¿Ha frenado Ayuso al auge del catalanismo y la izquierda?

El triunfo rotundo de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid abre el camino a situaciones cruciales en la política española, pero también en la catalana. El discurso neoliberal de Ayuso, claramente provocador y simplista, tiene detrás una astuta estrategia que con una misma tacada ha hecho una carambola que nadie esperaba: i) absorbe a Ciudadanos; ii) contiene a Vox; iii) fulmina a Pablo Iglesias, dejando a Unidas Podemos en la cuerda floja; iv) pone en un brete político al PSOE tanto a nivel nacional como en varias comunidades autónomas; v) enfrenta directamente a la Comunidad Autónoma de Madrid con los partidos nacionalistas catalanes y vascos.

Por si esto fuera poco, él Más Madrid de Errejón, logró rebasar electoralmente al PSOE y se colocó como segunda fuerza por un puñado de votos. Es decir, Ayuso ha vuelto a proclamar lo que desde el franquismo nadie se atrevía a hacerlo con tanto desparpajo: España empieza en Madrid, Madrid es España y, por supuesto, España es una gran Nación. El PP tras años de llegar al poder por la vía del centro derecha, se ha encontrado con un triunfo electoral descomunal e inesperado, conseguido desde la derecha pura y dura, exenta de centrismos y tan o más excluyente que los nacionalistas catalanes y vascos. Hoy, el PP y especialmente Pablo Casado ya tienen un líder carismático, con un potencial político que habrá que ver quién y cómo le para los pies.

Susana Alonso

Cuando la izquierda había depositado buena parte de sus esperanzas en que la pandemia hiciera ver la necesidad de recobrar el pulso comunitario o incluso federal, Ayuso recupera el protagonismo estatal y proclama la incapacidad técnico-administrativa y el fanatismo ideológico de la izquierda que priva de libertad a la ciudadanía. Ante toda esa cascada de despropósitos ideológicos y políticos, la izquierda hay que decirlo no supo reaccionar a tiempo. Una vez más la izquierda ha caído en la cenagosa trampa de la desunión, de esgrimir ideología, pero incapaces de convencer a las personas que tienen dificultades para entender y adaptarse a los nuevos tiempos. En tamañas condiciones no es de extrañar que ante los cantos de sirena y las promesas de goce y prosperidad más propios de los cuentos de hadas que de una sociedad avanzada, el votante sucumbe a la promesa edulcorada y sin ninguna solidez de fondo y da su voto a Ayuso: la derecha-neoliberal más nítida de las últimas décadas.

Especialmente las acusaciones de Ayuso a los independentistas catalanes han sido lacerantes y han provocado reproches, no solo desde la oposición al independentismo si también entre ellos. Por ejemplo, la acusación de Ayuso de que los nacionalistas catalanes gastan cada año en acciones independentistas el coste de 17 hospitales como el madrileño Isabel Zendal o los 15 impuestos propios de Cataluña o el dinero destinado al adoctrinamiento de TV3, son críticas que van a pesar como una losa al gobierno del Sr. Aragonés. No hay que olvidar que el Hospital Isabel Zendal es un hospital público dedicado exclusivamente al tratamiento de la covid19 y construido en un tiempo récord en el popular barrio de Hortaleza de Madrid sede en su momento de la gran migración rural de los años 1960.

Ayuso ha puesto letra y música mejor que nadie a las incongruencias y contradicciones del independentismo visceral y combatiendo a la izquierda en el ámbito sociosanitario. No es de extrañar que sus votos en las últimas elecciones proviniesen de barrios de trabajadores, camareros, hosteleros y taxistas.

Donde este discurso descaradamente neoliberal tiene mayor impacto es en el protagonismo estatal y comunitario que generó la pandemia. Tras décadas de corrosión de la autoridad estatal y de desprestigio de lo público (especialmente en Madrid, donde el PP gobierna desde 1995), el cumplimiento del confinamiento fue disciplinado gracias al gobierno de centroizquierda (PSOE y Unidas Podemos) que diseñó políticas públicas de apoyo a los desfavorecidos por la pandemia.

Sin embargo, Ayuso fue ocupando el liderazgo a medida que utilizaba unos términos inusuales en la política española reciente. Evocó a la vaporosa combinación «social-comunista aliada a los enemigos de España» (Partido Nacionalista Vasco, Esquerra Republicana de Catalunya, Bildu y la CUP). Cuando la izquierda creía haber encontrado el antídoto al neoliberalismo, la derecha más dura encontró la manera de convencer a los votantes de la Comunidad de Madrid de la necesidad de un Estado “mínimo” y de un gobierno “técnico”, es decir “vivir a la madrileña”.

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