El mapa de la vergüenza

Por la calle me cruzo con un vecino. Es uno de esos venezolanos bien situados económicamente que huyeron de su país al pasar a ser gobernado por Hugo Chávez. Hablamos, claro está, de la pandemia y, como que él trabaja en el sector farmacéutico, le pregunto qué vacuna me recomienda. Me responde que cualquiera menos la rusa o la china. No se fía. De nada sirve para convencerle de las virtudes de estas vacunas mi comentario sobre la buena acogida que ha tenido la vacuna rusa Sputnik V por parte de la comunidad científica internacional. «Antes que ponérmela me hago objetor», dice cuando se despide.

Vivimos inmersos en un bombardeo de noticias que ya no sabes qué creer y en quién confiar. Entre estas noticias las hay que nos informan de la existencia de medicamentos baratos que curan o combaten con eficacia la Covid-19 y de las que parece que las farmacéuticas que se están haciendo de oro con las vacunas no quieren ni oír hablar.

Y la gran incógnita que nos planteamos todos es hasta cuando durará esta crisis y cuando podremos volver a pasear tranquilos por la calle, comer en un restaurante, ir al cine o un concierto y reanudar las clases presenciales y el acceso seguro a los centros sanitarios. Estas preguntas nos las planteamos pensando en nuestro entorno inmediato. Envidiamos que Israel haya vacunado a un porcentaje muy alto de su población y a países donde se han reanudado las concentraciones multitudinarias en las gradas de los estadios de fútbol o de otras competiciones deportivas.

Hay un mapa, sin embargo, que nos enseñan poco. Es el del mundo entero. Puede encontrarlo aquí, por ejemplo. El título con que lo presenta el periódico The Economist es tan sencillo como deprimente: «Los países ricos accederán a las vacunas contra el coronavirus antes que los demás». Como era de esperar, claro. Es una muestra más, una constatación más, de que la calidad de vida en nuestro Planeta está mal repartida. La Unidad de Inteligencia de este diario  calcula que, gracias a la vacunación de las diferentes poblaciones, la mayor parte de los países ricos volverán a la normalidad deseada en enero de 2022. Algunos países de ingresos medios y altos tendrán que esperar unos meses más, hasta junio de 2022. Otros, como los países africanos y asiáticos relativamente avanzados económicamente alcanzarán esa meta a finales de 2022. El resto de la Humanidad -prácticamente toda África y algunos países pobres de Asia y América Latina- no accederán a esta normalidad hasta enero de 2024.

Evidentemente, ese destino no es inevitable. Son datos y plazos que pueden cambiar en función de cómo actúe la comunidad internacional y de cómo evolucionen la pandemia y las mutaciones del virus que la ha provocado. Se ha creado un Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX). Es una mezcla de entidades y organismos que debe promover que las vacunas se distribuyan de forma equitativa por todo el mundo. Forman parte de él la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Alianza para la Vacunación y fundaciones privadas como la Bill y Melinda Gates. ¿Conseguirán ese acceso equitativo? Y una pregunta antipática pero imprescindible: ¿Querrán de verdad que las vacunas inmunicen al mismo tiempo a países como Inglaterra, Honduras o Yemen?

¡Sería tan bonito que este mapa de la vergüenza que nos dibuja The Economist no fuera definitivo y que todos los países accedan a la nueva normalidad al mismo tiempo!

¡Sería tan bonito que algún candidato a las elecciones del próximo día 14 dijera que hará lo que pueda para conseguirlo!

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