La presidencia de la Generalitat es inestable desde el inicio del proceso independentista

La ausencia de un presidente del ejecutivo escogido por el Parlamento de Cataluña ha sido reiterada

Palacio de la Generalitat

La política catalana está instalada en una espiral de inestabilidad que se arrastra desde el inicio del proceso independentista. Durante este periodo, la ausencia de un presidente de la Generalitat escogido por el Parlamento de Cataluña ha sido reiterada. Pero, además, desde la octava legislatura con el último gobierno del tripartito, presidido por el socialista José Montilla, ningún presidente catalán ha agotado una legislatura de cuatro años.

Desde las elecciones anticipadas convocadas por el presidente Artur Mas en 2015 han pasado por el despacho de la presidencia de la Generalitat Carles Puigdemont i Quim Torra. Pero el dato más significativo es que en los últimos cinco años y medio, solo en cuatro un presidente escogido por la cámara catalana ha ejercido su cargo. Los motivos de estos periodos que suman cerca de 20 meses sin presidente son diversos. La aplicación del artículo 155 por parte del gobierno de Mariano Rajoy después de la declaración de independencia es una de las razones, pero también han provocado esta anomalía política la inhabilitación de Quim Torra por el asunto de la pancarta a la fachada del Palacio y especialmente la falta de acuerdo entre los partidos independentistas.

Desconfianzas constantes
Ahora la negociación entre Esquerra Republicana de Cataluny (ERC) y Junts per Catalunya (JxCat) para formar gobierno ha acontecido un capítulo más de los clásicos recelos dentro del mundo soberanista y una muestra evidente de la fragilidad de la política catalana. Las investiduras fallidas de candidatos a la presidencia de la Generalitat han sido reiteradas desde las elecciones de 2015. En los últimos años la falta de grandes mayorías ha obligado a los partidos a buscar alianzas para poder apuntalar un gobierno, cosa que ha convertido los debates de investidura en un auténtico dolor de cabeza y en unas de las votaciones más difíciles de la legislatura.

El paso junto a Artur Mas a favor de Puigdemont salvaba la política catalana de una repetición electoral, pero antes habían pasado dos meses agónicos de negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP, y por tanto con un presidente en funciones. Los anticapitalistas también estuvieron detrás, después de las elecciones de 2017, de la investidura fallada del candidato de JxCat Jordi Turull. El político postconvergente recibió el apoyo de Junts y de Esquerra, pero la abstención de la CUP lo obligaba a ir a la segunda votación. El juez del Supremo Pablo Llarena envió a la prisión Turull e impidió una nueva sesión. Antes, pero, se produjo el tira y afloja entre JxCat y ERC para investir a Puigdemont, ya exiliado en Bélgica, y también ante la propuesta de investir Jordi Sánchez, encarcelado por el 1-O.

Las desconfianzas entre las fuerzas soberanistas han sido constantes y han capitalizado buena parte de los debates políticos. De hecho, ahora han sido los postconvergentes los que han provocado las dos investiduras falladas del candidato de ERC, Pere Aragonès. Un candidato que antes de ganar electoralmente la carrera del independentismo a las urnas había tenido que actuar como presidente de la Generalitat. La inhabilitación de Quim Torra por no atender la demanda judicial de retirar del Palacio unas pancartas en defensa de los presos independentistas en periodo electoral llevó a Aragonès a ser vicepresidente “con funciones de presidente”.

Competencias limitadas
La pandemia y una vez más las diferencias entre los socios soberanistas alargaron el periodo de provisionalidad del ejecutivo. Los postconvergentes no escondieron su rechazo a convocar con urgencia las elecciones autonómicas, tal como querían los republicanos. Finalmente las tensiones entre las fuerzas independentistas dilataron una presidencia en funciones y con competencias limitadas que solo puede gestionar a corto plazo.

Quim Torra renunció en el despacho del presidente y Aragonès no ocupa la silla
El simbolismo es la imagen de la política catalana. La inhabilitación de Quim Torra, autocalificado de presidente “vicario” de Carles Puigdemont, llevó el vicepresidente, Pere Aragonès, a ser el presidente “suplente”. Para constatar esta provisionalidad Junts y ERC pactaron no ocupar la silla del presidente durante las reuniones del Consejo Ejecutivo. De este modo, entre Aragonès y Meritxell Budó hay una silla vacía que constata la ausencia del jefe de gobierno.

El mismo Torra ya utilizó la estrategia de no ocupar el despacho que había dejado la marcha de Puigdemont. La dependencia de la galería gótica utilizada por todos los presidentes de la Generalitat quedó vacía y en obras, y el equipo de Torra se vio obligado a buscar una alternativa. Quim Torra acabó instalado en el ala derecha del patio del Tarongers, renovada con el segundo tripartito.

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