La nueva presidenta menosprecia a su antecesor de ERC en el cargo

La nueva presidenta del Parlament, Laura Borràs, llegó al cargo cubriéndose de gloria. Las negociaciones entre ERC y JxCat comenzaron partiendo de un supuesto acuerdo que establecía que había que empezar de nuevo y, sobre todo, con gente que dejara de lado la disputa constante entre los dos partidos y que no tuviera como principal objetivo político reprochar a la otra formación independentista nada de lo que hace o no hace.

Y en medio de todas las conversaciones con estas bases, ERC acepta colocar a Borràs en la presidencia del Parlament. ¿Y qué hace ella? En su primer discurso, la presidenta de la cámara decide explicar que quiere «recuperar la dignidad del Parlament», dando por hecho que se ha perdido; retomar el trabajo hecho por Carme Forcadell «en el punto que ella lo dejó»; se declara heredera de la expresidenta y obvia cualquier referencia a su antecesor, Roger Torrent, de ERC.

Si JxCat pretendía reventar las negociaciones, enrarecer el clima y dificultar el acuerdo para el gobierno catalán, seguro que cumplió con su objetivo. Si pensaba que Laura Borràs era una de las personas con perfil pacificador que podía potenciar, no comenzó demasiado bien si quería demostrarlo.

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