¿Tiene solución la justicia?

La democracia tiene una piedra en el zapato con la Justicia. Mientras que el ejército fue modernizado (la entrada en la OTAN lo favoreció, a pesar de todo), la Justicia siguió ajena a la democratización de las instituciones que el franquismo había ocupado y hecho suyas.

Los mismos magistrados que aplicaban las leyes de la dictadura de Franco pasaron de la noche a la mañana a ser los que dictaban jurisprudencia en democracia.

Otro factor a tener en cuenta es que mientras que la derecha judicial tiene una unión táctica y estratégica, en el sector progresista cada uno va a lo suyo y no hay ni estrategia ni táctica.

Desde los gobiernos progresistas de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y ahora de Pedro Sánchez no se ha podido hacer una profunda reforma de la Justicia. Unas veces por errores propios y la mayoría por las reticencias y la obstrucción de la derecha política, que ve en peligro seguir con los privilegios que ahora tiene. Hay que tener en cuenta que el único con posibilidades de hacerlo fue González cuando tenía mayoría absoluta y su intento quedó diluido en el tiempo.

Los ministros de Justicia siempre han sido personas ligadas al derecho. Aquí puede recaer el error. Quizás lo que haría falta es que el ministro de Justicia que afrontara con fuerza la reforma no fuera alguien con vínculos ni con la judicatura (magistrados y fiscales) ni con el mundo del derecho. Por ejemplo, algún ingeniero (o ingeniera) podría ser el artífice.

Tenemos algunos ejemplos de como la Justicia favorece a unos y no a otros. Además es excesivamente lenta. No puede ser que las sentencias tarden años después de la investigación judicial. Perjudica tanto a los culpables como a los inocentes.

El independentismo catalán ha vivido un sumario y unas sentencias más allá de lo que sería imaginable cuando el poder político traspasó sus responsabilidades a los jueces. Pero no solo el independentismo: sindicalistas o artistas o dirigentes de movimientos sociales o de formaciones de izquierdas también han vivido en propia piel como algunos fiscales o magistrados miran con ojos diferentes si se trata de ellos o bien se trata de personas de orden.

Un ejemplo: el Tribunal de Cuentas, lleno de nepotismo, es capaz de pedir el juicio para unos políticos y, en cambio, descartar otros en situaciones similares. La misma persona que pide el embargo de los políticos catalanes fue la que liberó a Ana Botella de una denuncia similar de derroche de recursos públicos cuando era alcaldesa de Madrid y había favorecido a unos fondos buitre donde trabajaba uno de sus hijos. Claro que antes Margarita Mariscal de Gante había sido ministra con José María Aznar. Es necesario que los magistrados hagan como la mujer del César: además de ser honesta lo tiene que parecer, según dice el dicho.

A pesar de todo, creo que la reforma que necesita la Justicia no se podrá hacer si las izquierdas no tienen una clara mayoría política. La derecha siempre estará en contra y no sería extraño que convocara una manifestación bajo la bandera de la plaza Colón de Madrid en defensa del mantenimiento de unos privilegios que parecen heredados. Me temo que seguiremos sin resolver la modernización de la Justicia por mucho tiempo.

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