JOAN LAPORTA NO ENCUENTRA QUIEN LE AVALE LOS 124,6 MILLONES QUE NECESITA PARA SER PRESIDENTE DEL BARÇA

Joan Laporta, personaje alrededor del cual se ha alimentado una propaganda oficial de ganador anticipado de las elecciones al Barça, campaña que incluye la televisión y la radio públicas de Catalunya, se encuentra sin embargo ante una realidad bien distinta a la que se puede desprender de su popularidad: que no cuenta con el respaldo del mundo financiero. Si hoy ganase las elecciones no podría presentar el aval exigido por la ley, por la sencilla razón de que nadie o muy pocos son capaces de dejar en sus manos una responsabilidad económica de este calibre.

El aval económico asciende a 124,6 millones de euros, cifra correspondiente al 15% del presupuesto fijado por la anterior directiva para la temporada 2020-2021, 828 millones de euros, a falta de la aprobación de la asamblea. En ningún caso variará sustancialmente.

Los reiterados intentos del ex presidente por conseguirlo están resultando inútiles por dos razones. Una, porque lógicamente no posee, al contrario, ningún prestigio financiero que le abra las puertas de las entidades crediticias que le puedan facilitar ese aval. Y sobre todo, y fundamentalmente, porque lo más probable es que este aval se deba ejecutar finalmente tarde o temprano, ya que el cálculo de las posibilidades de acumular pérdidas a lo largo del mandato no resiste ningún argumento en contra de este final ya escrito. 

Todo indica que esta temporada en curso ya generará un déficit patrimonial de 200 millones de euros. La capacidad de recuperarlos en manos de un presidente manirroto, descuidado y fiestero está fuera de toda duda. Y menos aún, como es sabido en toda la ciudad, si el gran poder económico que supone CaixaBank no piensa en ofrecerle la mínima cobertura.

El especial interés de los bonos como la gran solución propuesta desde su candidatura responde también a esta necesidad, doble y asociada, de generar cash y disponibilidad para sus negocios y operaciones más urgentes, fichajes y renovaciones que ya tiene pactadas para compensar a los inversores de su millonaria campaña, pero sobre todo de conseguir que una entidad financiera acepte liderar esa emisión y favorezca la tramitación de un aval condenado a ser ejecutado.

La valoración de la confianza en Laporta está en negativo en todo el mundo financiero pues nadie puede olvidar sus resultados económicos del mandato entre 2002 y 2010, de 47,5 millones de euros de pérdidas imposibles de borrar y ratificados por una sentencia judicial firme. 

Eso es lo que está contrastado y la única realidad que resume su fracaso extraordinario en la gestión patrimonial del club. El primer día de la entrada de la junta siguiente a las elecciones de 2010, el nuevo presidente debió vender a un jugador para pagar la luz, el agua y las nóminas y empleados. Laporta lo dejó arruinado, endeudado y con todos los recursos agotados. 

Además, contra Joan Laporta y su junta pesa una condena firme, ratificada por el Tribunal Supremo, por no haber avalado en su día en las elecciones para su segundo mandato en 2006, una sentencia que estuvo a un milímetro de ser ejecutada por la vía del embargo. Se salvaron gracias a la oportuna y generosa intervención del presidente Josep Maria Bartomeu, retirando el recurso ante la Audiencia Provincial.

Todos los intentos y las negociaciones iniciadas por Laporta, basadas en el populismo de su figura, acaban sin embargo en un cajón de los bancos cuando se revisan sus actuaciones, su programa y su actitud ligera, irresponsable y caprichosa a la hora de administrar los recursos del FC Barcelona.

Laporta busca avales personales, compañeros de viaje en la junta e inversores externos que depositen en la Liga de Fútbol Profesional estas garantías, sin las que no es posible la proclamación de presidente, llegado el caso, en el supuesto de una victoria electoral. Y ha conseguido atraer a unos cuantos empresarios que le han prometido avalar, pero sólo en la teoría, antes de ver cómo se desenvuelve la campaña y de acabar de conocer de cerca a un personaje que, con su historial, no genera más que desconfianza.

Es posible incluso que esta misma semana obtenga respuestas en un sentido o en otro que en todo caso, y en el mejor escenario, no cubriría el 100% de esos 124,6 millones euros necesarios para ser presidente.

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