«Los hombres tenemos que reconstruirnos como seres humanos»

Entrevista a Luis Fuentes Alba

Activista aliado del feminismo, en la lucha por la igualdad de oportunidades, y la equidad de derechos entre hombres y mujeres. Milita en el PSC, forma parte de entidades feministas y abolicionistas de la prostitución, entre ellas, AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género)

¿Tenemos los hombres un gen particular que nos empuja al machismo?

El gen machista debe ser uno de los más duraderos en la historia de la humanidad porque, desde que tenemos memoria, hemos ido dejando generación tras generación una herencia, en la que el hombre tiene la supremacía absoluta y la mujer queda subyugada a lo que él establezca. Por desgracia, esta es una realidad en la que las mujeres (a raíz de que empiezan a tomar conciencia y a activarse colectiva e individualmente como personas que quieren defender sus propios derechos), los hombres empezamos a tomar cierta conciencia, muy poca. Con el paso de los años, esa conciencia va labrando una realidad en defensa de sus derechos y los hombres, que nunca se habían planteado que estaba pasando, perciben las discriminaciones que han sufrido. El machismo no es más que la imposición de un modelo en el que unas sufren y los otros tienen la autoridad para hacer lo que quieran.

¿En realidad, el machismo es una construcción y no algo, digamos, natural?

Totalmente. El machismo es una construcción social que adjudica a los hombres, por la sola razón de serlo, una serie de privilegios que hemos disfrazado durante mucho tiempo como si eso fuera algo derivado de la naturaleza. Es algo que los hombres han hecho para mantener su estatus frente a las mujeres, y también los hombres que no comulgan con ello. Por fortuna, al ser una construcción también es susceptible de poder des-construirse, y en eso estamos.

¿O sea, que la testosterona, la biología, que a veces se cita como fuerza mayor, es relativa en los comportamientos masculinos?

Hay estudios que parecen establecer esa correlación entre testosterona y la forma de expresar la masculinidad, mediante violencia, agresividad, intolerancia, guerra, conflicto… Algo propio de sociedades ancestrales, donde se ganaba exclusivamente por el dominio. Quizá pueda ser relevante el hecho biológico, pero hay que tener en cuenta que no se trata de un virus que contagia a todos los hombres. Los hombres tenemos la capacidad de dominar, de cambiar esos comportamientos. De reconstruirnos como seres humanos. Ha llegado el momento de que la voluntad se imponga a la testosterona.

¿En esta construcción, qué papel juegan las religiones?

Las principales religiones monoteístas están dirigidas por hombres, y en ellas las mujeres han estado siempre desplazadas. La religión, como estructura, como Iglesia, la mueven los hombres. Sus leyes, sus normas, sus lecturas e interpretaciones también son masculinas. En consecuencia, la religión es algo de hombres, y para los hombres. Son los que tienen el poder para hacer o deshacer. Es cierto que, como hombre, hay cosas que uno no se las pregunta hasta toparse con la realidad. Participé en un debate donde había cuatro mujeres representando a las cuatro religiones monoteístas más importantes, que llegaron a la conclusión de que se habían puesto de acuerdo en algo: el desprecio a las mujeres.

Evidencia de que roles masculinos y femeninos son una construcción es también el hecho de que, en determinados, períodos, las mujeres han tenido un papel preponderante respecto a los hombres…

Algo tan importante como la reproducción, el cuidado, la garantía de la continuidad…, es algo de lo menos valorado en nuestras sociedades. Todo aquello que ha sido hecho por las mujeres, históricamente, ha tenido un valor inferior a lo que hacían los hombres. Así es, por ejemplo, en la conciliación del tiempo de trabajo laboral con el del hogar. Para muchos hombres esto significa que cuando termina su jornada de trabajo empieza su tiempo libre: va al gimnasio, a tomar algo con los compañeros, a casa a descansar… Para una mujer, generalmente, cuando acaba su dedicación profesional empieza su trabajo en el hogar y, solo si le queda tiempo puede dedicarse a algo suyo, personal.

¿Qué resulta hoy lo más descarnado e intolerable del machismo: las leyes, los comportamientos personales, los grupos…?

