La receta del mar y montaña

Una de las fórmulas más exitosas del arte gastronómico catalán es la del “mar y montaña”. La combinación, en un generoso hervor, de sabrosas criaturas del Mediterráneo, preferentemente gambas, con viandas de la tierra firme, generalmente pollo.

Contra todo pronóstico, esta mezcla de gustos tan diferentes es todo un éxito. El carácter innovador y transgresor de esta receta, que hermana ingredientes tan contrapuestos, ha convertido el “mar y montaña” en uno de los platos más genuinos y valorados de la cocina catalana.

De hecho, Cataluña es, en síntesis, esto: una fusión del carácter del Pirineo con el del Mediterráneo, como reza el poema de Joan Maragall dedicado al Ampurdán y que se ha convertido en una de las sardanas más emblemáticas de nuestro folclore. No podemos pretender que el país sea solo una parrillada de carne o solo una fritura de pescado. El secreto de nuestro talante, de nuestra resiliencia y de nuestra prosperidad es esta capacidad de atraer los polos opuestos.

Políticamente hablando, en Cataluña tenemos dos realidades muy diferenciadas: la del voto de las comarcas más ruralizadas, que este 14-F ha acabado decantándose a favor de ERC, haciendo el “sorpasso” a los restos del pujolismo; y el voto de las zonas más intensamente urbanas, que tiene su máxima expresión en el PSC.

Desde el año 1980 y durante 40 años, hemos vivido una dialéctica política en la cual el interior intentaba vencer al litoral y, viceversa, el litoral intentaba arrinconar y doblegar al interior. Dos figuras encarnaban esta guerra fratricida, como si se tratara de los capuletos y los montecchis de la Verona medieval: Jordi Pujol, obsesionado en “nacionalizar” Cataluña, y Pasqual Maragall, que promovía la “barcelonización” del país. Eran como aceite y agua, como gato y perro.

Las urnas del 14-F, a pesar de la baja participación provocada por la pandemia, nos dejan un panorama inédito: por primera vez en la historia del Parlamento de Cataluña, el PSC gana en votos y escaños a los herederos de la antigua Convergència (JxCat) y ERC ha conseguido la primacía en el mundo independentista. Recordemos que, en los tiempos de los tripartitos (2003-10), CiU era, en realidad, quien ganaba las elecciones.

Los resultados de estas elecciones permiten hacer un “mar y montaña”, siempre, claro, que exista la predisposición y la voluntad política de cocinarlo. Empatados a 33 escaños, la suma de ERC y PSC logra una mayoría aplastante -aunque no suficiente, por los pelos- para hacer un Gobierno fuerte y cohesionado, que es lo que Cataluña necesita imperiosamente en esta situación tan crítica que sufrimos. Salvador Illa y Pere Aragonès se tienen que poner el delantal.

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