«El federalismo es la garantía para mantener unidos Estados plurales»

Entrevista a Jordi Mercader

Analista político y periodista, autor, entre muchos otrol libros, de El tigre soberanista, en el que se presentaba a quienes iban a ser los “comandantes” del procés, y Los mil días con PM, crónica de su trabajo con Pascual Maragall en el tripartito. Ahora, publica el Plan Necker (Comanegra).

 

¿Qué contempla el Plan Necker?

Escribo una novela-ensayo en la que describo como se preparó un hipotético plan, encargado por el Rey Felipe VI a Necker, para convertir España en una Federación. Está situado en el año 2030, aunque la reunión para preparar el plan se habría celebrado en verano de 2020. O sea, doy por sentado que este plan estará diez o doce años en uno de los cajones del Estado, esperando la oportunidad. Yo creo que, realmente, existe el plan. No el que yo he escrito, sino uno de creación propia. Me extrañaría muchísimo que no se tenga un plan para resolver, de una vez por todas, el conflicto territorial en España. Pretendía hacer un ensayo sobre federalismo, pero al pensarlo me pareció absurdo que siendo periodista quisiera hacer esto cuando en el mundo habrá miles de ensayos sobre federalismo, y en España hay magníficos teóricos de la cuestión. Opté por la fórmula de la novela, que me daba un margen de improvisación y, aunque trabajé con cinco constitucionalistas, mis personajes no responden a ninguno de ellos. He utilizado los nombres de los padres de los EE.UU. para así darle un poco más de nivel literario.

¿Qué tiene que ver el plan con Jacques Necker, aquel banquero ginebrino, que fue ministro de Finanzas de Luis XVI?

Es una coincidencia. Buscaba un palacio en Suiza para tener una reunión secreta, y un amigo periodista, que estuvo viviendo allí muchos años, me dijo que había uno fantástico en Coppet, cerca de Ginebra. Vi que fue la residencia de Madame de Staël, la llamada dama del Romanticismo. Cosa que me daba una conexión literaria, y con la Revolución francesa. Staël era la hija de Necker, un personaje que intentó salvar la monarquía y no lo consiguió. Algo que ligaba con mi Necker, que también trabaja por encargo del Rey. Puede parecer de mal augurio, aunque hay que tener en cuenta que el Necker fue protagonista del primer acto de transparencia en la política al publicar las cuentas del Estado francés.

¿El actual Estado de las Autonomías no tiene ya bastante del federalismo que plantea el Plan Necker?

Soy de los que creen que el Estado autonómico fue una improvisación monumental, y que no ayudará a la creación de la España federal. No estoy de acuerdo con la idea de que el Estado autonómico tiene una tendencia federalizante. La Federación exige el autogobierno de las partes (algo que más o menos, cumple el modelo autonómico) y que las partes participen del gobierno del todo, cosa que no ocurre. El Estado autonómico, tal como lo hemos visto ahora con la pandemia, no funciona, porque España no tiene los instrumentos adecuados para que las autonomías participen del gobierno del Estado. Las autonomías no están presentes en los grandes órganos estatales, como el Tribunal Constitucional, ni el Senado juega el papel que cumpliría en el Estado federal. Si se quiere hacer un Estado federal hay que llamar a las cosas por su nombre y reformar la Constitución, empezando por el artículo primero, que debería decir que España es una Federación compuesta por los que sean que, probablemente, no van a poder ser las actuales 17 autonomías. Porque otro de los problemas actuales es el mapa de las autonomías, un invento a-histórico que complica mucho la comprensión de la pluralidad de España.

¿Estados o quizás sus equivalentes con distintos nombres?

No hay ningún Estado federal igual a otro. Cada uno lo acomoda a sus circunstancias. Hay landers, provincias… Cada uno les da el nombre de su tradición política, pero, en realidad, son Estados, dentro del Estado. El modelo original es EE. UU, que está constituido por Estados. En el caso de España, le vendría muy bien esta denominación porque ante la fuerza que tiene el independentismo, por ejemplo, en Cataluña, la propuesta federal, tal como se ha expuesto hasta ahora, es poco comercial. Si se firmara que, para ser un Estado, Cataluña solo tiene la vía federativa, creo que sería mucho más competitivo con el Estado independiente que se predica. La terminología no es neutra. Cuando hablamos de California ya sabemos que no hablamos del Estado romántico. Hubo un tiempo en que Massachusetts le parecía a Artur Mas un modelo. El federalismo unido a la imagen de EE. UU es lo más competitivo frente al separatismo.

