Entre lo más insufrible (y contradictorio) del decir nacional-secesionista

Son numerosas las expresiones ofensivas del lenguaje nacional-secesionista. Desde el “España nos roba” o “Espanya contra Catalunya (1714-2014)” hasta considerar a millones de personas, conciudadanos suyos que han levantado “su país” realizando los trabajos más duros, y peor remunerados y considerados, “colonizadores lingüísticos”, ñordos, “bestias con rostro humano”, murcianos, charnegos o españoles de m.

Pero tal vez una de estas expresiones destaque por su uso generalizado y reiterativo, expresión utilizada incluso por sectores de la ciudadanía alejada (e incluso contraria) al nacionalismo .Cat. El que suscribe, por ejemplo, la ha usado durante décadas sin consciencia alguna del disparate, como si fuera lo más natural de mundo.

Me estoy refiriendo a la expresión: “un 23% de la población ha nacido en el resto del Estado, fuera de Catalunya” o formulaciones afines. Jordi Bes ha usado recientemente ese enunciado en un artículo publicado en Público sobre Santa Coloma de Gramenet, una población trabajadora pegada a Barcelona.

Y es insoportable-insufrible no sólo por el trasfondo político que la enmarca: una férrea línea de demarcación, tipo muro-Estado, entre Cataluña y el resto de España, y la desconsideración de España como nación; no sólo por el dislate-insulto que leída literalmente (como hay que leerla) transmite: millones de ciudadanos/as que viven o han vivido en Cataluña (mis padres y abuelos maternos entre ellos) han nacido, según se afirma, en dependencias del Ministerio de Fomento, en la Academia Militar de Zaragoza, en la sede del Delegado/a del gobierno de Sevilla o Salamanca o incluso (¿por qué no?) en el palacio de la Moncloa, sino porque al hablar del resto del Estado se está reduciendo implícitamente a Cataluña, no a la Generalitat de Cataluña, a ser la parte restante de ese Estado.

Lo que no es sólo un sinsentido sino una paradoja entre paradojas: los que van por ahí gritando, día sí, noche también, “som una nació, som una nació i som una nació” tratan, al expresarse así, a lo que consideran su nación como si fuera la parte restante de ese Estado al que dicen odiar a muerte porque es una máquina de opresión, explotación y menosprecio.

Les puede el odio a España hasta el punto de que no les importa (tal vez algunos sean conscientes de ello) reducir la Cataluña, pàtria del seu cor, patria de su corazón, a una parte del Estado. Todo vale, incluso eso, si se trata de golpear a España.

Dirán ustedes: no tiene importancia, tanto da, no vale la pena perder el tiempo con estas nimiedades. No son nimiedades. Transmiten hegemonía político-cultural y desprecio a los otros.  No sé si el límite de nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo, tal vez sí, pero está fuera de toda duda que nuestro decir recoge de algún modo nuestro sentir, pensar y desear, y a la inversa, nuestro sentir, desear y pensar más profundo alimenta un determinado decir. La relación, usando una palabra casi en desuso, es dialéctica.

En síntesis: nuestro decir no debe basarse en esos esquemas nacional-separatistas ni debemos permitir que se nos descalifique aunque sea sin pretenderlo… o pretendiéndolo.

Algunos y algunas de nuestros conciudadanos, de nuestros amigos/as y compañeros/as han nacido en pueblos y ciudades de otros lugares de España, no en el resto del Estado. ¿Pasa algo? ¿Algún problema?

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