¿Por qué las peñas del Barça ya están en guerra con Laporta?

Las peñas del FC Barcelona, constituidas orgánicamente en una Confederación Mundial independiente e inscrita como tal en el registro de asociaciones deportivas, son el primer colectivo en enfrentarse a la nueva directiva del FC Barcelona. El motivo es el despido del responsable ejecutivo de esa Confederación, Joan Camps, histórico responsable del largo camino que durante los últimos años han dedicado las peñas a unificar, legalizar y coordinar hasta un total de 1.400 peñas por todo el mundo en torno a una estructura estable, democrática y, hasta donde ha podido, independiente desde el punto de vista económico.

A las pocas horas de ser despedido del Barça como empleado, la Confederación Mundial se reunió en un plenario urgente para mantenerlo en su puesto, con cargo y sueldo. No se trata, por tanto, de un conflicto legal o laboral sino de un pulso que amenaza con reabrir la vieja herida entre Joan Laporta y las peñas, a las que trató con desprecio e ignorancia durante su primera etapa en el Barça.

Aunque durante la campaña electoral les pidió perdón y se les apareció como un futuro presidente dispuesto a admitir su modelo de gobernanza, lo primero que ha hecho ha sido descabezar a una de las personas clave, Joan Camps, quien efectivamente estaba trabajando para la Confederación de Peñas como primer ejecutivo en comisión de servicio.

La relación del club con la Confederación viene regulada por un convenio que establece con claridad la aportación del club en forma de instalaciones y personal puesto a su disposición procedentes del antiguo departamento de Peñas del FC Barcelona, así como una aportación económica procedente de un porcentaje de los ingresos de los patrocinadores principales. Por su parte, la Confederación aporta buena parte del carnet de peñista, que tiene un coste de 2€ sobre una base social de 165.000 peñistas aproximadamente.

La maniobra de Joan Laporta no busca otra cosa que provocar un cambio en las estructuras de poder de la Confederación, primero despidiendo a Joan Camps y luego, como se verá, acosando a su presidente, Antoni Guil, con el que no quiere tiene relación alguna. Alfred Bosch, antiguo empleado del departamento de Peñas en la época de Laporta es el repuesto preparado para tomar el mando ejecutivo. La cuestión, no menor, es que la Confederación dispone del margen de autonomía suficiente como para mantener a Joan Camps en su puesto. Esa ha sido su reacción de momento, en vísperas de un proceso electoral interno previsto para dentro de muy pocas semanas, que ahora adquiere una importancia capital y decisiva.

Fuentes de la Confederación han confirmado que Joan Laporta participó en el plenario previo a la asamblea, donde los presidentes de cada Federación tienen rango de compromisarios, asegurando que la respetaba y que no habría cambios en la dinámica de esa relación. Eso fue antes de la asamblea, claro. Por cierto, que el directivo responsable de las Peñas, Joan Ignasi Macià, no asistió a esa reunión entre el presidente y el plenario, en un gesto muy propio y significativo del desgobierno interno de esa junta directiva.

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