El destino de Cataluña

En la primera reunión en la Moncloa entre Pedro Sánchez y Pere Aragonès, el presidente español ha anunciado el pleno apoyo del Gobierno central a la candidatura Pirineos-Barcelona para la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno del año 2030. Esta iniciativa no ha sido muy bien recibida por el presidente de Aragón, Javier Lambán, que ha recriminado que se margine a Zaragoza de este proyecto.

En la candidatura que prepara el Comité Olímpico Español (COE), se contempla que las competiciones de estos Juegos Olímpicos -los primeros que tendrían por escenario los Pirineos- se celebren en territorio catalán y aragonés. La polémica, todavía no cerrada, estriba en el papel que tendrían las ciudades de Barcelona y Zaragoza en la organización de algunas de las pruebas. De aquí el enojo de Javier Lambán ante el nombre provisional Pirineos-Barcelona que el COE da a la candidatura y que supone, de hecho, la exclusión de la capital aragonesa de cualquier protagonismo.

Las relaciones entre Cataluña y Aragón, a pesar de que compartimos un largo y fructífero pasado en común, están muy deterioradas desde hace años. Primero, por la “guerra” del trasvase del Ebro y, después, por el envenenado litigio de las obras de arte religioso del monasterio de Sixena y de las parroquias de la Franja, que han dejado profundas heridas entre los gobiernos de ambas comunidades, unidas durante siglos por la Corona de Aragón y la bandera cuatribarrada. Esta enemistad se ha traducido, por ejemplo, en la congelación de la participación de Aragón en el proyecto de la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, impulsado por Pasqual Maragall.

Después del traumático y fracasado proceso de secesión, son muchas las tareas pendientes que tiene que afrontar el Gobierno de la Generalitat de Pere Aragonès. Y una de las más importantes y prioritarias es rehacer las relaciones de amistad y de leal colaboración con los vecinos, en especial con los hermanos de Aragón.

Los Pirineos, desde el País Vasco hasta las Alberes, son, desde hace 150 años, una zona castigada por la despoblación y la depresión económica, a pesar de las enormes riquezas naturales y paisajísticas que atesoran. Cualquier proyecto de futuro para Cataluña pasa por un reequilibrio demográfico entre el litoral y la alta montaña, con la revitalización de las comarcas pirenaicas. En este sentido, la organización de los Juegos Olímpicos de invierno del 2030 es un hito capital que hay que luchar a fondo y que no podemos dejar escapar de ninguna de las maneras. En esta perspectiva, es obligatorio que Pere Aragonès y Javier Lambán se esfuercen por llegar a un gran acuerdo beneficioso para todos.

Los soberanistas catalanes –desde el ex-presidente Jordi Pujol hasta el actual presidente Pere Aragonès- siempre han estado y están obsesionados con el “enemigo de Madrid”, sin darse cuenta que el “poder real” que condiciona a Cataluña, para bien y para mal, está, desde hace muchos años, en Washington (OTAN) y en Bruselas (Comisión Europea). Con los territorios que nos rodean –y así lo marcan los designios de Washington y de Bruselas- los catalanes estamos obligados a entendernos y a cooperar.

Ahora que el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha visitado España, es importante que nos demos cuenta en qué mundo vivimos y en qué tiempo estamos. La revolución digital y de las telecomunicaciones nos ha llevado y nos llevará, todavía más, a un mundo totalmente globalizado, donde todos los humanos estaremos conectados y tendremos los mecanismos (lengua y moneda) para poder relacionarnos fluidamente.

Esto no es malo. Al contrario. Es el latido de todas las religiones que han llegado a nuestros días y que nos hablan de paz, de amor fraternal y de respeto a la maravillosa biodiversidad del planeta. También de los grandes ideales de la Ilustración, de la masonería, de la Revolución francesa, de la Constitución de los Estados Unidos, del socialismo, del anarquismo… que evocan una humanidad libre, solidaria y feliz. Este es el hito que, desde hace milenios, las personas buscamos a tientas, pero sin desfallecer: hacer de la Tierra un paraíso en el cual no haya odios, guerras, injusticias, hambre, pobreza ni enfermedades que los adelantos de la medicina ya pueden curar.

Este es el estadio superior de la civilización hacia el cual nos dirigimos, porque todos, absolutamente todos, conocemos la poderosa fuerza del amor y queremos que sea ésta la que guíe nuestra existencia, personal y colectiva. Es la ley profunda de la vida, la que garantiza la continuidad de nuestra especie y la de todas las formas biológicas con las cuales convivimos en la Tierra, este minúsculo barco que gira en la inmensidad inabarcable del Universo.

Tengámoslo claro. Las Naciones Unidas son la semilla del futuro gobierno mundial que un día no lejano, de manera sabia y científica, organizará y coordinará a la comunidad humana, en libertad y armonía. Del mismo modo que la Unión Europea es un peldaño en el proceso de constitución de los futuros Estados Unidos de Europa, la tercera vía –entre China y los Estados Unidos- que favorecerá y catalizará el proceso de reencuentro y convergencia mundial.

¿España? España no tiene sentido en este siglo XXI sin Portugal, con el objetivo de consolidar, juntos, una Unión Ibérica que tenga una poderosa voz y un peso más importante en Bruselas. Cuando visualicemos la península que habitamos como el gran “hub” planetario que conecta cuatro continentes y que es la puerta que abre el gran desarrollo de África -la asignatura pendiente que la humanidad todavía tiene que superar- el proceso de reencuentro y de reunificación ibérica será imparable e irreversible.

En este dibujo de las coordenadas geopolíticas, Cataluña tiene su espacio en el marco de la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, esta institución impulsada durante el mandato del visionario presidente Pasqual Maragall, pero que la delirante aventura independentista enterró precipitadamente. Recordemos que esta Eurorregión, que tiene el reconocimiento y el apoyo de Bruselas, comprende la región francesa de Occitania (que incluye la Cataluña Norte), Aragón, Cataluña y Baleares: 16 millones de habitantes que podemos trabajar conjuntamente para consolidar uno de los grandes polos de actividad y de futuro de la Unión Europea.

También la Comunidad Valenciana, si ésta fuera su voluntad, se podría añadir a este gran proyecto del arco mediterráneo, con vértices en Montpellier y Toulouse, en el cual los Pirineos dejan de ser frontera para pasar a ser columna vertebral. En este caso, tendríamos, traspuesta en el siglo XXI, la culminación de la vocación geoestratégica que iluminó la Corona de Aragón y que quedó trágicamente truncada por los acontecimientos posteriores de la historia.

Es importante que Pedro Sánchez y Pere Aragonès hablen y se entiendan. Pero también es capital, por el bien de todos, que el presidente Pere Aragonès rehaga rápidamente las relaciones con Javier Lambán (presidente de Aragón), con Carole Delga (reelegida presidenta de Occitania), Francina Armengol (presidenta de Baleares), Ximo Puig (presidente de la Comunidad Valenciana) y Xavier Espot (jefe de Gobierno de Andorra), que son los representantes institucionales de nuestros vecinos más inmediatos. Es con ellos que proyectaremos y construiremos un futuro mejor para las nuevas generaciones.

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