Laporta quiere hacer pagar la crisis deportiva y financiera del club a las ‘vacas sagradas’

El presidente del Barça los señala como culpables de perder la Liga

El concepto “se ha acabado un ciclo”, acuñado por Joan Laporta, ha puesto fin a dos meses de presidencia marcados por el silencio y una contrastada incapacidad para resolver los muchos problemas del club. La gestión de la situación del primer equipo es el que ha dejado ver un presidente con demasiados puntos ciegos y una falta de determinación que ha acabado con un mensaje al vestuario, cuando menos a las vacas sagradas, profundamente decepcionante y ya se verá hasta qué punto polémico. “No os podemos pagar”, ha informado a los agentes de una serie de futbolistas, como Busquets, Alba, Piqué y Sergi Roberto. A otros, a los que no cuentan para ningún entrenador, también se les enseñará el camino de salida porque ni jugarán ni cobrarán. La estrategia puede funcionar si, como se espera, los socios los consideran excesivamente bien pagados, mucho por encima de su actual rendimiento, y todavía más si la directiva los señala como responsables de haber perdido una Liga que tenían a tocar.

Fue justo después de ganar la Copa del Rey, cuando Laporta se dio cuenta del enorme problema que seria ganar el doblete y tener que celebrar los títulos del equipo heredado de Josep Maria Bartomeu. Le habría tocado ratificar a Ronald Koeman y exhibir, como había prometido en campaña, esta capacidad para motivar y volver a ilusionar al equipo y al barcelonismo. Pero no solo no dio el paso, sino que empezó a filtrar su creciente desconfianza y dudas hacia Koeman y en su proyecto.

Las muchas, demasiadas, conversaciones de Laporta con Piqué, su espía y cómplice al vestuario, avanzando sus planes de entierro e impago a los grandes de la plantilla y de pasar el rastrillo sobre el resto tuvieron su efecto, y el equipo cambió una racha ininterrumpida de victorias en la Liga, desde enero, por otra de derrotas y empates desastrosos. Viene un largo verano de conflictos y una amenaza que, se supone, Laporta debe de haber calibrado y tenido en cuenta: las denuncias de los futbolistas por impagos se castigan con el descenso.

¿Puede repetirse otro ‘Motín del Hespèria’ como el del 1988?
Si esta situación se asemeja a alguna otra es la del ‘Motín del Hespèria’, aquellos hechos de los años más amargos y duros del nuñismo –temporada 1987-88–, cuando el vestuario del primer equipo conspiró para eliminar de la ecuación al presidente en una rueda de prensa histórica en que los jugadores pidieron de manera pública la dimisión. El detonante fue, como por ejemplo, comunicar a los futbolistas que sus contratos no serían respetados, imponer una sustancial rebaja de su ficha e invitarlos a salir por la puerta trasera. El conflicto de base era la aplicación de las retenciones fiscales que hasta aquel momento no se practicaban.

Por más que la afición se puso en contra del vestuario, la crisis y las negociaciones duraron un largo verano que concluyó con nueve fichajes y la llegada de Johan Cruyff. El club se hipotecó hasta las cejas para contratar flamantes jugadores como Eusebio, Bakero, Julio Salinas, Begiristain, Valverde, López Rekarte, Goikoetxea, Unzué y Soler. Pero también para liquidar los contratos del resto y prácticamente el 100% de sus pactos contractuales. La entidad apenas tenía deudas y mucho de margen de explotación y de recursos. La inversión en el Dream Team permitió ganar dinero como nunca. Ahora no será el mismo.

El cinismo de abrir un ciclo con el femenino y la Champions
Laporta ha escenificado sus nuevas políticas con un giro comunicativo de presunta eficacia al afirmar que se ha acabado un ciclo. No ha especificado qué. ¿Se refiere al ciclo desde 2010, que empezó con un club en ruinas, con el mismo porcentaje de deuda que el actual y también sin dinero para pagar los jugadores gracias a su nefasta gestión? Cuenta con los balances y con esta peligrosa política de pasar la guadaña en pleno final de temporada al balonmano, el fútbol sala y también al baloncesto porque Navarro, el último a llegar, se ponga las medallas. Lo tiene aparentemente fácil dando la culpa al pasado de todo aquello que no se gana y levantando las copas que todavía puedan caer como suyas.

Lo ha hecho con el fútbol femenino celebrando la primera Champions como “el principio de una nueva era”, gracias a las fanfarrias de fondos de una prensa sin vergüenza, incapaz de censurarle el oportunismo ni de evaluar el éxito del femenino como una acertada gestión de la junta anterior. Hace dos meses Laporta ni conocía, ni le importaba, el nombre de las jugadoras. Peor todavía, tampoco sabía que jugaran con chicas del plantel, estilo y ADN Barça desde hace muchos años. Y es lógico, porque durante su mandato dejó la sección de fútbol femenino abandonada, sin ganar ni una sola Liga.

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