«Hay que replantearse cómo seguiremos mejorando la vida»

Entrevista a Ramón Sánchez

Ramón Sánchez

Profesor de Filosofía en la Enseñanza Media, en el antiguo cuerpo de catedráticos de Instituto. Delegado insular del Gobierno en Menorca, y gobernador civil de Tarragona. Milita en el PSC. Ha colaborado, entre otras publicaciones, en la revista Pensamiento, y en Los Anales de la Sociedad Catalana de Filosofía. Es autor de Descartes esencial (Editorial Montesinos).


¿Qué entendemos por “Modernidad”?

La Modernidad, dicen los manuales, viene después del Renacimiento. Se desarrolla en los siglos XVII y XVIII, hasta que, con la Revolución francesa, empieza lo que llamamos mundo contemporáneo. En Filosofía, en particular, empieza con la publicación del “Discurso del Método”, de Descartes. La Modernidad es la puesta en valor del sujeto y el triunfo de la razón. Somos personas y tenemos la razón, que es un valor por sí mismo y, en consecuencia, tenemos unos derechos. La Ilustración no es más que el resultado final de todo esto: la democracia, el valor del individuo, la dignidad, los derechos del ciudadano…, y la esperanza de que la racionalidad y la ciencia nos haga un mundo mejor.

Y entonces llega la Revolución Francesa, el Romanticismo…

La Ilustración, que no es más que la etapa superior de la Modernidad, hace aguas con el Romanticismo. A lo largo de todo el siglo XIX, no significa más que la reafirmación de la irracionalidad: la razón no es suficiente, las emociones son el verdadero método de conocimiento, la intuición que embarga al sujeto es lo que le da la realidad del mundo… Hegel, Shelley…, con los románticos ingleses y los idealistas alemanes, empieza el romanticismo. Todavía son hijos de los modernos… Incluida la parte del marxismo que dice que la sociedad tiene algún sentido, que va a alguna parte… En el fondo, también ahí late la idea cristiana, que viene del judaísmo, que también le da un sentido a la Historia. Dios la crea, hay un desarrollo, hay pecado. El marxismo habla de un inicio, en el cual no hay propiedad privada. Luego aparece ésta, que es el pecado original, la lucha de clases y llegará un momento final, en el cual desaparezca. Es una idea que procede de ese Dios providencial de las viejas escrituras, el Hacedor del mundo.

La irracionalidad se abre paso…

Esto desemboca en Nietzche, que es el gran precedente de los posmodernos. Muy listo. Dice cosas que hay que leerlas, pero, por ejemplo, sostiene que lo importante es la voluntad, la voluntad de poder; la moral del caballero, el individualismo extremo, la irracionalidad… Por entonces, surge también el nacionalismo, con los románticos ingleses, que lo que hacen es sustituir la religión por la política.  Al exaltar la irracionalidad se fomentan las emociones, la fe en el absoluto… Lo cual no quiere decir que las emociones no son importantes, pero en su justa medida, digamos. Heidegger, continuador de aquella visión, fue un nazi. En sus cuadernos privados, aparece su antisemitismo y, de hecho, fue nombrado Rector de la Universidad de Berlín por Hitler.

¿Cuándo y con quién empieza la posmodernidad a llamar a la puerta?

Con los modernillos. Foucauld, Vattimo, los deconstructivistas…, que vienen con el tema de que todo es igual. Que, en realidad, todo es interpretación, interpretación de la interpretación…, que todo vale lo mismo y, puesto que el sujeto es subjetivo, la racionalidad no cuenta. No hay referentes. Todo es opinable y, en consecuencia, todo vale lo mismo. Lo curioso de esto es que esta gente se apoya en los cambios en la ciencia, algo muy propio de ella. Tenemos el modelo newtoniano, la física cuántica y la relativista… Popper que dice que la ciencia es provisional, se critica a sí misma y, conforme la experiencia va aumentando, cambiamos las hipótesis. Tienen razón, la ciencia funciona así, pero para ser cada vez mejor. Pero eso no quiere decir que sea igual una cosa que otra.

¿Todo esto, en política va adquiriendo tintes de los que ahora llamamos populismos?

