Temblor de piernas

Escribo estas líneas aún sin gobierno, todavía sin un consenso que pueda al menos hacer ver que se trabaja desde las instituciones catalanas. Digo «hacer ver» porque hace años que todo es una chapuza que dificulta la verdadera labor para con los ciudadanos inmersos en una crisis, en una pandemia como nunca se había vivido y que ven, vemos, con estupefacción, cómo el fugado Puigdemont intenta mandar desde Waterloo, mientras que ERC sigue atrapada, aterrada, incapaz de salir de un bucle que lo arrastra a la hispanofobia, al supremacismo y a la perpetuación de la fractura social en la que estamos desde hace una década. Es como el adulto que se niega a madurar, a ver la realidad, que se engaña a sí mismo, intentando hacerlo con los que le rodean, aunque sea mediante el engaño y mareando la perdiz.

No se entiende cómo un partido que había abrazado mínimamente el pragmatismo, vuelve a cagarse en los pantalones, vuelve a tener aquel temblor de piernas ante el partido del 3% que solo aspira a mantener el poder y los cargos que los mantengan vivos. ¿De verdad se cree ERC que esto significa el camino hacia la independencia? ¿De verdad son tan bobos que no ven que la red clientelar creada por Jordi Pujol aún se mantiene y que el único interés es perpetuarla en el tiempo? ¿Hasta cuándo ERC continuará aterrorizada y encarcelada en su propia cobardía?

No se entienden tantas cosas … De hecho, la pelea entre las fuerzas independentistas es una bomba de relojería que provoca un cansancio mortal para la democracia. El dato de la abstención en la última convocatoria electoral demuestra que el votante está harto de discusiones estériles, de teatralidad hueca de contenido, de falsas esperanzas, de ficticios apretones de manos que solo sirven para incomodar a aquellos que han de dar un apoyo a una investidura que nace muerta. ¿Creen, creemos, de verdad, que aquellos que durante más de un año se han mirado de reojo, han hablado a escondidas, han confabulado para hundir a los que estaban sentados a su lado, ahora podrán mirarse a la cara y conformar un gobierno mínimamente bien hecho? Sinceramente, no será posible.

Y es que ERC no ha dado el paso que se esperaba. En algún momento de la historia, pensábamos que sería capaz de «peneuvizarse», de reconocer que la fractura social creada no podía continuar en el tiempo, que era necesario un golpe de timón, un cambio de rumbo y una puesta en marcha de los motores hacia una Cataluña de todos. De hecho, los discursos de Pere Aragonés se movían en este sentido. Sin embargo, poco después se decía lo contrario, se pactaba con la CUP un programa imposible, con propuestas en las que no tienen competencias, aplaudiendo la radicalización en las calles, solo con la intención de presionar a Junts. ¿Es esta la manera de conseguir un gobierno estable?

La claudicación de ERC es de tal magnitud que hará daño. Nos instalará en una confrontación perenne y hará arraigar aún más la fractura. ¿Qué impide a ERC romper definitivamente con Puigdemont? ¿Por qué estas cadenas que lo unen a la irrealidad no acaban de romperse? ¿Por qué no se liberan de una vez por todas? Por el miedo. Un miedo que se ha fusionado con una diarrea mental que les hace creer en un mundo onírico ficticio y de engaño total. Los dirigentes de ERC lo saben, lo ven, pero como en el cuento del traje del Emperador, tienen miedo de mostrar que está desnudo, que aquella maravillosa indumentaria de la que todo el mundo habla, es completamente inexistente. El miedo a ser tachados de traidores les ha paralizado. La araña Puigdemont les ha inoculado un veneno peor que mortal, pues consigue entumecer el cerebro y no dejarlo trabajar. Como la burundanga.

Muy probablemente el acuerdo llegará. No se espera de ERC un paso hacia la madurez, un proyecto basado en la cohesión de la sociedad catalana, al estilo vasco. De hecho, la presencia de Otegi en sus mítines durante la campaña, reafirma la opción más explosiva. Solo los cobardes son capaces de tirar recto sin valorar opciones que convengan a todos. La inteligencia ha muerto desde hace tiempo. ERC podría haber revertido la situación, podría haber sacado a Cataluña de esta decadencia que nos mete en un pozo sin salida. Bastaba con hablar con el PSC, la fuerza mayoritaria. Estoy seguro de que Salvador Illa habría dado su voto en la investidura a un presidente republicano a cambio de la estabilidad que se pide a gritos desde todos los sectores. Pero qué le vamos a hacer si nos gobiernan unos gallinas.

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