¿Cómo se plantea en el Plan Necker la herencia federalista en España?

El fracaso de la I República (Federal), tal como la vio Pi Margall, nos persigue. Aquello fue un desastre, como República y como modelo federal. Pero estamos hablando de un experimento de hace 150 años. Es inaudito, que toda una cultura política sea prisionera de un fantasma tan viejo, cuando en este tiempo se ha demostrado en todo el mundo que el federalismo es la mejor garantía para mantener unidos Estados plurales.

Federalismo que incluso va más allá de un modelo de organización de los Estados…

En la cultura federal prima la lealtad institucional, la tolerancia… la transversalidad, digamos. El diálogo permanente, como pone de manifiesto el caso de Bélgica, que ha pasado de un Estado unitario en los años 70 a un Estado federal, a base de consenso. Con siete reformas para ir avanzando en el Estado federal. No tenemos cultura federal, porque los grandes partidos españoles nunca han promovido el federalismo. Si el federalismo tuviera un Gobierno y una televisión que lo promoviera, en pocos años habría muchos más federalistas.

¿Y por qué Europa, siendo de facto, digamos, federalista, le cuesta tanto asumirlo sin pelos en la lengua?

Aún tenemos muy viva, la definición de soberanía original, única e indivisible. La soberanía es una de las grandes cuestiones a la hora de debatir la formación de un Estado federal. En EE. UU ya fue motivo de discusión y siempre lo es. Y no hay una fórmula para resolver la relación entre la soberanía de las partes y la soberanía del todo. En Cataluña, donde siempre hablamos del federalismo de Pi y Margall (estatalista, digamos) deberíamos hablar del de Valentí Almirall, que se planteaba la federación a partir de un Estado unido, cosa que es mucho más difícil de hacer que desde los 13 Estados nacidos de la independencia americana. Encontró la fórmula en la que Necker se inspira en parte para encontrar la solución.

¿El Plan Necker cómo ve el soberanismo? ¿En su acepción clásica, o en lectura posmoderna, como les gusta a algunos populismos?

Es complicado. Para bien y para mal, somos muy afrancesados y, en consecuencia, prisioneros de la concepción de soberanía de la Revolución francesa, y víctimas del anti-federalismo que siempre ha habido en Francia. Allí siempre se ha creído que el federalismo disgregaba Estados. Sin embargo, en el resto del mundo el federalismo mantiene la unidad de Estados complejos. En la soberanía igual. El mundo anglosajón ha relativizado mucho el concepto de soberanía y, en cambio, en la cultura política francesa se mantiene como expresión del Estado que todo lo puede. Tendríamos que hacernos un poco más cosmopolitas.

¿Dónde están en España las resistencias a la cesión de soberanía, tanto a escala europea como a nivel interno?

En el espectro cantonalista. Es algo ideológico, cultural, psicológico-ancestral, digamos. Difícilmente objetivable. En las encuestas, el federalismo aparece con alrededor de un 20-22% de apoyos. Algo que no está mal, teniendo en cuenta que no hay ningún partido que lo divulgue. El federalismo es también una manera de entender la política. La ausencia, por ejemplo, de lealtad complica mucho la simple gestión de las cosas. El federalismo hay que enseñarlo en las escuelas. La implantación de la España autonómica se hizo sin ninguna cultura autonómica previa. Solo con el recuerdo de una fórmula de la II República, que no tuvo ni tiempo para desarrollarse.

Jacques Necker fue, al fin y al cabo, un economista ¿El Plan Necker incluye la operación de la Caja?

Este es uno de los grandes problemas del Estado autonómico, que lo diferencian de un Estado federal. Una de las grandes reglas de los Estados federales es que las competencias deben figurar en la Constitución. Las competencias, claro, con su forma de financiarlas.

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