Población récord de osos en el Pirineo, que vuelven a provocar la ira de los ganaderos

Después de la hibernación han matado seis reses, y las sospechas señalan a Goiat

La reintroducción del oso en el Pirineo, con ejemplares que han sido importados de Eslovenia, ha estado todo un éxito. Según un estudio del Grupo de seguimiento transfronterizo del oso pardo en el Pirineo (GSTOP), a finales del 2020 la población de estos plantígrados ha llegado a la cifra récord de 64 animales.

El programa de forestación, financiado por la Unión Europea, se inició en 1996, con la llegada de los osos eslovenos Ziva, Melba y Pyros. Su descendencia y las sucesivas reimplantaciones con más ejemplares foráneos han conseguido multiplicar la población hasta los 64 osos actuales, que campan por los bosques del Vall d’Aran, el Pallars Sobirà, l’Arieja, el Alta Garona y Sobrarb.

Con el inicio de la primavera, los osos se despiertan de la hibernación y salen de las madrigueras para alimentarse y reproducirse. Es aquí cuando empiezan los problemas de coexistencia con los habitantes del Pirineo, puesto que estos animales producen graves perjuicios a la actividad de los ganaderos y de los apicultores. Los últimos días, se ha denunciado la muerte violenta de seis reses –dos marranos, tres cabras y una yegua–, según todos los indicios a causa del ataque de plantígrados. Las sospechas de los ganaderos del Vall d’Aran apuntan al oso Goiat, un ejemplar que fue importado de Eslovenia en 2016 y que destaca por su voracidad contra las manadas que pacen en el Pirineo.

Se suponía que Goiat estaba en la zona de l’Arieja, pero estos últimos ataques lo ubican en el Vall d’Aran. Atendida su contrastada peligrosidad, este oso fue capturado y se le instaló un collar con GPS para tener controlados sus movimientos. Pero el otoño pasado consiguió deshacerse del GPS y, desde entonces, está fuera de control.

Los ganaderos del Pirineo protestan, cada vez con más vehemencia, contra la presencia de los osos eslovenos. Han exigido que los ejemplares más agresivos y, en especial, Goiat sean expulsados de estas comarcas y devueltos a su hábitat original. Los ánimos vuelven a estar calientes. Hay pirenaicos, de un lado y del otro de la cordillera, que han decidido resolver el conflicto a la brava. En los últimos años, han sido abatidos un total de nuevo osos, la mayoría a tiros. El caso más sonado ha sido el de Cachou, que murió envenenado con líquido anticongelante a Les (Vall d’Aran) el año pasado.

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