Los andorranos suspenden la actuación de sus copríncipes

El presidente de la República francesa y el arzobispo de la Seu d'Urgell reciben una asignación de 707.499 euros cada año

Las encuestas que, año tras año, hace el Centro de Investigación y Estudios Sociológicos (CRES) de Andorra –una entidad que goza de reputación y solvencia contrastada- lo reflejan de manera contundente. La institución que recibe una valoración más negativa por parte de los andorranos, sean nacionales o residentes, es la de los actuales copríncipes, Emmanuel Macron y Joan-Enric Vives, que comparten la jefatura del Estado.

En el último sondeo del CRES, realizado en plena pandemia de la covid-19, los copríncipes suspenden, con una nota de 4,5 sobre 10, y hay un 13,9% de los encuestados que les dan, directamente, un 0. En cambio, la institución mejor valorada por los andorranos es la policía, que logra una nota de 7.

Es de imaginar que al presidente de la República francesa, el hecho que los ciudadanos de Andorra le suspendan en su apreciación no le hace perder el sueño. Vive a 900 kilómetros de los valles del Valira y tiene otros quebraderos de cabeza mucho mayores. Pero para el copríncipe episcopal, el arzobispo de la Seu d’Urgell, Joan-Enric Vives, este suspenso es una sonora bofetada a su figura, que, a buen seguro, se ha escuchado en el Vaticano, donde, desde hace tiempo, el papa Francisco le tiene entre ceja y ceja.

La fórmula del coprincipado tiene su origen en los pareajes de la Edad Media y fue recogida e institucionalizada en la Constitución democrática andorrana del 1993. Sin embargo, a medida que pasan los años, se constata que su vigencia es más un obstáculo que una ventaja.

El modelo económico de Andorra, basado en el dúmping fiscal y en la negativa a formar parte de la Unión Europea, causa una gran incomodidad e irritación al inquilino del Elíseo. Por otro lado, la rotunda oposición del copríncipe Joan Enric-Vives a aceptar realidades sociales avanzadas como los derechos al aborto o a una muerte digna, vigentes en España y en el entorno europeo, provocan la animadversión de las mujeres andorranas y de los sectores más progresistas del Principado, que le consideran una rémora para la plena normalización del país. Y más cuando, durante décadas, el copríncipe episcopal ha cerrado los ojos y ha dejado hacer ante el escandaloso negocio de la banca local, que se ha forrado con la evasión fiscal de los países vecinos o con el blanqueo de dinero procedente de las mafias de todo el mundo.

Andorra, que vive fundamentalmente del turismo, es el país europeo que ha sufrido un impacto económico más negativo a causa de la pandemia. Ante esta catástrofe sanitaria y social, la actitud de los copríncipes ha sido de una pasividad insultante, y ni siquiera han renunciado a la subvención de 707.499 euros que reciben cada año, a cargo de los Presupuestos del país de los Pirineos.

A pesar de que se sabe que la Iglesia esconde una gran fortuna en Andorra, la ayuda que el arzobispo Juan-Enric Vives ha dado a la población para afrontar la pandemia se ha limitado a la acción de Cáritas y a buenas palabras de consuelo.

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