¿Por qué hay mal rollo en Ferrocarrils de la Generalitat?

Hace días que el ambiente laboral en las oficinas centrales de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) se ha enrarecido en torno a la figura de su presidente, Ricard Font, como resultado de sus frecuentes roces con el personal durante este periodo de pandemia en el cual sus mensajes, comunicados, su tono y contenido, se han endurecido y agriado a niveles que han llamado la atención internamente. Se sabe que representantes de los trabajadores estudian si, en vista de esta tónica excesivamente dura en la relación verbal y escrita con el personal, se tienen que tomar medidas o advertir a la presidencia que éste no es el camino.

El mal humor de Ricard Font puede tener su origen en dos causas coincidentes, como son su posible relevo al frente del FGC, después de la formación del próximo Gobierno, y por no haber podido desplegar como cada año su principal diversión alrededor de la temporada de nieve en los Pirineos. De FGC dependen seis estaciones de esquí, entre ellas La Molina y Núria.

Ricard Font llegó a la presidencia de esta empresa pública procedente del equipo de Pere Macias, ex consejero de la Generalitat de Cataluña que resultó investigado por el caso del 3%.

Tampoco ha pasado desapercibido su especial interés por promocionar pública y mediáticamente su figura, por encima de los méritos y el balance de su gestión, con la poco disimulada intención de proyectarse a otros cargos de la administración. En este sentido, ha llamado la atención su estrategia, parece que frustrada por ahora, de intentar liderar la candidatura olímpica Pirineos-Barcelona 2030 a través del margen de confianza que le fue otorgado por la Secretaría General de Deportes para actuar como Oficina Técnica en la primera fase de interlocución.

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