LA ‘MUERTE’ ANUNCIADA De EMILI ROUSAUD

Operación fallida de la ’establishment’ antilaportista

La histriónica y lamentable rueda de prensa ofrecida por Emili Rousaud para anunciar su retirada de las elecciones consumó la muerte anunciada de un precandidato tan artificialmente creado como incapaz de generar el menor grado de liderazgo ni de efecto llamada para los socios.

Rousaud, cobardemente, dio un portazo con un discurso del todo incoherente en el que mezcló sus acciones desesperadas por subirse a otra candidatura con la opacidad del origen de sus papeletas finales. Los temblores le entraron el sábado último cuando vio que no llegaba a obtener las firmas necesarias. Fue entonces cuando se detectaron maniobras sospechosas y rumores de compra-venta de papeletas que aumentaron con la no presentación de las papeletas por parte de Agustí Benedito y la destrucción de papeletas de Jordi Farré y Fernández Alá, vergonzosas.

En ese escenario, las firmas de Emili Rousaud ya entraron con calzador e irresponsablemente porque corría el riesgo de ser desenmascarado. Eso ocurrió pocas horas después cuando apareció una papeleta de Benedito entre las suyas, circunstancia que obligó a la Junta Electoral a un proceso de revisión más intenso de sus avales con el resultado de 500 papeletas consideradas inicialmente dudosas.

Allí se desmoronó Rousaud, quedando contra las cuerdas. Intentó saltar del barco con medias verdades y subirse al de Toni Freixa, quien ha aclarado que su propuesta desde hacía varias semanas era inalterable: estaba dispuesto a acogerlo si ganaba siempre y cuando se retirase. Freixa estaba seguro de dos cosas, una que Rousaud estaba apoyado por la parte del ‘establishment’ antilaportista que, por razones que ignora, prefería a Rousaud que a él, seguramente por su perfil independiente, y  dos, porque también estaba convencido de que su equipo podía conseguir las firmas y Rousaud no llegaría ni con ese apoyo externo.

Cuando finalmente esa negra realidad se abatió sobre Rousaud, que buscó firmas en el infierno, ya era demasiado tarde, ya era un barcelonista manchado por la sombra del fraude, la corrupción y la ilegalidad. Lo peor, consideró Freixa también, haber querido abandonar a los suyos cuando más liderazgo necesitaban.

Acorralado para evitar males mayores como caer en manos de una investigación penal, Rousaud retiró la precandidatura, dejó sin efecto y sin el recuento oficial de sus papeletas y apareció lloriqueando y justificando su salida de la puerta de atrás con discurso incomprensible.

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