La decadencia de Barcelona para algunos

¿Qué es, para algunos, la decadencia de Barcelona, ​​o de Catalunya, que anuncian? Yo creo que no es más que una opinión interesada, sesgada o falseada, por sus intereses, económicos, ideológicos o políticos partidistas. Lo peor sería que fuera la opinión por sus valores personales y sociales. Es evidente que en estos momentos las secuelas de la pandemia, en salud personal y colectiva, económicas, la depresión y el miedo, no ayudan a hacer un análisis lúcido y de futuro con esperanza, pero hay que hacerlo, porque nunca lo tendremos tan bien para mejorar.

Los que anuncian esta situación hacen referencia a la crisis de «sus valores». Dicen que se ha perdido el turismo masivo, que se está poniendo límites a la libertad individual limitando el tráfico privado, cambiando el urbanismo tradicional (!), que se limita la especulación con la vivienda y el negocio, y otras cosas sobre el lucro de unas minorías, sin decir ni analizar el aumento de las desigualdades. Su mundo se desmonta y echan la culpa al gobierno municipal en Barcelona y otras ciudades por sus políticas hacia unos nuevos valores, una nueva normalidad que nos ha enseñado crudamente la situación social, ambiental, sanitaria y de desigualdades y pobreza.

Ahora valoramos mucho más la salud y la calidad de vida que aquel falso progreso de unos cuantos, que, además, pone en peligro la salud colectiva. Sabemos que la salud no es sólo ausencia de enfermedad, sino que es, sobre todo, tener la autonomía y la libertad suficientes para poder llevar a cabo nuestros proyectos de vida con solidaridad con todas las otras personas. Esto significa mejorar todos los determinantes negativos de la salud: la pobreza el primero (tener todos, por lo menos, los ingresos económicos básicos), un trabajo digno y saludable, tener una vivienda digna, una alimentación suficiente y sana, educación y servicios públicos de salud para todos, un medio ambiente saludable, más verde, un consumo sostenible, poder jugar, hacer deporte, pasear y hacer fiestas en nuestras calles y plazas, convivencia y democracia real (que significa poder influir realmente en las decisiones colectivas).

De hecho, Barcelona (y la gran Barcelona) está considerada en los informes internacionales (como «The World’s Best Cities 2021») entre las diez mejores ciudades para vivir, trabajar y hacer investigación. Además, la ciudad es referencia mundial en innovación y sector tecnológico emergente, por sus parques científicos, universidades y nuevas empresas. También es una referencia ya por sus nuevas políticas para mejorar la equidad, disminuir las desigualdades y trabajar por el respeto a la diferencia y la libertad, el derecho a la vivienda, el medio ambiente sano y la calidad de vida. En definitiva, una ciudad para poder vivir mejor, con más salud y calidad.

Si esto es la decadencia de la vieja ciudad de Barcelona, ​​de la ciudad que aún tenía murallas para derribar, bienvenida sea. No caigamos en el desánimo que quieren algunos para poder seguir mandando ellos por sus intereses particulares. Apuntémonos a los intereses de la mayoría, los intereses de los bienes comunes. Los primeros, la preservación del medio ambiente y la salud. Sin eso, las demás cosas sólo serán posibles para las minorías de siempre, las que defienden el capital y la ideología (los valores) neoliberales del dinero y el consumo, por este camino.

Habría que recordar lo que ya decía el jefe indio Noah Sealth, de Seattle, en la carta que envió en 1854 al gran jefe blanco de Washington en respuesta a la oferta de este de comprarle una gran extensión de tierras indias : «¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea es extraña para mi pueblo. Si hasta ahora no somos dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, como nos lo pueden ustedes comprar… Cada parte de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente… ¿Qué queda de la vida si el hombre no puede escuchar el bello grito del pájaro nocturno, o los argumentos de las ranas alrededor de un lago en la puesta de sol? Todas las cosas comparten la misma respiración, las bestias, los árboles y el hombre… Todas las cosas están relacionadas. Todo lo que hiere la tierra, herirá también a los hijos de la tierra. Es decir, adiós a todo lo que crece. Será el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia».

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