Habría que preguntarse por qué la posmodernidad aparece en la segunda mitad del siglo XX. La cuestión de los nazis y de las dos guerras mundiales tiene que ver bastante con ello. Que un país como Alemania, que es la madre de la cultura, prototipo de país con ciencia y racionalidad, lo utilice para un proyecto asesino como fue la Soah. Si la razón tiene de servir para esto, y no para mejorar el mundo, ¿Qué está pasando con la razón? De aquí, algunos sacan la conclusión de que la modernidad, el proyecto moderno de mejora del ser humano a través de la razón, ha hecho crisis. Y claro que lo ha hecho, pero lo que no se puede hacer es tirarlo por la ventana. Lo que hay que replantearse es cómo seguimos mejorando la vida. Eso sí.

En cualquier caso, algunos de los populismos actuales parecen compartir bastante con Mussolini y otros populistas de antes de la guerra…

Absolutamente. Lo hay en Hitler. Goebbels decía que si se repite suficientemente una mentira acaba siendo una verdad… Eso ya es la posverdad, que es la verdad de la posmodernidad. Lo que importa es lo que a mí me interesa, no lo que sea verdad. Algo que es una transposición de la economía de mercado. Si voy al mercado con una mercancía, lo que me importa son mis intereses, y que de beneficios. Algo que, por ejemplo, no se puede hacer con la Sanidad, donde lo que importa es que la gente se cure, no los beneficios. En cualquier debate de televisión, los participantes se quitan la palabra, se insultan, con el argumento de machacar al otro, descalificarlo… No, no. Esto no puede ser. De lo que se trata es de contribuir a tener más claros los argumentos de cada uno. Mussolini era socialista. Se va y utiliza la nueva religión, que es el nacionalismo (curioso que esto ocurra en Alemania e Italia, países en que más tardíamente se constituye el Estado moderno) para construir un relato, que, además, fue una moda. Ahora, dice Laclau, hay que armar un imaginario, un relato. A través de él, jugando con las emociones, la gente que escuche lo que quiere oír, y acabar construyendo una visión irracional, un imaginario.

Resultan curiosas las coincidencias de los populismos, más allá de su adscripción a la derecha o la izquierda…

Ellos dicen que el método es lo importante, que tienes que movilizar las emociones y las masas para conseguir implantar el modelo económico o político que tú quieras ¿Quién dice que tu modelo es el bueno? ¿Quién te vigila a ti? ¿Eres Dios? Lo primero de la izquierda es el respeto a la persona humana y su dignidad. Manejar las emociones y la demagogia para mover las masas, aunque sea teóricamente al servicio de un fin que tú piensa que es el bueno, no es de recibo. 

¿La impostura, tan a la page de Cataluña, no es, digamos, connatural al populismo?

Volvemos a la religión ¿Qué mayor impostura que predicar el amor al prójimo desde un palacio? ¿Predicar la castidad desde la pederastia? Estamos en lo mismo. Lo primero, que algo tiene que ver con la modernidad, es la conciencia, las propias limitaciones…, pero no presentarse como el señor al que se ha aparecido Dios, la Patria o Carlos Marx y le ha dicho que es lo bueno. Y tú, por el bien de la causa, te tienes que callar ¿Puede alguien decir que la legitimidad es aquello que él piensa, cuando llevamos dos siglos de revolución francesa, con métodos que pueden ser formales, pero que nos obligan a discutir? Con todo respeto para los creyentes, la primera impostura vuelve a estar en el modelo religioso, que luego ha pasado a la política. Otra cuestión próxima es el narcisismo. Crees que tienes la verdad, que tienen que seguirte porque eres así de guapo, porque hablas con el ceño fruncido como si estuvieras defendiendo la verdad con tu vida. En el fondo, adolescentes rebelándose contra papá. 

¿Qué decir de la mentira, como colofón, en tal ciénaga?

Si partimos, como Oriol Junqueras, diciendo yo tengo la razón porque soy buena persona y cristiano (lo ha dicho), o que Iceta no me aguantaría la mirada… O sea, o no me entero, o soy un impostor o, peor aún, soy un fanático ¿No le cabe alguna duda de que puede estar equivocado? Freud llamaba a todo eso una ilusión, un delirio paranoico que posee al sujeto. Así es la magia, y la voluntad no lo mueve todo. La fe no mueve montañas. 

¿El Covid puede quizás estar actuando como vendaval o brisa fresca, que se lleva por delante bastante de todo esto?

La verdad, es que no lo sé. Lo que sí parece estar claro es que la historia no va necesariamente a mejor. Entonces, o sustituimos el individualismo, la agresividad, buscando solo el beneficio individual, y nos apoyamos en la otra parte de nuestra naturaleza, que es la sociabilidad, o no haremos carrera. Somos hijos de la evolución natural. Hay que volver a Darwin. El virus es una advertencia.

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