Colau, atrapada de nuevo entre la policía y la calle

La alcaldesa de Barcelona, ​​Ada Colau, vuelve a estar en una de esas situaciones que al inicio de su primer mandato eran frecuentes. Y es que su pasado activista, el alma de protesta permanente y su simpatía generalizada por los movimientos que salen a la calle por causas y derechos que considera justos, entran a menudo en contradicción con la acción de gobierno de cualquier institución. Una vez más, las protestas que han llenado Barcelona últimamente -en esta ocasión iniciadas por el encarcelamiento de Pablo Hasél, pero convertidas en un totum revolutum de múltiples reivindicaciones- han generado en Colau una simpatía y una proximidad que colisiona frontalmente con la defensa que tiene que hacer como alcaldesa del orden, la calma y la serenidad en cualquier protesta.

Ada Colau se ha visto atrapada de nuevo entre defender la Guardia Urbana y su acción policial, y mostrar apoyo a los manifestantes. La alcaldesa ya tiene experiencia en esto, es cierto. Y siempre ha salido. Pero su actitud provoca que termine recibiendo bofetadas y críticas de ambos lados: los manifestantes la consideran una vendida y una hipócrita por haber sido activista y ahora no darles todo su apoyo desde las instituciones; y los defensores de detener las movilizaciones la ven floja y poco contundente con los manifestantes.

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