TV3 cierra la campaña hundida en el desprestigio, el descontrol profesional y la privatización de la parrilla

Vicent Sanchís deja a su sucesor una programación en manos de productoras de colegas y empresarios amigos

No se sabe cuánto tiempo continuará Vicent Sanchis al frente de TV3. Si consigue aguantar en la dirección de la televisión pública de la Generalitat hasta el 13 de marzo habrá alcanzado el hito de ser cuatro años su máximo responsable a pesar de que el Parlament ha reprobado en dos ocasiones su nombramiento. Sanchis llegó a TV3 con el encargo de ponerla al servicio de la causa independentista y se ha dedicado a ello con entusiasmo, ignorando y burlándose de los que han criticado su gestión y basando su continuidad en el apoyo de la derecha nacionalista reconvertida en independentista y de ERC y en el recurso permanente al liderazgo en la audiencia. De hecho, es un liderazgo que se limita a la cadena principal -TV3- ya que la suma de los cinco canales de la TVC -TV3, 33, Super 3, 324 y Esport3- ha estado siempre por debajo de las audiencias de la suma de los canales de Mediaset o Atresmedia que se sintonizan en Catalunya.

La última ayuda de Sanchis a la causa independentista ha sido la trampa que preparó al candidato socialista a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa, con motivo del debate preelectoral del martes 9 de febrero en los estudios de TV3. Se sacó de la manga unos controles sanitarios a los candidatos que nunca se habían aplicado y siguen sin aplicarse en los programas de TV3 y filtró a su amigo Ferran Casas, de Nació Digital, que Illa no se había querido hacer el test de antígenos. Inmediatamente, este hecho fue utilizado como argumento para criticar al candidato socialista mientras, curiosamente, no se filtró ninguna información sobre si los otros candidatos se habían hecho la prueba o la habían llevado hecha de casa. Txell Ortiz, la periodista de TV3 que dio detalles del debate a los periodistas que seguían el debate on line, mintió diciendo que las pruebas eran obligatorias. Después rectificó y dijo que eran optativas. Muchos periodistas se quedaron convencidos de que Sanchis había montado una emboscada a los socialistas. Una más.

Durante toda la campaña ni Sanchis ni la presidenta en funciones de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), Núria Llorach, han movido un dedo para evitar que numerosos redactores y famosos que presentan programas en TV3 dejaran de volcar opiniones políticas en las redes sociales y en otros medios de comunicación, prohibidas por el Libro de Estilo de la CCMA. Al revés, TV3 lanzó, hace unas semanas, una campaña de publicidad donde se exhibía el liderazgo de audiencia de la emisora ​​y en la que participaban muchos de los periodistas y estrellas de la casa que más se han destacado por sus mensajes en Twitter insultando o despreciando a los socialistas, al gobierno, la administración judicial y la monarquía española y a todo lo que no gusta al independentismo más intransigente. La campaña utiliza el lema ¿Imposible? y afirma que todo el mundo decía que sería imposible que fuesen tan tiempo líderes de audiencia. Desde la oposición parlamentaria se ha invertido el sentido de este ¿Imposible? y se pregunta cómo es posible que se haya llegado a un desprestigio y un sectarismo tan notorio de la televisión pública.

Hace más de un año que se aprobó la reforma de la ley que regula la CCMA, por unanimidad del Parlament, que abría las puertas a los cambios en la dirección de TV3 y Catalunya Ràdio. No se ha avanzado nada y lo más previsible es que, si Sanchis no opta por incorporarse antes al trabajo que le han ofrecido en la productora Mediapro, continuará al frente de TV3 todavía unos cuantos meses. Así podrá mantener la estructura de intoxicación informativa en la que ha convertido su parrilla. Para quien no sea de convicciones procesistas es insoportable sintonizarla entre las 16h y las 21h de la noche. De 16h a 20h, emite un Tot es mou, presentado por una ferviente seguidora del presidente de JxCat Carles Puigdemont, fiestas particulares y actos políticos públicos incluídos, como es Helena García Melero, y hasta las 21h tocan las bromas de Està passant, programa dirigido por el propietario de la productora Minoría Absoluta, Toni Soler y en el que interviene cada día Jair Domínguez, de quien la web de la CCMA conserva vídeos gritando «puta España» e, incluso, el del día en que presentó el programa El búnker , de Catalunya Ràdio, vestido con una camiseta con una enorme estelada en el pecho.

El programa de los sábados por la noche, el prime time máximo de una televisión convencional, es una herramienta sectaria que no ha dejado de funcionar durante la campaña electoral. El sesgo ideológico del FAQS es tan descarado que sus seguidores independentistas ponen el grito en el cielo cuando uno de los invitados o tertulianos no es de su cuerda. Jair Domínguez, en su línea, calificó de «borracha» a la periodista Anna Grau, que se ha presentado como número 2 de la lista de Ciudadanos por Barcelona en las elecciones del domingo y que ha participado en algunas tertulias de ese programa. Ninguna de estas salidas de tono de Domínguez ha sido desautorizada por Sanchis. En el Tot es mou coinciden dos portavoces del procesismo como son Empar Moliner y Pilar Rahola. Rahola, además, también tiene sección fija en el FAQS todos los sábados. Durante la campaña habrá estado dos horas en directo en el plató de TV3.

Para rematar las noches de TV3, Sanchis ha mantenido un programa decadente y hecho con apatía por su director y presentador, Xavier Graset, en el que unas mesas de debate decantadas hacia el procesismo han analizado día a día la actualidad política. El análisis de los invitados ha ido acompañado sistemáticamente de comentarios de los espectadores que han ido apareciendo por la parte baja de la pantalla. Ni los insultos que contenidos en estos mensajes ni las terribles faltas de ortografía que incorporan han sido obstáculo para que continuaran martilleando permanentemente a los traidores a la causa independentista. Grasset cobra 100.000 euros al año por esta actividad.

Los redactores de TV3 han sido apartados de la presentación de los programas más destacados de la parrilla. Lidia Heredia ha salvado su presencia en Els matins. Sanchis, eso sí, le ha recortado una hora para concedérsela a la productora La Manchester, de Ricard Ustrell, otra de sus apuestas personales. El Planta baixa de Ustrell ocupa la antena entre las 11h y las 14h. TV3 está prácticamente privatizada. Ha perdido su calidad de servicio público tanto por su falta de neutralidad como por su entrega de espacios informativos a productoras privadas. Una de ellas, Mediapro, acaba de colocar ocho capítulos de una serie sobre el juicio del Tribunal Supremo por los hechos vinculados al referéndum del 1 de octubre de 2017. Tatxo Benet, directivo de Mediapro, cuando intentaba venderlos por 800.000 euros a TV3, le decía a Sanchis que sólo tenían interés si se emitían antes de las elecciones. Las elecciones son este domingo. La CCMA ha comprado la serie por 440.000 euros. Los vídeos están en un cajón. El día que alguien que no sea amigo y compañero de negocios de Vicent Sanchis abra sus cajones dará mucho que hablar.

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