Superviviente Biden

El asalto al Capitolio y el posterior nombramiento de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, me han coincidido con la visión de la serie Designated Survivor, donde se narra la historia de Tom Kirkman, un secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano que se convierte en presidente después de un ataque terrorista durante el Estado de la Unión que mata el presidente, el vicepresidente, y cada individuo por delante de él en la línea de sucesión. El sucesor designado o superviviente designado es una figura real en Estados Unidos en que un miembro del Gabinete es escondido en un lugar seguro cuando el presidente y los demás principales líderes del país se reúnen; se quiere así asegurar la continuidad del gobierno en caso de catástrofe. En la serie, Kirkman se convierte en presidente tras un atentado. En la realidad, ningún superviviente designado ha tenido que coger el mando.

Biden me recuerda a Kirkman. Ya sé que nada o poco tienen que ver. Biden ha ganado las elecciones y a lo largo de su vida ha amasado infinidad de experiencia que seguramente lo hacen merecedor del cargo que desde el miércoles ocupa. Kirkman, por el contrario, era un mero secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, sin excesiva experiencia política, que alcanzó la presidencia de manera accidental, sin pasar inicialmente por unas elecciones. Sin embargo, Biden me recuerda a Kirkman. Con 78 años y después del nefasto Donald Trump, Biden es lo más parecido a un superviviente. En las postrimerías de su carrera política, cuando casi había renunciado al sueño presidencial, los planetas se alinean y Biden es visto como la solución más pragmática para resolver el lío en que Trump ha puesto el país. Biden es el más republicano de los demócratas y su centralidad lo hace ideal para recoser un país desgarrado por Trump. Un trabajo que no se intuye fácil.

Los demócratas podrían haber buscado a alguien con más futuro que pasado, energía y empatía para vencer Trump y liderar la reconstrucción, pero la urgencia y magnitud de la tragedia asustaron los experimentos. Se trataba de designar un superviviente para el titánico trabajo de desbrozar el país después de uno de los episodios más desgraciados de la historia norteamericana. Después, habrá tiempo para buscar un nuevo Barack Obama, alguien que proyecte ilusión, recupere liderazgo y permita avanzar en los retos de futuro. La flamante nueva vicepresidenta de Estados Unidos, la primera en su historia, Kamala Harris, reúne los requisitos y podría ser la gran apuesta Demócrata para sacar la primera potencia mundial de la anomalía que representa que ninguna mujer la haya presidido, todavía. Mientras tanto, los republicanos harían bien de aprovechar la pausa para exorcizar sus demonios.

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