Así, sí

Todavía suelo comprar el periódico los domingos. Cosas de gente mayor, a la que hoy le toca que le pongan la segunda dosis de la vacuna AstraZeneca. Me llevo el periódico al recinto de la Feria de Montjuïc y por el camino lo voy leyendo. Viene lleno de noticias donde predomina la insolidaridad humana. Veo que al gobierno de Dinamarca le molestan los migrantes y quieren expulsar a cuanto más, mejor. Especialmente a los sirios. Les dicen que su país es seguro. ¡Segurísimo! A Mohamed Alderi, que tiene 56 años, le han revocado el permiso de residencia y le han dicho que tiene que volver a Siria el 5 de julio. «Si me hacen volver, en dos semanas estoy muerto o detenido», ha dicho. El gobierno danés también quiere reenviar a los solicitantes de asilo a otros países fuera de la Unión Europea, probablemente a África. De locos. De locos insolidarios.

De Dinamarca se ha hablado estos días porque Christian Eriksen, jugador de su selección de fútbol tuvo un ataque al corazón durante un partido de la Eurocopa y cayó a plomo sobre el césped del estadio. Afortunadamente y casi milagrosamente lo devolvieron a la vida después de que su corazón hubiera dejado de funcionar. De eso se ha hablado mucho y no me parece mal. Sí que me lo parece que de las medidas del gobierno de este país contra los migrantes y los solictantes de asilo se hable tan poco.

El periódico también recoge las reacciones despectivas de determinadas personas y colectivos ante la concesión de indultos a los dirigentes políticos y sociales condenados a raíz del procés y la declaración de independencia. Reacciones que vienen tanto de la derecha española como del independentismo catalán. Para unos, es una bajada de pantalones del gobierno de Pedro Sánchez para seguir en el cargo gracias a los votos de los diputados independentistas en el Congreso. Para los otros, un intento de hacer perder fuerza al movimiento separatista. Unos y otros convocan manifestaciones para protestar contra los indultos. No lo hacen juntos, sin embargo. Sería como para verlo.

Lo que sí he visto ha sido el funcionamiento perfecto del proceso de vacunación en la Feria de Monjtuïc. Desde la convocatoria mediante mensajes al móvil, con recordatorios incluidos, hasta el ritmo de la vacunación, la claridad de las indicaciones dentro y fuera del recinto pasando por el trato exquisito del personal de seguridad, logístico y sanitario que he atendido. La administración pública está para eso, para dar confianza y esperanza a la ciudadanía. Compartiendo la experiencia con tanta gente de mi quinta -de 60 a 69 años- me he sentido bien tratado y formando parte de un colectivo que tiene que avanzar ayudándose unos a otros. Y puede hacerlo.

¡Y ahora a esperar los efectos secundarios!

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