Las instituciones, salvo algunas excepciones, han avanzado mucho en la igualdad de género. Por ejemplo, en política, donde la infra-representación femenina era evidente hace unos años, hemos conseguido a través de las leyes, tender hacia la paridad, como es el caso de las listas electorales. Esto ha permitido que nuestros electos y electas tengan una representación más equilibrada. Esto no sucede en otros ámbitos. Es quizás en el espacio personal, en casa, donde se producen las mayores discriminaciones hacia las mujeres. Ellas tienen la obligación moral, social, ética…, de ocuparse de los suyos, de su hogar, del cuidado, de las ayudas, de las tareas…, de todo lo que tiene que ver con el cuidado de los menores y de los mayores. Un ámbito en el que la presencia masculina se reduce a un 16-18% del tiempo. Un escándalo, que provoca que las mujeres se vean obligadas a tener que renunciar a aspectos vitales de su vida profesional o de gran interés para su vida personal por tener que ocupar el espacio que los hombres no ocupan en el hogar. Esto, que llamamos brecha de los cuidados o brecha de género en el hogar. Es algo que hay que superar de inmediato. La escritora Gemma Lienas dice que, si las conductas no cambian, las leyes no sirven para nada. Lamentablemente, la actitud de los hombres sigue siendo esquiva en cuanto a asumir sus responsabilidades en el hogar.

En cualquier caso, estamos hablando de una parte del mundo donde las mujeres han logrado avances que siguen vedados para otras muchas… 

Me siento afortunado cuando miro mi entorno, porque, al menos, he tenido como hombre la posibilidad de preguntarme cosas. Cuando un hombre tiene tiempo y la posibilidad de preguntarse si su vida va por buen rumbo, significa que el resto lo tiene hecho. Seguramente, un hombre de mi edad en el África subsahariana quizá no pueda preguntarse mucho más de cómo dar de comer cada día a la familia, cómo sobrevivir a cualquier salvajada medioambiental o humana… Sí que somos afortunados como hombres en este mundo occidental en el que nos ha tocado vivir.

Parecía que los avances en la liberación de la mujer eran imparables e irreversibles ¿Es así o, por el contrario, se trata de logros muy frágiles y amenazados?

Hemos vivido una auténtica revolución social de las mujeres en defensa de sus derechos, en prácticamente todo el mundo. Ha sido una batalla, a veces silenciosa, gradual, llevada a cabo inicialmente por pocas mujeres y en pocos espacios, hasta que ha eclosionado y empezado a formar parte de nuestro día a día. En España, este cambio resulta llamativo. Frente a ellos, surgen ahora movimientos reaccionarios anclados en las tradiciones, en cuestiones que tienen mucho que ver con el egoísmo económico y social, y muy poco con la idea de compartir y sociabilizar. Y no son solo de extrema derecha. En Cataluña, sin ir más lejos, lo vemos en “Junts”, donde algunos de sus miembros hacen gala de actitudes homófobas, machistas y contrarias a los derechos de las mujeres. Esta reacción del machismo aparece cuando se ven descolocados en su forma de vida y de entender lo que es ser hombre. Cosa que, desde luego, atenta contra la libertad, la democracia, la autonomía personal…

¿Dónde se manifiestan los grandes gaps respecto a la condición de la mujer?

En este terreno, el sistema educativo merece punto y aparte. Hay que sacudirlo entero, partiendo del principio de que, aunque compartan el mismo espacio niñas y niños, una cosa es hablar de un sistema mixto y otra de ejercer la co-educación. Modificar a futuro las sociedades exige pedagogía. Cosa que solo vendrá de un sistema que tiene que pasar de la compartición de espacios a la equidad plena. Donde los protagonistas no pueden ser solo las alumnas y los alumnos, sino el profesorado, el personal administrativo, las familias… y, al final, las instituciones. En este campo, el Gobierno Vasco ha sido artífice de un gran cambio respecto a la igualdad de oportunidades, creando Emakunde, que es una institución que trabaja con los hombres para la plena igualdad.

Así las cosas, para la izquierda ya no solo se trata de que las mujeres acompañen a los hombres en las luchas, sino que estos cedan el testigo…

Para la izquierda, el desafío es doble, porque el discurso no puede estar vacío. Cuando se asume el feminismo como fuerza vital, si no se actúa en consecuencia, estamos perdidos. El protagonismo es de las mujeres.

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