Puigdemont siempre gana

Carles Puigdemont lleva el ADN de la Convergència de Jordi Pujol. Él siempre gana, incluso cuando pierde. Un futbolista inglés dijo que el fútbol era un deporte donde jugaban once contra once y siempre ganaba Alemania. Pues algo similar pasa en la política catalana. Sea bajo las siglas de Convergència i Unió, Junts pel Sí o Junts per Catalunya, esta formación siempre gana.

En las dos últimas elecciones en el Parlamento de Cataluña, Junts per Catalunya ha quedado segunda y tercera, superada por Ciutadans el 2017 y por PSC y ERC el pasado 14 de febrero. A pesar de esto, consiguió en 2018 la presidencia para Quim Torra gracias a los votos de Esquerra Republicana, quien no protestó por el candidato, muy vinculado a tesis unilateralistas y excluyentes.

Si en 2018 ERC aceptó que el primero de los dos partidos independentistas asumiera la presidencia y el segundo se hiciera cargo de la presidencia del Parlament y de la vicepresidencia de la Generalitat, todo indicaba que después del 14 de febrero, y a pesar del descenso en votos de las dos opciones independentistas, fuera a la inversa y Carles Puigdemont devolviera a Oriol Junqueras la misma operación. ERC incluso ha votado a Laura Borràs como presidenta del Parlamento a pesar de su imputación judicial y a Aurora Madaula, alineada a las tesis unilateralistas, sin mostrar ningún signo de protesta pública.

Aun así, ahora entraba en juego una nueva suma aritmética. Las izquierdas podrían gobernar sin Junts. Pero hay el hándicap que Junqueras y su gente no quieren ver ni en pintura Salvador Illa y los socialistas e incluso Sergi Sabrià en nombre de ERC firmó un papel donde se excluía el PSC de un futuro pacto de gobernabilidad.

Ante los números, y a pesar de que Pere Aragonès ha pregonado que apostaba por un acuerdo amplio con la CUP y los Comunes, con Junts como principal aliado, sabía desde el inicio que esta fórmula estaba predestinada al fracaso por la incompatibilidad entre Comunes y Junts y, incluso, entre CUP y Comunes.

Finalmente, Puigdemont se ha salido con la suya. JxCat ha salido ganador del pacto final con ERC. Con un Jordi Sànchez de permiso, como muchos fines de semana, el objetivo era no perder el control de la obra pública, donde se ha generado históricamente el 3%, y el mantenimiento de los propagandistas puigdemontistas en la televisión pública.

Que Junts se quedara fuera del gobierno era peligroso, pues podría haber provocado una ruptura entre el sector con ADN convergente, que quiere ser dentro del gobierno como los últimos 40 años (en el periodo de siete años del tripartito el sottogoverno siguió controlado por la élite funcionarial proconvergente), mientras que independientes llegados a Junts a partir de 2017, como Laura Borràs, Joan Canadell, Josep Costa o Francesc de Dalmases (este último también investigado por la justicia) apostaban por ir a unas nuevas elecciones esperando superar ERC gracias al factor sorpresa, tal y como lo expresó Hèctor López Bofill, del retorno como presidente de Puigdemont, cosa que ya ha prometido el 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021, en las diferentes elecciones, y que hoy por hoy sigue como eurodiputado cobrando un buen sueldo.

Sea como fuere, juegue quién juegue, Puigdemont siempre gana.

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