Aznar no se equivocaba…

Sostenía con clarividencia el expresidente José María Aznar que se rompería antes Cataluña que España, y no le faltaba razón. La Fuenteovejuna independentista ha transmutado en guerracivilismo. Ni Junts ni Esquerra se esconden: se detestan, y no son capaces de ir de aquí hasta la esquina sin discutir, imagínate hasta Ítaca. ¿Cuándo decían la verdad? ¿Antes, que se procesaban amor eterno, o ahora, que se desean las diez plagas de Egipto? Ahora. El objetivo común, el independentismo, no ha sido pegamento suficiente para pegar dos maneras muy distintas de entender Cataluña. Llegaron exhaustos hasta los ocho segundos de independencia, y no más. Terminado el buenrollismo, ahora se tiran los trastos a la cabeza.

Junts, mutación de Convergència desacomplejada, lleva peor haber quedado por detrás de ERC, que la victoria socialista. Sólo hay que recordar quién manda y quién no manda en la Diputación de Barcelona… Aunque encadena dos derrotas seguidas (pocos recuerdan ya que Ciudadanos ganaron antes que el PSC las elecciones catalanas), Junts no sabe perder si el ganador es Esquerra. Guardan grabado a fuego ardiente los tripartitos de Carod-Rovira y tantas otras guerras de guerrillas municipales. Por otro lado, Esquerra, ingenua hasta la exasperación, no entiende la deslealtad juntista y recuerda, una y otra vez, que ellos han apoyado a los ganadores de Junts y sus variedades desde que los herederos de Jordi Pujol abrazaron el independentismo. Una ingenuidad de la que goza la presidenta del Parlamento, Laura Borràs.

Todo ello, que ambos partidos se detesten, forma parte del juego político. Lo que desespera es que la desavenencia frene la formación del gobierno de una Cataluña que, embarrada por la pandemia, necesita más que nunca ser gobernada. Todo ello, nos hace perder un tiempo muy preciado para terminar, me juego un guisante, en la casilla de salida: Junts y Esquerra pactarán, a regañadientes y en el último suspiro, pero lo harán. Hay demasiado en juego. Lo que ha quedado claro estos días es que volverá a ser un gobierno de conveniencias, formado por dos actores que se abominan. Y eso, desengañémonos, acaba perjudicando a Cataluña. La opción de la repetición electoral, que dudo, tampoco serviría para sacarnos del atolladero, Cataluña vive empatada con ella misma. Habrá gobierno, intuyo, y este será independentista. Lo que no sé ver es cuánto durará. Poco, me temo. Y vuelve la burra al trigo…

Me recuerda a la fábula del escorpión y la rana, que atribuyen a Esopo. El escorpión tenía que atravesar el río y pidió a la rana que, como no sabe nadar, le permita hacerlo montado sobre su lomo. De primeras, la rana desconfía: Me picarás. El escorpión, perro viejo, niega la mayor, indicando que, si lo hiciera, se ahogarían ambos. El anfibio ve razonable el argumento y accede a transportar al arácnido. A medio camino, el escorpión pica a la rana y se ahogan.

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