlético, Barça y Real Madrid). Se especulaba con que los otros tres podrían ser el Paris Saint-Germain francés y los alemanes Bayern de Munich y Borussia Dortmund, pero que estaban esperando el posicionamiento de la UEFA para manifestarse.

No debieron de tardar en sacar sus conclusiones, ya que la reacción del principal organismo del futbol europeo, a través de su presidente, Aleksander Ceferin, fue inmediata y contundente. Ya antes de la entrevista de Pérez en El Chiringuito, el capo de la UEFA afirmaba que los clubes que planeaban la Superliga estaban tomando el fútbol como “rehén”. Ceferin no se mordió la lengua y, en lo que debía ser una comparecencia para hablar de la reforma de la Champions League, calificó a los involucrados en el plan alternativo de “serpientes”; al presidente de la Juve y hasta entonces amigo suyo, Agnelli, de mentiroso, y acabó amenazando a los posibles jugadores participantes con prohibirles jugar el Mundial y la Eurocopa.

La batalla estaba servida y se alargaría durante las siguientes semanas, pero entre las primeras amenazas de Ceferin y las protestas de los aficionados ingleses en la calle ⸺destacando la masiva concentración de seguidores del Chelsea⸺, entre el 20 y el 21 de abril nueve de los doce equipos fundadores ya habían publicado comunicados de renuncia, quedando en el proyecto Juve, Madrid y Barça.

Las declaraciones de algunas cabezas visibles del deporte y la política, incluyendo a Pep Guardiola y Boris Johnson, también sumaron su grano de arena para frenar la Superliga. ¿Pero qué impulsaba dos días antes a doce de los clubes más potentes de Europa a embarcarse en esta aventura? ¿Por qué Florentino Pérez la defiende, sin dar un paso atrás hasta la fecha, secundado por Agnelli y Laporta?

La principal razón es, sin duda, la económica. El propio mandatario madridista aseguraba en la entrevista a El Chiringuito que los principales clubes europeos habían perdido 5.000 millones de euros a raíz de la pandemia y su impacto económico, cuantificando las pérdidas en 400 millones solo para el Madrid en dos temporadas. Y no olvidemos que su club y el Barcelona son aún propiedad de los socios, y dependen en buena parte de los ingresos por televisión, pero también en taquilla.

En ese sentido, el Covid-19 obviamente ha hecho estragos, pero estos no afectan tanto a los equipos con un multimillonario detrás: PSG (el catarí Al-Khelaïfi), Manchester City (el jeque Mansour bin Zayed) y Chelsea (el ruso Roman Abramóvich). Eso explicaría por qué clubes siempre líderes en Europa, con un modelo más tradicional, como por ejemplo Barça, Madrid y Juventus ⸺por mucho poder que tenga la familia Agnelli, está lejos de competir con las fortunas antes citadas⸺, hayan puesto una fe indestructible en la Superliga. Crear una competición que genere los recursos de la Champions, es decir, más de 2.400 millones en la temporada 2019-20 (incluida una reducción del 10,5% a causa de la pandemia), y repartírselos entre doce, o incluso entre quince o veinte, sin la intermediación de la UEFA, ya se puede deducir que es un negocio más rentable que recibir los dividendos por ganar partidos y avanzar de fase en la máxima competición europea actual.

Por eso, a día de hoy, y mientras quede la esperanza de voltear el negocio tal y como está montado ⸺al estilo de la Euroliga de baloncesto, según ha citado más de una vez Pérez⸺, no nos extrañe que por un tiempo nos tengamos que preguntar: “¿Quo vadis, Florentino… y Laporta, de su mano?” La cuestión entre líneas es si llegarán a algún sitio, pero mientras haya dinero a la vista; con la situación actual de los principales equipos de la Liga, y sin ir más lejos, con un Barça pasándolas canutas para retener a Messi, probablemente la tozudez persistirá.

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