¿Qué quebradero de cabeza tiene el cardenal-arzobispo de Barcelona?

Juan José Omella
Juan José Omella

Antes de la pandemia, el arzobispado de Barcelona era una “vaca lechera”, gracias a las multitudinarias visitas de turistas a dos templos de la capital catalana: la Sagrada Familia y la catedral de Barcelona.

Con 4,5 millones de visitantes anuales en el caso de la basílica proyectada por Antonio Gaudí y 2,5 millones en el de la catedral, las entradas que pagaban los turistas dejaban más de 100 millones a las arcas de la Iglesia. Pero la covid-19 ha provocado que, desde hace un año, el número de visitantes haya caído en picado.

Esto ha provocado que las finanzas de la diócesis, que dirige el cardenal Juan José Omella, hayan quedado muy tocadas. Para hacerle frente, el arzobispado ha empezado a desprenderse de patrimonio para intentar obtener ingresos alternativos.

La parroquia de Sant Isidor, en la calle Urgell, irá a tierra y en el solar que dejará libre se ubicará un nuevo centro de investigación vinculado al Hospital Clínico. También está a punto de desaparecer la iglesia de Sant Ferran, a tocar de la plaza de España, que dejará libre un espacio de 1.029 metros cuadrados. En el barrio del Eixample está prevista la venta de la iglesia de San Tomás de Aquino, que gestionan los claretianos y que ocupa una superficie de 470 metros cuadrados. Otras parroquias amenazadas son las de Sant Tomàs Moro y la de Santa Maria de Cervelló.

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