Responsabilidad federal ante la pandemia

Las situaciones límite pueden hacer aflorar lo mejor y lo peor de las conductas humanas, individuales o colectivas. Y la irrupción de la pandemia de la Covid-19 en la vida de la humanidad ha colocado a todos los colectivos humanos, y entre ellos los gobernantes y los partidos, ante una de las tesituras más difíciles. Decidir y gobernar la incertidumbre es el reto de los políticos, y no todos han estado a la altura de sus responsabilidades.

Ante los problemas políticos complejos, como ha supuesto la pandemia, hay dos actitudes: la responsable y la infantil. La responsable, que analiza la situación, se enfrenta a ella, estudia, y decide, aunque sean inciertos los datos y las opiniones de los expertos, y lo hace, especialmente, para que el dinero público sirva para minimizar las consecuencias en la salud y la crisis económica y para distribuir de forma equitativa recursos y vacunas. La actitud infantil no hace propuestas, culpabiliza a los contrarios políticos; si gobierna en algún nivel, elude sus responsabilidades pero siempre atribuye al Gobierno central, o al de al lado, los problemas que no resuelve. Cree que insultar, gritar y utilizar las muertes contra las políticas públicas da más votos, ante la falta de propuestas constructivas. A esta oposición vociferante ha sido sometido durante ya casi un año el ministro de Sanidad, Salvador Illa, que ha dado un gran ejemplo de templanza y prudencia en política, sin utilizar nunca la demagogia, ni desviarse de los objetivos de lucha contra la pandemia. No ha entrado en la lógica de los que pretenden obtener votos con las desgracias.

Cuando la primera ola hizo necesario reforzar una política centralizada para conseguir con el estado de alarma un confinamiento total de la población, las quejas de algunas autonomías fueron de que no podían ejercer sus competencias. Pero, cuando se ha ido rodando la cogovernanza federal, con las sucesivas reuniones y toma de decisiones del Consejo Interterritorial de Salud, oxidado por la falta de uso, el ministro y algunas comunidades se han encontrado con la sorpresa de la falta de lealtad y solidaridad interterritorial y una gran confusión. Como repite a menudo Ayuso, con inconsciencia infantil, cada comunidad «hace lo que le da la gana y lo que cree oportuno», asimilando su poder adquirido, gracias al apoyo de Vox y Cs, a un reino de taifas. Y, en vez de pedir más competencias, acusan al Estado, quieren que se quede sus competencias, a fin de no ser responsables, y en cambio pretenden dar matices de rigurosidad, como modificar el toque de queda, cuando en otros campos no se habían tomado decisiones restrictivas consensuadas. Aquí han topado con la fortaleza federal de Illa y del Gobierno. No se puede permitir, aprovechando la pandemia, que bajo la apariencia de proteger la salud de la población se destruya la cogovernanza y la solidaridad.

Ante la pandemia de un virus desbocado, la aparición de las vacunas ha supuesto un bálsamo para la angustia y la incertidumbre de la población, y aquí se está ejerciendo por primera vez en Europa y en España un ejercicio práctico de responsabilidad federal. La UE ha realizado una compra de vacunas por adelantado, diversificando las unidades de producción, y compra única, con distribución equitativa y proporcional, para todos sus estados. Al final de la cadena están los Estados miembros. Illa al frente del ministerio y su equipo ha hecho una distribución logística impecable de las vacunas, en el mismo momento que llegan a todas las comunidades autónomas. Una magna operación de coordinación y eficacia de estas características no se había hecho nunca ni en Europa ni en España.

Las comunidades son las responsables de aplicar las vacunas con la máxima agilidad posible, y se han visto claras diferencias en la rapidez de vacunación. No son las más llamativas las que están demostrando ser más eficaces. Se plantea un nuevo debate sobre quién debe recibir antes la segunda dosis. Las que pueden aplicarla inmediatamente o las que la reciben y la almacenan, como hace Ayuso, porque en lugar de contratar más personal sanitario se ha dedicado a tirar el dinero con hospitales fantasma. Se confunde una vez más la igualdad y la equidad. Un nuevo ejercicio de responsabilidad federal, en manos de Sant Jordi Salvador, que se está enfrentando y venciendo a un dragón con dos caras: la del virus biológico y la de los taifas insolidarios.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario